Paisaje antropozootécnico | Pablo De Monte

Hay en Galería Jacques Martínez una metáfora que ocurre con todas las muestras por el simple hecho de que a la sala “hay que bajar”, hay que meterse. Esto uno no lo piensa de antemano y casi que es una alusión puramente sacada del inconsciente paraespectador. Pero esta metáfora viene a sernos útil a la hora de hablar de “Incidencias”, un jardín prototecnológico con referencias artificiales en modo ficción y alegorías deseantes en modo máquina de Pablo De Monte

Uno entra y algo se mueve de manera sincronizada. Una libélula eléctrica, un escorpión que gira sobre el postpasto y pinturas quietas que aluden a un mecanismo de interrupción o de desaparición.
No conocía los objetos de Pablo De Monte, pero reflejan una inminencia en la ironía. Como si hubiese acudido al llamado eslogan de Donna Haraway “¡Cyborgs por la supervivencia de la Tierra!” y entonces acudiera a la selva mecánica y a los bichos que trabajen la ironía como polen. Es un recorte incluso mecánico de una parcela de mundo cyborg, posthumano y más bien zoogenético con dimensiones subjetivas. Un jardín autómata, un artefacto digno de la antropología del paisaje en medio de una tecnodiversidad (concepto tomado de Yuk Hui).
En pintura hay otro lenguaje. Pablo De Monte parece conjeturar que aquellas metamorfosis antropomecánicas, o figuras deshumanas con cierto hieratismo, están en un paisaje que no les
pertenece. Están inmersas en una espacialidad y una temporalidad desterritorializada. Si hay algo humano en todo aquello que representa es por la simple distancia entre lenguaje y mundo, entre la pintura-objeto como soporte semiótico pero que ejerce un sujeto del poema, que es en pintura aquello que está velado pero aún se muestra.

Una antigua forma de nombrar lo pictórico como figura-fondo, o incluso como abstracción, no funcionaría en Pablo. Si bien es cierto lo que dice la curadora Carolina Jozami, “en la pintura de Pablo hay un sistema”, hay dos fuerzas en tensión y están en constante dialéctica, es decir detenidas. Dos paisajes distintos, dos tiempos distintos. Dos espesores distintos. Me aventuro a conjeturar dos lenguajes distintos. El de “lo” paisaje y el de la figura. Un paisaje irónico, un juego geofísico de color sobre lo que la naturaleza misma hace en la naturaleza (naturaleza naturada dice Spinoza). Y una realidad geométrica, una razón instrumental al borde del nacimiento y de la espera.
Posthmanos sin compost. Cyborgs en la meditación impostergable de un devenir desfigurativo. Un desarmadero antropozootécnico en la era de la sonoridad latente del planeta. Sujeto del poema (la figura) detenido al ras de un lenguaje que remite al espesor pictórico, la geometría, la materialidad, una realidad del signo haciendo señas por la desfiguración de los cuerpos y los afectos.

Un breve marco-paréntesis teórico. Yuk Hui habla de imaginar una ecología de las máquinas. “Lo significativo para nosotros es poder reconceptualizar lo que está sucediendo actualmente en las relaciones entre máquina y organismo, ser humano y medioambiente, tecnología y naturaleza...”. En este sentido los jardines de Pablo son inminentemente poĺiticos, ya que no hay un devenir de la tecnología sin implicar todas las relaciones con la multiplicidad estéticas, sociales, culturales y medioambientales o naturatécnicas. Si Nick Land postulaba que “nada humano consigue escapar al futuro próximo”, entonces toda naturaleza será tecnificada por un hardware en flor.
Naturatécnica. Podemos imaginar esta palabra como una “incidencia” en la espesura y en la invención de Pablo De Monte y en la forma con que este neologismo comienza a ser un horizonte poético en la producción artística y ante-en un antropoceno.

