Construcciones Horizontales - Indagación performática. Una perfo de Santiago Canción

El domingo 26 de septiembre de 2021 desde las 10hs realizamos la performance Construcciones Horizontales en la cual movilizamos por la Ciudad de Buenos Aires una tela de 12x100 metros. La tela es asumida como un conducto, un devenir colectivo, el elemento que permite la marcha conjunta.
El color de tela (amarillo) representa en muchas culturas el aprendizaje y en la cultura andina (whipala) la fuerza de la unión. Está acción es la continuidad de Desplegar el Horizonte.

La acción comenzó puntualmente a las 10 hs cuando la tela descendió por las torres ubicadas en Av. Brasil y Matheu en el barrio de Parque Patricios. Una vez en la calle fue trasladada por los presentes asumiendo la forma del territorio, terminando en la Plaza Ameghino alrededor de las 13hs.
En estas acciones continúo explorando la tensión que originan la matriz progreso-comunidad. En particular, el horizonte en el que habitan los conflictos humanos, la devastación de la naturaleza y la soledad de las comunidades.

Mi trabajo transita entre lo territorial, la experimentación pedagógica, los rituales de construcción de la memoria colectiva y la reconfiguración de la empatía.

Santiago Canción
septiembre 2021





1.
Una acción.

Mañana soleada. Domingo 26 de Septiembre. Parque Patricios.
Torre de veintidós pisos en Matheu y Brasil.
Una tela amarilla, de cien metros de largo por doce de ancho, será descolgada desde el techo. Descolgada desde la terraza, por el frente. Luego, será cargada en un recorrido de diez cuadras, por el barrio, hasta llegar al Parque Ameghino.

Una tela hecha de ocho paños de cien metros de largo y un metro y medio de ancho. Cosidas, perfectamente cosidas, por chamánicas manos en un taller de cuatro por cuarto, en el barrio de Soldati.

Más de veinte compañeros y compañeras serán parte de esta procesión atea, de esta peregrinación artística. Todo eso es una acción.

2.
Dos movimientos.
Lectura vital.

Diástole y sístole. Comprime y distiende. Inhala y exhala.
En todo hay un retraimiento y una expansión.

Huele a aire y sangre.
Ahora se enrolla, ahora se despliega. ¿Hacia dónde una cosa? ¿hacia qué lado lo otro? Se llena de sangre, de gritos, de sudor amanecido y lo expulsa, lo hace correr por las calles, lo expande en la ciudad, tiñe de negritud, de hedor las calles. Respira. Llena de aire sus pulmones de tela, exhala apurada, tropezando, sin fin.

Se retrae, comprime fuerzas de lo hondo de la tierra. Se distiende y abarca, en la anchura del territorio. Lo abarca, se devora el paisaje, lo absuelve, lo coloca en el estado puro, aquel antes del pecado original.



La fagocitación se da por el hecho mismo de haber calificado como hedientas
a las cosas de América. Y eso se debe a una especie de verdad universal
que expresa que todo lo que se da en estado puro, es falso
y debe ser contaminado por su opuesto.
Es la razón por la cual la vida termina en muerte, lo blanco en lo negro
y el día en la noche. Y eso es sabiduría y más aún,
sabiduría de América. Se trata de la absorción
de las pulcras cosas de Occidente por las cosas de América,
como a modo de equilibrio o reintegración de lo humano en estas tierras.
Rodolfo Kusch

3.
Tres coordenadas.
Lectura espacial: la altura, la anchura, la profundidad.

La altura.

Baja de lo alto un sol. Una estela amarilla, vertical, provocadora, iniciática.

Como todo lo que baja de modo vertical. Aquello que baja, amenazante. Es el hedor, lo bárbaro, la barbarie desafiando la escena de la pulcritud.

“Bajan de la montaña los indígenas…”, se escuchaba en Caracas y en Cochabamba. Era la masa humana caótica, originaria, gutural, frente a la pureza de la ciudad, ordenada, inmaculada, luminosa.

Entonces lo que baja a voz en cuello es un grito que anuncia el origen. Es una mañana de Creación. Es una bengala en el mar, un pedido de auxilio, una señal de orientación (aquello que señala dónde está amaneciendo).

