"Aquel tapado de armiño Nº1"

La alteridad o diversidad conceptual entre estas dos imágenes (la primera un conocido plano general de la película de Billy Wilder "El apartamento", y la segunda una fotografía de Andreas Gursky, "Hong Kong Stock Exchange", de 1994) no es la diferencia existente entre una economía de mercado "local", o nacional, y otra que únicamente se entiende a sí misma como "global", o planetaria, aún siendo la distancia existente entre ambos planteamientos economicistas casi "sideral", pues la gran diferencia radica, a más de la implacable presencia del móvil, en el e-mail, en el correo electrónico. Dice Derrida en "Mal de archivo: una impresión freudiana" lo siguiente: "En el pasado el psicoanálisis no habría sido lo que fue si el e-mail hubiera existido. Y en el porvenir no será ya lo que Freud y tantos psicoanalistas ha anticipado, desde que existe el e-mail. Pero, asimismo, privilegio el indicio del e-mail por una razón más evidente: porque el correo electrónico está a punto de transformar todo el espacio público y privado de la humanidad, así como el límite entre lo privado, lo secreto y lo público o fenomenal".

En "El Apartamento" Jack Lemmon aún puede trabajar mientras piensa en Shirley Maclaine, dado que puede desarrollar su vida laboral dentro de un horizonte "relacional", dominado todavía por una economía humana y doméstica. Bien al contrario, los histéricos trabajadores de esa bolsa de valores de Hong Kong ni se les pasa por la imaginación pensar en algo diferente -¿el amor? ¿qué réditos produce y cual es mi porcentaje?- a la neurótica consecución de objetivos asignados, pues esa otra posibilidad, humana posibilidad, ha sido, literalmente, asesinada por la omnipresencia de un artilugio, el correo electrónico, que cada vez que se abre exige ser amado al instante, enviar y responder. Tanto el ensayo de Derrida como la fotografía de Gursky están datados en el mismo año de 1994. Cabe pensar que ahora, un poco más de veinte después, la situación sea infinitamente más neurótica y desesperada. Con razón argumenta Derrida que el e-mail (yo añadiría también las redes sociales: una versión de el mismo "sofá" que en la consulta utiliza el paciente para relatar sus cuitas y angustias), por cargarse, se ha cargado hasta Freud.




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por Luis Francisco Pérez (Crítico de arte madrileño), 23 de Enero de 2016
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