M. de KOENIGSBERG: Hacer de nuevo el mundo

Magalatina. Maggie De Koenisberg en Masottatorres desde el jueves 3 de septiembre de 2009 hasta el viernes 9 de octubre de 2009.

Los seres vegetales-animales cuya sangre es el color son protagonistas de obras que parecen salidas de la mente de un demiurgo desbordado que en la mejor de las fiestas decidió derrochar todo su poder para generar espacios de ensueños y vida en una orgía sin horario de terminación. Pintar para De Koenigsberg parece ser tan vital como respirar, ella habla de pintura todo el tiempo, vive sus cuadros como personajes que van viviendo día a día cosas distintas, nacen, sufren, crecen y algunos tambien ya han muerto. Las obras que presenta este año son un gran manojo de estados del ser, son vivientes nacidos de su mente de hacedora mágica, de su hacer alquímico que mixtura en un caldero flores de su jardín con estados de la mente, sensaciones de la piel, ánimos geopolíticos actuales y conformaciones terrestres previas a la estructuración continental de la actual América Latina. El continente americano es su paleta ideológica, sus obras surgen y están paradas en las raíces posibles de este mundo del “estar siendo” que según Rodolfo Kusch es la gran patria sudamericana. Pero lo interesante en Maggie y su poética no tiene que ver con un posicionamiento ideológico cercano a utopías frustradoras sino a un mundo metafísico que posibilita diversas visiones, múltiples miradas necesarias para la construcción moderna del conocimiento y por lo tanto del mundo que vivimos a diario. Su decir es abierto, silencioso y germinador de posibilidades del ser. Lo hace desde una naturaleza intuida, soñada, construida como metáfora de sitios de interés que Maggie sostiene como posibles para el ser humano. Sitios de evolución y contemporaneidad alternativos, la realidad es una construcción humana y el artista es uno de sus arquitectos principales. Estos sitios de humanidad son propios y originales en su identidad y no son replicaciones de ningún sitio conocido o modélico establecido por modas o geografías epicéntricas, sino que son sitios de vida propios, autoengendrados como americanos y argentinos. Hay en las obras de Maggie De Koenigsberg una lectura poética directa. La poeta está pintando y la maga está escribiendo con sus dedos y sus pinceles una misma poesía que grita gritos ancestrales, sanguíneos, seminales, un grito que no es de denuncia y lamento sino que es anuncio de la reconstrucción humana diaria.

compartir