Rompible, de Quillen Mut [muestra pasada]

Rompible, así, de quebradizo. Hay cuerpos frágiles y complejos que tienen una verdad intransferible al pensamiento. ¿Qué es lo rompible si aún no se ha roto?
Las pinturas de Quillen Mut piden una fuerza que las libere; y las sujete, a la vez. Loops, trayectos, la repetición de ciertas formas y decisiones que en algún momento lleguen a deverlar algo. Algo como un pequeño misterio, algo inusual, algo desprevenido pero posiblemente anhelado. Une no siempre está tan en contacto con lo íntimo que sabe.
El papel es otra piel, a la que Quillen aplica fuerzas desde lo blando del óleo, lo expansivo del líquido de la trementina, lo impregnable del lino, lo rasposo de las cerdas. Baba, articulación, tejido, músculo, contacto sostenido en el tiempo y un cuerpo rectangular apoyado sobre el piso, que se vuelve superficie sobre la que se configura una imagen.
Muchas veces estas hojas se cayeron de las paredes que ahora las sostienen, pusieron a prueba su materialidad. Se saben quebradizas. Pero hay un límite que se expande en cada caída. Ahora vibran al ritmo de un ventilador que también es risas, música, ruido de auto, verano, y más que nada duración. Rimar y ritmear el tiempo. Si el ventilador es duración para esas hojas rompibles, entonces quizás ya podemos dejar de verlas como partes independientes y reconocer su condición posible de órganos de un cuerpo o miembrxs de una tribu. Pero algo decididamente son en conjunto, porque por algo se amontonaron ahí, dejando todo ese otro espacio derrochado. Las pinturas bailan como Quillen –todo lo que sea de 100 bpm para arriba–. Esto no es capricho, sino afinidad y afectación.
Mientras escribo tengo sobre la mesa un mapa conceptual que Quillen compartió en una residencia intensiva de danza en La Plata. Hay palabras que se traducen a las búsquedas pictóricas, hay insistencias. Cosas como “repetir un procedimiento que fracasa en su intento de repetirse” y otras que ya se colaron en el texto. Hoy entra en juego una traducción de medios sobre esas insistencias, que abarcan el trabajo de año y medio forjado sobre papeles y pinturas. Quillen pinta rápido, con los reflejos puestos en generar espacios y formas ágiles. Piensa en términos de fuerzas y fricción.
Acá estamos en Rompible, donde la velocidad la imprime el aire que choca sobre el papel y lo aparta de la quietud a la que estaba sujeto tan solo un momento antes, capturado como imagen pictórica petrificada, piedra o carbón. Ahora papel, en otra condición. A punto de desarmarse, con la promesa de esa potencia.
Delgadas pieles nacaradas. Una fogata en llamas, un barco surcando el Paraná, una danza gastando el espacio.
Visto es que los jaguares no se mueven como lo hacen los crustáceos. Una manada de dientudos ríe.

Maruki Nowacki
---
cerró 23 de agosto de 2022

galería LaBa
Av Alvarez Thomas 1067

---

Quillen Mut hace danza: es bailarina, coreógrafa, performer,directora, poeta y artista visual.
Hace algunos años que dicta un taller regular de danza llamado derrochar en dónde
investiga, inventa, y explora sistemas, reglas y procedimientos que ayuden a desnaturalizar
los modos normalizados que tenemos de movernos. En su etimología, derrochar, viene de
la acción de dilapidar, derribar las ideas preconcebidas que tenemos del movimiento.
Dictó residencias intensivas de movimiento en torno a su investigación antes mencionada.
En 2018 Festival Escena de Puerto Vallarta, México, en 2021 en el Instituto Nacional de
Arte de la Patagonia, Fisque Menuco, Rio Negro, Argentina y en 2022 en el festival
DanzaFuera, Ciudad de La Plata, Provincia de Buenos Aires, Argentina. Trabaja como
docente de composición coreográfica V y VI en la Universidad Nacional de las Artes del
Movimiento en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires; institución de la cual ella egresó en
2016 como lic. en composición coreográfica.
Desde el 2017 que explora la escena y la coreografía en colectivos con metodologías de
trabajo fundadas en la movilidad permanente de los roles.
En 2021 realizó ALGO, su ópera prima como directora junto al colectivo KARINA WILSON.
Desde el 2018 es parte del grupo de experimentación escénica CORINA WILSON, con
quienes realizó la obra Éxtasis y Demonios; en el 2021 realizaron un intercambio artístico
con FleurDarkin, ex directora del Scottish Dance Theatre que aún se sostiene. En 2018
realizó dos residencias de creación con el colectivo MOTOS NINJA; la primera en el Museo
Universitario del Chopo, Ciudad de México y la segunda en el Centro Civic De Barceloneta,
Barcelona, España, con apertura al público en espacio Granner en el marco de aperturas de
residencia del Festival Salmon, Barcelona, España.
Trabajó como bailarina y/o coreógrafa con directorxs como Carmen Bailiero, Rodolfo Opazo,
Diana Szeinblum Cristina Banegas, Juan Coulasso, Victoria Rolán, Fabián Gandini, Luis
Biasotto, Luciana Acuña, Jimena Pérez Salerno, Gustavo Tarrío, Mariana Chaúd, Juan
Onofri Barbato.
Participo como performer con el colectivo Opera Periférica y fue parte de varias
performances con dirección internacional como Revolving Door en el MALBA, Rabid lords
en ARTE BA y Agregatteen ART BASEL buenos aires.
Desde hace un tiempo, su práctica está acompañada de la pregunta: ¿Puede un cuerpo
componer con lo que desborda?
Su trabajo consiste en entramar los afectos, las prácticas performativas, el movimiento y la
pedagogía.
por Maruki Nowacki, 23 de Agosto de 2022
compartir
Libros lentos sobre arte argentino. Editores: Santiago Villanueva y Nicolás Cuello.
Con el apoyo de