"Aquel tapado de armiño Nº 8" - "Teatrorum" de José Luis Serzo en DA2 (Salamanca)

Alguna vez me he referido a la obra de José Luis Serzo (Albacete, 1977) como una demostración, funcional y práctica, de determinadas paradojas de la representación “en arte”, cualidad que manifiesta algunos rasgos diferenciadores con respecto a la “representación artística” entendida como una más de las “tentativas sobre lo trágico”, por citar el subtítulo del magnífico ensayo Teoría del drama moderno del crítico y teórico húngaro Peter Szondi (Budapest, 1929- Berlín, 1971).

Debido a que hace muy poco tuve la oportunidad de ver la muestra que sobre este artista se está exhibiendo en la actualidad en el centro DA2 de Salamanca – “Teatrorum” es su título, comisariada por Noemí Méndez y Carlos Delgado Mayordomo- ello me da pie para intentar desarrollar un poco más algunos argumentos simplemente esbozados con anterioridad. La gran cantidad de obra expuesta, y la calidad de la misma, permite una mejor argumentación y análisis.



Toda exposición de objetos artísticos es un “teatro”, una escenificación de elementos estructuradores de sentido y deseo (o seducción). Todas las muestras lo son, -de “teatrales”, insisto-, incluso aquellas que no lo pretenden, y éstas, precisamente, terminan resultando las más obscenamente histriónicas, aunque únicamente fuera por el ingenuo deseo de ocultar (cualidad, paradójicamente, muy escénica) la dimensión expresiva, narrativa o lúdica, de aquello que surge de las candilejas creativas del artista. Y esta última cualidad, o actitud, es la que recibe generosamente al espectador cuando éste se adentra en la exposición. Pero no únicamente, también cuando es recibido en el “backstage” de la misma función teatral. Por lo demás, este perderse “entre bambalinas” (bella traducción castellana del vocablo inglés “backstage”) resulta de suma importancia en este “Teatrorum”, en la medida que asistimos por igual a una escenificación artística tanto como a un dispositivo de creación; a una contemplación pasiva tanto como a un dinámico “viaje” por los circuitos mentales (quizás más correcto sería decir “pasionales”) que en definitiva son los causantes de la impecable función teatral a la que estamos asistiendo. En “Teatrorum” están unidos por una misma exigencia de visibilidad aquello que el espectador contempla en una normal función teatral (o artística), y aquello otro prohibido (si bien nunca es posible “prohibirlo” del todo) a lo que se ve desde el patio de butacas o anfiteatro. Ciertamente, la tortuosa arquitecta interior de esta antigua prisión provincial ha ayudado no poco a que estas dos realidades de expresión –proscenio y “entre bambalinas”- se presenten en esa paritaria visibilidad sin jerarquías a la que ya nos hemos referido. En base a ello es posible visionar de una maneras transversal la selección de obras (importante en número y calidad) pertenecientes a series diferentes pero emplazadas en un mismo marco de exposición teatralizada.

Cuando se desea mostrar lo visible “artístico” y lo invisible “lúdico” (o “privado” en un mayor o menor grado de compromiso digamos “relacional”), y que unidos conforman la dimensión representacional de la entera exposición, resulta interesante preguntarse cómo se mezclan en una misma escenificación, o “ensoñación”, lo inteligible -en términos falsamente racionales- y aquello que excede, amenaza y perturba, esa inteligibilidad. Con no menor curiosidad cabe interrogarse igualmente por el “locus” por dónde se introduce o se filtra en el trabajo de ordenación de los códigos creativos la función desorganizadora del deseo. Y yo diría que estos son los mimbres “conceptuales” (el entrecomillado no es en absoluto irónico pero sí afirmativo) de una muestra que de tan rotundamente “física” parece no necesitar otras apoyaturas logísticas e intelectuales. Ello sería un claro error de apreciación y de perspectiva, pues esas otras realidades ahí están muy, pero muy presentes: dispositivos de visibilidad, “máquinas deseantes”, cualidades performativas tanto como la crítica a su propia retórica enunciativa, lo inteligible artístico y la razón procesual, el exceso y su complicado control, las trampas “literarias” y sus posibles antídotos. En definitiva, cómo estructurar y presentar una escenificación teatral de lo imposible, y ello, hacerse esta pregunta, quizás haya sido el mejor acierto de los comisarios. Luego de manifestada y proyectada esta preocupación el resto, junto a la decisiva participación del artista, vino dado y resuelto por la propia lógica expositiva.

José Luis Serzo es un artista que obtiene de la pintura y el dibujo, dos herramientas que sabe utilizar con refinada maestría, otros argumentos icónicos y objetuales que le posibilitan una realidad expandida de lo que, en origen, se encuentra expuesto en tela y papel. Pero todo surge de ahí, de la irrenunciable condición “pictórica”, más que la de “pintor”, que es el santo y seña de toda su obra. La pintura, entonces, como cifra de ella misma y de un “resto” que si bien potentísimo y muy importante para el artista se debe y existe por ella. Dice Deleuze, gran amante de la “ilusión pictórica”, que el sentido (es decir, la interpretación de una acción o representación figurada o “figurativa”) no es un concepto por descubrir sino un acontecimiento por producir. La frase, y en su deslumbrante simplicidad, me parece de una belleza e inteligencia insultantes. Se encuentra en un ensayo suyo paradigmático al respecto “Lógica del sentido”. La obra pictórica y objetual de José Luis Serzo es, en esencia, un acontecimiento que la razón pictórica produce, descubre y desvela. El que esa razón sea visualmente figurativa no posee ningún valor añadido, pues no pocas de las obras de este artista bien pueden calificarse de ser deudoras y partícipes de una “abstracción reconocible”. Por eso, probablemente, tampoco abandona ni desprecia la manifestación retórica de la pintura misma, que no es nada más que un encabalgamiento de diversos procesos estéticos, muchos de ellos no pictóricos. La obra de este artista es una pulsión expresiva realizada por medio de una representación exacerbada en sus argumentos reconocibles, fantasiosa en su gestualidad narrativa y onírica, excitada en su consideración intelectual de fábula y relato.

DA2 - Domus Artium 2002
Avenida de la Aldehuela s/n.
Salamanca, España



"Aquel tapado de armiño Nº1 - Jack Lemmon y Andreas Gursky - análisis de imágenes"

"Aquel tapado de armiño Nº2 - Hans Holbein "El Jóven""

"Aquel tapado de armiño Nº 3 - "Correos" de Francesc Ruiz en García Galería, Madrid."

"Aquel tapado de armiño Nº 4 - Fortunino Matania (Nápoles, 1881-Londres, 1963)"

"Aquel tapado de armiño Nº 5 - Ramon Roig (Oropesa, 1963)"

"Aquel tapado de armiño Nº 6" Apuntes como flechas a lo largo de la feria de ARCO 2016, Madrid, España

Aquel tapado de armiño Nº 7: Paz Errázuriz - Fundación Mapfre - Madrid


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por Luis Francisco Pérez, 15 de Marzo de 2016
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