¿Ya te vas, Gumier?

Con este texto Roberto Jacoby despidió a Gumier Maier en el homenaje que amigos artistas rindieron, el martes 21 de diciembre de 2021 en MNBA, al gran curador-artista, militante gay y revoltoso anacoreta.





Hablar de Gumier no es un dilema, es mucho más que eso, porque las opciones no son dos ni son excluyentes. ¿De cuál de los Gumier tratamos?

¿Del Gumier comunista revolucionario, del Gumier cabecilla de las primeras organizaciones de quienes aman a personas de su mismo sexo, del Gumier enamorado, del artista visual, del agitador cultural, del entre comillas “curador”, del performer, del vegetariano, del ensayista foucaultiano de El Porteño, de Brunilda Bayer, travesti de Carnaval, del kirchnerista o más bien del Cristinista acérrimo?

Cada una de esas encarnaciones llevarían tanto más que unas palabras de homenaje.

Ya que digo homenaje, dudo mucho que este homenaje de hoy le agradara. Probablemente habría preferido arrojar unas flores al río Sarmiento. Pero, bueno, al menos no podrá atacarnos con su motosierra justiciera.

Brevemente evocaré al Gumier anacoreta, ese que se harta del mundo y huye hacia el paraíso personal de sus ensueños poéticos, donde el Delta se escurre sin descanso. Hacia allí habrán de peregrinar los fieles para beber de su charla inagotable y divertida, con un fernet o un whisky como ofrenda.

Logró establecerse en ese gran parque con vista al río luego de mil peripecias, tan tiernas como cómicas.

La concreción de su utopía de humedal, tal como suele suceder con todas las utopías, abundó en dificultades. La primera, cuando la hermosa casa de estilo indochino mostró que estaba instalada sobre una laguna y se hundía lenta e irremediablemente. Creo recordar que ponerla de pie llevó uno o dos años.

De ahí en más su imaginación no dejó de proliferar en proyectos de índole artística, que solamente podrían haber prosperado en la esfera de la ficción.

El, que había escapado del hormigueo frívolo porteño, se propuso fundar un restaurante y salón de fiestas, a 30 minutos de la Estación Fluvial de donde salen lanchas hasta las 19.30. Compró una cocina industrial, anómala en la casa de un vegetariano enfático que solo come arroz yamaní y porotos, pero resultaba imprescindible para el chef de su restaurante.

También hizo construir unos incomprensibles baños de hormigón a un costado del jardín y lo mejor, un excelente horno criollo.

Creo que los parroquianos fueron del todo inmateriales, para su suerte, porque Gumier los habría echado sin contemplaciones antes del primer plato.

La generosa casa albergaba su lugar preferido: el dormitorio, que gracias a sus escalones resultaba el lugar más alto de la casa, el único donde no llegaba el agua de las sudestadas. Lo que no evitaba que para llegar a la cocina tuviera que hundirse hasta la rodilla. Desde esa cama-trono, arropado por 15 gatos, la radio lo mantenía informado del mundo, sus pocas alegrías y sus muchos pesares.
Los arcanos de la construcción eran los cuartos a los que se accedía desde la galería del fondo. Allí había unas pinturas maravillosas (que gracias a la insistencia de sus visitas también alegraban la entrada y cambiantes paredes. Pero al mismo tiempo era un refugio para objetos rescatados y cuidados como si tuvieran alma. Es cierto que estaban cubiertos de polvo y que formaban un conjunto tan heterogéneo como el que pueden traer la correntada y diversas mudanzas. Era un hospital de cosas que alguna vez produjo la mano humana y que Gumier apreciaba porque reconocía su potencial estético.

“No los tiro porque me pueden servir para hacer obra”, decía.

Lo mismo sucedía con palitos, papeles, hojas, maderas con las que pintó una adorable galería de personajes, por ahora poco conocidos.

Otro de sus emprendimientos fabulosos fue la incursión en el miniturismo. En el fondo del jardín construyó tres lindas cabañas que cuando alquiló una familia insoportable que tomaba mate en el porche, decidió dejarlas exclusivamente para conocidos a los que nunca cobraba. No era infrecuente que durante el fin de semana en que uno usaba las cabañas, Gumier no saliera de su cuarto hasta el momento en que nos despedíamos para volver a tierra firme. Entonces gritaba: ¿Ya se van?

Lo mismo le decimos nosotros ahora: Gumier, ¿ya te vas?

Por Roberto Jacoby






Participaron del homenaje Elba Bairon, Alberto Goldenstein, Marcelo Pombo, Cristina Schiavi y Roberto Jacoby. Quienes recordaron con afecto a Gumier Maier y contaron anécdotas, momentos compartidos y hechos significativos de su carrera.

Al concluir el acto, todos los presentes dedicaron un extenso y emotivo aplauso en honor al artista. Entre otros, asistieron, además, Fabián Lebenglik, Luis Lindner, Alicia Herrero, Victoria Noorthoon, Ariadna Pastorini, Jane Brodie, Andrea Giunta, Gabriela Francone, Marcela Astorga, Martín Di Girolamo, Alberto Passolini, Cecilia Ivanchevich, Francisco Lemus y Karina El Azem



La obra de Gumier Maier “Sin título”, de 1993, perteneciente a la colección del Bellas Artes, quedará exhibida hasta febrero de 2022 en el hall central del Museo





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"Querido Gumi". Por Cristina Schiavi

Jorge Gumier Maier. Buenos Aires 1953-2021, artista plástico y curador.
En los años 80, participó activamente en el GAG (Grupo de Acción Gay). También tuvo una destacada labor como periodista cultural en publicaciones que fueron faros para la época, como “El Porteño” y “Cerdos & Peces”. Dirigió la Galería del Centro Cultural Ricardo Rojas de la Universidad de Buenos Aires desde su creación, en 1989, hasta 1996. Desde allí promovió a una nueva camada de artistas que fue parte de una renovación generacional e inició un debate político y cultural sobre las tendencias del arte argentino de los noventa. En 1997, como epílogo a su trabajo como curador del Rojas, Gumier Maier presentó una selección de obras de sus artistas predilectos en la exposición El Tao del Arte, realizada en el Centro Cultural Recoleta. Ha dictado seminarios y clínicas de obras en las Universidades Nacionales de Tucumán, Rosario, Bahía Blanca y Cuyo, entre otras instituciones.
Ha realizado exposiciones individuales en el Instituto de Cooperación Iberoamericano (1993), en la galería Belleza y Felicidad (1999) y en la Galería Braga Menéndez (2005/2007/2009). Entre las muestras colectivas en las que participó se destacan: “The rational Twist” en Apex Art, Nueva York (1996); “Bairon-Gumier Maier-Schiavi”, Centro Cultural Recoleta (2000) y “Políticas de la diferencia. Arte Iberoamericano de Fin de Siglo”, en el MALBA (2001).
por Roberto Jacoby, 27 de Diciembre de 2021
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