Minerva Daltoe en Para Vos Norma Mía

Minerva
Norma Mía, octubre 2021

En las obras de Minerva Daltoe siempre hay algo que desentona: cables en la calle en un paisaje de playa, espacios domésticos atravesados por algo irreal con fascetados sobre la imagen. Hay algo de incompleto, como si se tratara de un ejercicio. Una fina lija que pasa sobre ellas.
Retratos, paisajes, flores y naturalezas muertas a los que siempre vuelve, como los remolinos del humo del cigarrillo. Sus retratos profundizan en las personas, sin repetir guiños. Se nota una decisión de estilo en relación a lo que va a representar: Bahía Blanca, los Independientes, Antú, Arte y deporte, el anarquismo, Yapeyú.
Nació en Brasil en 1913. Fue, además de pintora, actriz y traductora. En 1947 tomó clases con Andre Lothe y frecuentó a Sesostris Vitullo.

Texto de la exposición individual de Minerva Daltoe en El Taller, 15 de octubre 1963

No soy crítica de Arte, pero me atrae comprender al artista, ese ser también humano; y si lo admiro, mejor.
Hace mucho, mucho tiempo lo conversé años y años que sé que en el Arte somos una mancha que se mueve, crece, puede estacionarse, como la sombra propia; que es vano, transitorio, entremezclarnos y, sobre todo, confuso, y que debilita.
Minerva Daltóe es una serena artista.
Sentada en su sillita de paja del largo día del pintor, ella contempla la realidad. Ve pasar las ventanillas de su tren, cada una un cuadro que quiere detenerse, ser un momento perpetuo del tiempo que corre, locomotora oro y negro arrojando espigas de aromos, o tapas de latitas de betún con su áspid de boquita anhelante. Y este es su don principal: parar un fragmento de lo que la circunda y fijarlo en la tela. No le son necesarios otros signos, ni trastornar ni alambicar.
Minerva es un ojo egipcio, veneciano, porteño no solamente poético, ingenuo y y enternecido, es también poético, ingenuo y se enternece oportunamente, porque lo que está viendo, vale. No se puede dar lo que antes no se posee bien. “Mirad como es una esquina, mezcla de calesita y de caseta de baño que por siempre será nuestra esquina, encrucijada de adolescencia y luna”. “Mirad como era mi amiga A. B. con marco de ladrillos del oeste de Buenos Aires, mucho antes de que París se apoderase de ella y, de paso, mirad mi París, con aquel lampo rosa en lo alto, sobre los tejados, entre dos buhardillas, y por el que yo veía a Buenos Aires conforme se va, también, hacia el Oeste”.
La temática de Minerva es “naif”, pero no su visión ejecutoria. Hay algo de acto antiguo en la culminación de cada uno de sus cuadros, sin la malicia puramente instintiva de la ejecución y deformación “naif”, ni tampoco en mero trance dominical pictórico.
Sin premeditarlo, razona sus cuadros. ¿Antes o después de pintados? Secreto. Secreto de Minerva Daltóe. “Los ramos que yo pinto no están en las florerías”, dice. Es verdad, pero deberían estarlo. Algún día, por el camino oscarwildeano los encontraremos allí.
Cuánto malvón de América en su malvón. Qué viejo enredo de mosaico, remotamente persa, en sus jazmines. Cómo ve esa cosa laringea, extenuada, de los gladiolos que quiren morir y al mismo tiempo proclaman la vida en la persistencia del color y acerca del empapelado de la habitación, que bien sabe manejadora a su modo del subconsciente de la insistencia, la compañía, el papel que representan en el sueño de ojos abiertos, mientras se los mira.
Minerva adora el tango y habla como una equilibrada parsimoniosa señora véneta. Habla de pintura no separadamente, con esa aridez laboral que ya conocemos, y que es una forma del amaneramiento, aunque tiene toda la noción artesana, respira taller. Es también vitalmente literaria, suburbana por desición y porque además de pintora es mujer de pintor, lo cual la obliga a mucho y la aleja de todo snobismo.
Ser snob es que se está solo, y nuestra pintora goza de muy buena compañía.
Adiestrada en desinteresadas admiraciones, sabe esperar. Esperando, aprendió a dibujar muy bien y esto, que lo digan los grandes, es siempre importante.
En este momento en que ya es denunciada la proliferación abstracta aquí todo llega un poco más tarde, tachista, sucista (de sucio), cachivachista, andrógina, amontonativa, farsántica, en una palabra, la pintura que puede llamarse de afuera para afuera, la visita a una artista que pinta de dentro para afuera y no tiene ninguna prisa y eso que vive frente a una estación puede ser inolvidable, no solo en su conjunto, que, aparentemente inmóvil, está en perfectible crecimiento, sino por alguno de estos cuadros llamando a nuestra mente con invisible mano de llamador.

Luisa Sofovich

Curadorxs: Verónica Rossi y Santiago Villanueva

Hasta el sábado 13 de noviembre en Para Vos Norma Mía (Darwin 891 - CABA)













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