Trece piezas para romper ventanas | Eva Grinstein sobre próxima muestra de Di Girolamo en El Conti. Curador: F. Farina

Texto de la crítica Eva Grinstein para ir anticipando la muestra La opacidad de lo explícito, de
Martín di Girolamo
que se inaugurará el próximo 6 de agosto en El Conti, con curaduría de Fernando Farina

Las situaciones y personas que Martín Di Girolamo recrea en sus esculturas resultan confusamente cercanas: podemos no saber bien de quiénes se trata pero creemos haberlas visto antes. Y porque quizás alguna vez las vimos -en forma de foto, como parte de una noticia, en una imagen viralizada- suponemos que podemos entender de qué hablan. Pero, ¿cuánto del dolor de esas vidas logra realmente traspasar las pantallas para tocarnos? Somos remotos y pasivos en nuestra condición de espectadores virtuales, estamos condenados a la total fugacidad de lo que podría llegar a conmovernos.

“El orden digital -dice Byung-Chul Han en La expulsión de lo distinto- provoca una creciente descorporalización del mundo. Hoy hay cada vez menos comunicación entre cuerpos. El orden digital elimina los cuerpos que se nos contraponen. (...) El mundo se presenta como placer visual que trata de agradarnos. Tampoco la pantalla visual tiene el carácter de una mirada. Windows es una ventana sin mirada. Nos protege justamente de la mirada. (…) El ruido de la comunicación vuelve imposible estar a la escucha. La escucha tiene una dimensión política. Es una acción, una participación activa en la existencia de otros, y también en sus sufrimientos. Es lo único que enlaza e intermedia entre las personas para que ellas configuren una comunidad”.

El gesto de Di Girolamo al seleccionar estas escenas, decidiendo restituir al menos una parte de todo lo que han perdido, es reparador y amoroso. Su talento de escultor reconstruye los cuerpos en esos momentos justos, en el grito, en el forcejeo, en los efectos de diversas catástrofes sobre rostros o torsos. Ahora no es posible no mirarlos, parece decir. Aquí están, delante de nuestros ojos, amparados por el espacio del museo, ¡y qué hermoso que pueda cobijarlos precisamente este museo! Vuelven. Ofrecidos a los tiempos largos de la mirada sobre el volumen, dispuestos para el recorrido circular e incluso abiertos a nuestras posibles ganas de tocarlos. Un conjunto de historias tristes que propician nuestra empatía; una pequeña victoria.

No es casual que la obra de Martín haya seguido este derrotero, en todo coherente con su compromiso ideológico. Las obras aquí reunidas nos confrontan con lo ominoso y ya no hay manera de seguir de largo. Estamos de pie frente a lo que narraban esas imágenes destinadas a perderse en el bombardeo. No hay me gusta posible; las ventanas, al igual que esas vidas, están rotas. La invitación es dura pero por fin volvemos a ser lo único que puede redimirnos: pura mirada, pura escucha.

por Eva Grinstein, 17 de Julio de 2022
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