Es una esperanza que se iza, pero al revés: baja, como la justicia. El color amarillo atraviesa unas ventanas, se posa en el raido sillón, en la tele muda, en el potus descolorido. Todo, por un segundo, es amarillo.

Y todo está previsto como un amanecer: hasta hay mujeres velando esa llegada.

La anchura.

Se despliega enorme como la esperanza, como la esperanza de los últimos. Así se despliega, llena de aire los pulmones, desenrolla el pecho como un signo.

La esperan en el suelo horizontal, abanderadas de la mañana, mujeres que velan su llegada. Entonces, ya en sus manos, la enrollan. Hablan, se organizan, se despliegan, cada una en su puesto, todas como sabiendo qué hacer. Es una llamarada, es fuego en sus manos. El fuego inicial, el que hizo que sus noches ya no sean iguales porque prometen la esperanza de un mañana. El fuego que augura un nuevo día, que ensordece (un poco) el aullido de los lobos.

Y ellas, como siempre, ellas “cuidan la vida como un fuego”. Ahora en sus manos. Y avanzan.

La profundidad.

Esa marea, ese amasijo de tela y manos avanza, se despliega, todo se fagocita. Se traga la ciudad: el asfalto, los autos, el ruido a bocinas, los semáforos. Todo, a su paso, vuelve al estado original, el del caos primigenio, la luz.

Es un mar horizontal, con olas, con espuma, con escamas de sal. Avanza y retrocede, rítmicamente, acuna el avance de un pueblo. Claro que sí.

Es una marcha, es pabellón y bandera. Es “esto sí”, “esto siempre”. Es una serpiente amarilla que devora todo a su paso: la ciudad, la pulcritud, el olvido-del-que-sabe-el-asfalto.

Pero es más. Más profundo. Es el hilo de Ariadna, aquel que nos permite volver del laberinto de nosotros mismos, del laberinto de la historia. Aquel que aun vencido uno y mil minotauros (y los vencemos porque somos pueblo) nos enseña el camino de regreso. Ese río amarillo es el camino a casa, a nuestra casa, al patio común, a lo de todos, a lo que se encuentra -claro que sí- debajo del asfalto.


4.
Cuatro estaciones
Lectura temporal.

Verano
Despuntó el alba, vertical. Vertical como un acontecimiento. Plena de luz, llena de sol. El tiempo iniciático, el del origen

Y bajó. Descendió llevando en sí misma las luminosidades todas, la del grito del primer nacimiento, la bienvenida al mundo, la irrupción

Como un fuego abrasador, que desciende del Monte. El Primer Día de todos los días de esta humanidad. Ese fue el inicio. Todas las miradas puestas en ella. El fuego que todo lo consume.

Otoño
El tiempo horizontal. El de la Caminada. La marcha silenciosa, el tiempo de la Renovación. El trayecto conmovido de un Pueblo que se expande, de un pedazo de tela que va cubriendo, y al cubrir revela, y al cubrir desvela. Un otoño del tamaño de la anchura de su Pueblo.

Un otoño eterno. Tan ancho como el Mar

Invierno
La ocasión de la espera, la preparación para una transformación.
Por primera vez, la tela se oculta. Entra en un garaje de la esquina de Luna. Se comprime al máximo. Es el pueblo mismo sintiendo, dentro de sí mismo, la vida. El tiempo de cobijar la savia, de la potencia contenida. Es el tiempo de la digestión.

Una ilusión de sueño, una anti-vigilia. Las fuerzas en reposo, en espera.
El segundo antes del estallido, de la transformación.

Primavera
Una esperanza que es parto.
Sale de su ocultamiento renovada. Se despliega nuevamente con novedades, con olor a jazmín, con canto de pájaros, con un rugir estrenado.

Avanza, fijos sus ojos en la plaza. Estrenadas las manos, ondeando en su andar, enarbolada. Se expande entonces, hace de la plaza un lugar. Se hace parte del lugar: como un río que llega al mar.

Aplausos
Gritos
Fiesta
Encuentro










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