Humanismo, Poesía y Representación

Castagnino – 100 años en la pintura. Juan Carlos Castagnino en MNBA - Museo Nacional de Bellas Artes desde el martes 29 de julio de 2008 hasta el domingo 28 de septiembre de 2008.
29 de Julio al 28 de Septiembre A cien años del nacimiento de Juan Carlos Castagnino la exposición propone un recorrido por la vasta producción del artista.

La tropilla de la zurda.
¿Cómo se hace para trabajar en el arte con los lenguajes de la vanguardia, superar el eterno conflicto entre lo universal y lo nacional, eludir las tentaciones del arte para minorías y establecer un vínculo coherente entre la obra y el público al que está destinada?
A través de su trayectoria, Juan Carlos Castagnino, no sin tropiezos y con las dificultades típicas de los que se aventuran por territorios no explorados, irá ordenando ese rompecabezas.
Hijo de un herrero en un pueblo rodeado de estancias al norte de la ciudad de Mar del Plata, desde chico mostró su aptitud para el dibujo. Observador metódico, trasladaba el resultado de sus exploraciones oculares al papel, caracterizando gauchos, troperos y patrones que, en un desfile incesante, pasaban por la herrería buscando los servicios de su padre.
Su habilidad para el dibujo no pasó desapercibida y a los 18 estaba embarcado en un tren que lo traería a Buenos Aires para estudiar arquitectura.
Cuando el adolescente Castagnino llegó a Constitución, por recomendación de un familiar, fue a parar a una pensión en la calle México al 300. Allí tuvo la fortuna de conocer al muralista y escenógrafo Alfredo Guido, quién le dio las primeras señales de la vida artística de la ciudad, le proporcionó las nociones preliminares de la técnica del fresco y le indicó los cursos de la Escuela de Bellas Artes Alfredo De la Cárcova, a los que asistió paralelamente a los de la facultad. También tomaría clases con Lino Eneas Spilimbergo, al cual consideraría su maestro.
A fines de los años ’20, Buenos Aires ya no era una fiesta, Irigoyen sería derrocado y el crack de Wall Street de 1929 con su crisis económica ya golpeaba las exportaciones de carnes argentinas. Los salvadores de la patria empezaban a hacer escuela y como diría Leopoldo Lugones, había llegado “la hora de la espada”.
Esa década, que fue muy conocida como “la infame”, marcó para siempre el rumbo del hombre de Camet; se afilió al Partido Comunista, decisión justificada por su mirada crítica al contexto sociopolítico; le imprimió un rumbo firme a su vocación de artista.
Castagnino fue un militante, y como tal palpitó y participó de cada hecho político que marcó a fuego su época. Pero su militancia no se resignó a cumplir con la disciplina partidaria sino que buscó amalgamar su trajín libertario con la reflexión acerca de los nuevos lenguajes de las artes visuales. Y esas décadas, cargadas de guerras frías y calientes, atravesadas por polémicas irreconciliables, fueron en su existencia las instancias, en que la urgencia de la hora exigía pronunciamientos, posiciones, actitudes y trabajo, mucho trabajo.
Ya desde el principio, con su participación en el “Equipo Poligráfico”, junto a Siqueiros, Spilimbergo y Berni, en el sótano de la quinta que el director de Crítica, Natalio Botana poseía en Don Torcuato, tuvo en cuenta la necesidad de incorporar
aquello que pudiera servir para acercar un lenguaje plástico renovado al gran público.
Con la misma premisa, y consciente de que las condiciones de la Argentina no eran las mejores para desarrollar el muralismo, participó en los de las Galerías Pacífico y Las Flores. Posteriormente creó un grupo con el que llevó a cabo su ideario de arte público en diversos lugares del país, a veces cobrando y otras, simplemente a cambio de los materiales.
No eludió los debates, que su tiempo fueron enconados. No sólo con los recalcitrantes, sino también con algunas de las alas renovadoras del arte. En uno de ellos, en respuesta al movimiento de arte concreto que planteaba una clara oposición al arte figurativo, resumida en la célebre frase de Tomás Maldonado: "Ni buscar, ni encontrar: inventar”.
Los cuarenta y cincuenta, fueron años de grandes transformaciones en el mundo, y en particular en la Argentina. La industrialización, debida en parte a la sustitución de importaciones a causa de la segunda guerra mundial, continuada y potenciada desde el Estado por el peronismo, produjo cambios cualitativos en el escenario político y económico del país. Los artistas que estaban atentos al entorno en el que creaban, tuvieron en cuenta esa nueva realidad, y salieron a buscar en el interior aquello que percibían como la quintaesencia del drama social latino americano.
Los colores de la tierra y del cielo del noreste argentino se incorporaron a las paletas de los pintores que los supieron ver. Spilimbergo,Berni y Castagnino, cada uno según su camino, elaboraron su programa de acuerdo a un pensamiento común: el arte puede aportar al pensamiento una forma renovada de ver, pero siempre teniendo en cuenta hacia dónde mirar.
Autor: EDUARDO IGLESIAS BRICKLES (Artista Plastico)

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Libros lentos sobre arte argentino. Editores: Santiago Villanueva y Nicolás Cuello.
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