Las amantes de King Kong

Las amantes del king kong. Victoria Gutiérrez, Florencia Orunesu en Masottatorres desde el jueves 11 de marzo de 2010 hasta el viernes 16 de abril de 2010.

“Y vuelvo al llano, al llano donde siempre es mediodía, donde un sol
idéntico cae fijamente sobre un paisaje detenido (...) este minuto que
no pasa, que sólo arde y no pasa” (Octavio Paz)

Las amantes ensayan una exploración en la que los límites, ya estrechos y diáfanos, se vuelven sitios que agolpan circunstancias casuales y terrestres.
El gesto de las dos artistas, aquella huella que marca la fuerza impredecible de la intimidad, inventa, entre colores pregnantes y líneas movedizas; un espacio de gestación saturado de afecto. Así, sus obras, presentadas a través de la impetuosa y vital agresividad característica de los gestos y espontaneidades que las transfiguran en bloques de sensaciones, hienden las conquistas, abriéndose a las posibilidades y al desborde voluptuoso de la diversidad.

Se trata de espacios que liberan las potencialidades de la vida; el color se levanta, los matices se agolpan y el trazo se potencia para perseguir la producción de un afecto. Vibraciones, choques y tensiones parecen entenderse en el énfasis que ponen estas dos artistas en la plasmación de la intensidad de lo creativo, haciéndola experiencia; confiriéndole vida, cuerpo, universo. Una creación que sólo puede estar movilizada por la necesidad, aceite que hace correr los engranajes de la máquina humana...

Sus pinturas, en tanto cuerpos que descansan en planos y desaparecen al revelarse ante nosotros como compuestos de sensaciones, son territorios delimitados por fronteras espaciales como las paredes de una casa, los marcos de una ventana, construcciones que imaginan una nueva manera de habitar o la superficie material de la tela. Y esas zonas son a las que accedemos a través de las pinturas de Victoria GUTIERREZ y Florencia ORUNESU: un territorio finito y pictórico que abre a la experiencia de la infinidad del universo.

Escapando a la distancia “politiquera” o a delirios ideológicos, la sustancia de la Intimidad, conciliadora del arte y de la vida, nos propone reinventarnos desde la vertiginosa heterogeneidad estética. Los paisajes que descubren Florencia y Victoria, entre la ilusión flúor del color, la desobediencia a lo idéntico y el baile de los contornos huidizos de los trazos; hacen del mediodía la medida temporal de la vida; un minuto que, como señala Octavio Paz, “sólo arde y no pasa”.

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