Por Ramiro Sacco
@saccoramiro

Incidencias de Pablo de Monte se puede visitar hasta el 15 de enero 2022 en Galería Jacques Martínez (Roque Sánez Peña 267, San Isidro)








TEXTO CURATORIAL

Los paisajes, el color, las formas geométricas y la figura humana son elementos constantes en la obra de Pablo De Monte. Frente a cada una de sus pinturas el espectador encuentra una escena, un relato en el que la acción parece haberse suspendido. Dentro de cada composición conviven el dinamismo y la quietud, una calma que parece estar por dar paso a lo inminente, a lo inevitable. En este sentido, la incidencia, en tanto aquello que acontece y que cambia el transcurso de las cosas, define para mí la esencia de las obras de Pablo. En su acepción vinculada a la geometría, la incidencia es el encuentro de una línea, de un plano o de un cuerpo con otra línea, plano o cuerpo. En la obra reciente del artista, en la que la abstracción se va abriendo camino, estos encuentros se dan entre las formas y el color, que irrumpen, y la figura humana, que se presenta ahora desmembrada. Conos y círculos de color se proyectan sobre el espacio a modo de estallidos controlados, elementos que irrumpen en la escena pero que no la desbalancean, y que resultan en composiciones en las que reina una tensa armonía.

En otro tiempo, los cuerpos pintados por Pablo eran cuerpos macizos, sólidos, marcados y definidos. Cuerpos testigos, sobrevivientes del paso del tiempo, cuerpos que parecen existir hace muchos, muchos años, colocados en escenarios, pero sin habitarlos realmente: playas, montañas, escaleras imposibles, baños de incontables azulejos y paisajes, siempre el paisaje.

Propios o tomados de cuadros encontrados pintados por otros artistas, los paisajes y la naturaleza tienen un lugar preponderante en su obra. Cuando hay ausencia de cuerpos, la marca de lo humano se hace presente en la factura de los elementos. La naturaleza, en estas obras, presenta el trabajo de la mano humana. En la pintura de Pablo hay un sistema, y esto se trasluce en cada árbol, cada camino, cada espacio que pinta. El modelado de volumen da paso a planos de color, el color pleno da paso al degradé, las veladuras y manchas conviven con colores sólidos. Al hablar de su quehacer pictórico, Pablo me dijo: la definición está en los bordes. Esta frase me quedó resonando. Los bordes contienen, tanto en el aspecto formal como en el clima y en la narración de cada una de sus composiciones. El borde, en el formato que elija en cada ocasión, delimita e impide el estallido, que sin desencadenarse, está presente.

Curaduría Carolina Jozami









Pablo De Monte nació en Buenos Aires en 1960. Licenciado en Artes Visuales, Instituto Universitario Nacional de Artes (IUNA); Posgrado en Lenguajes Artísticos Combinados, IUNA. Es docente de pintura (IUNA) e investigador y curador del Museo Nacional de Bellas Artes. Su primer muestra individual fue en 1989. Ha realizado 25 muestras individuales en las galerías Jacques Martínez, Julia Lublin, Art House, Loreto , Galería Rubbers, Consulado Argentino, Nueva York; Galería Soraya Martínez, Nueva York; Casa 13, Córdoba; Museo Caraffa, Córdoba; MACLA, La Plata; Fundación Banco Patricios y Centro Cultural Recoleta. Participa en muestras grupales: Centro Cultural Ricardo Rojas (UBA), Centro de Arte Contemporáneo, Chateau Carreras, Córdoba; Galería Soraya Martínez, Nueva York; ArteBA - Fondo Nacional de las Artes (2001); “Discontinuos”, Centro Cultural Recoleta; “Rizoma 4”(curador), Galería Jacques Martínez. Ha recibido entre otras distinciones: Gran Premio Adquisición, Fundación. Federico Lanús, Fondo Nac. de las Artes (1992); Ternado, "Artista Joven del Año", Asociación Argentina de Críticos de Arte (1998); Premio a la Creatividad Artística en Artes Visuales, Fondo Nacional de Las Artes (1999); Premio Adquisición a la Pintura joven, Telefónica de Argentina; 3er. Premio, Salón Manuel Belgrano (Pintura), Museo Sívori (2006); 3er. Premio Pintura, Salón Nacional (2011). Las exposiciones que ha curado recientemente son: Una historia, una colección. Donación Elía/Robirosa (2018), Museo Nacional de Bellas Artes; Carlos Alonso. Pintura y memoria (2019), Museo Nacional de Bellas Artes. 2019, Exposición individual, “La naturaleza de lo natural”, Galería Jacques Martínez.


por Ramiro Sacco, 13 de Diciembre de 2021
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