La frescura de ramona. Por Raúl D’Amelio (Director del Museo Castagnino+macro. Rosario)

¿Cuantos vivos de Instagram puede soportar un ser humano? Se pregunta una popular revista que usa el sarcasmo como recurso en sus editoriales. Las videollamadas se han transformado en la nueva TV, el nuevo modo de comunicar que usamos para poder trabajar e intercambiar contenidos con escuelas, docentes y otros públicos interesados, además de festejar cumpleaños virtuales. Es imposible imaginar con este estado de cosas (pandemia+confinamiento) que no exista internet. Es la única llave que nos abre la posibilidad del contacto con los demás.

Es interesante el momento, porque nacen contenidos que antes estaban en gestación y aparecen otros nuevos que nos obligan a reformular nuestras miradas, abriendo nuevos canales de diálogo. Pero paradójicamente, se cerraron otros, los más importantes, la acción social fundamental de nuestros espacios, que son las visitas a los museos y a las experiencias inigualables que se viven junto a las obras de arte.

Hago referencia a este momento sobrenatural, porque repentinamente el mundo congeló su sentido, quedamos paralizados con todos los proyectos programados y con la incertidumbre de no saber cuándo volveremos a vernos. En realidad, nos vemos, a través de la pantalla que se transformó en un laboratorio vivo donde balbuceamos futuros posibles, sin contacto y generando una extraordinaria rentabilidad para a las corporaciones que dominan la web.

Dicho esto, seguimos nuestra marcha, trabajando en la democratización de las propuestas artísticas, difundiendo el arte argentino, abriendo debates, generando reflexiones colectivas y fundamentalmente enfocados en generar contenidos para educación o lo que podríamos denominar como la mediación de conceptos y procesos de conocimiento.

Hace 20 años María Nardelli hacía una hermosa referencia en el primer número de ramona sobre el Museo Castagnino, donde comentaba la exposición 34 ARC (de la que fui parte) y refería a los magníficos grabados de Berni. El título de la nota era “Renovación del Castagnino” una perfecta alusión al momento pre-pandemia en el que estábamos. Veinte años después, seguimos el mismo camino, ahora el de la ampliación -en estos momentos está detenida- pero con toda la energía puesta en este proyecto que será una verdadera reformulación conceptual y física del museo.

Este momento histórico único que nos abstrae, que nos hace reflexionar sobre las circunstancias sociales y económicas que produce el encierro y la preocupación que no habíamos experimentado antes, en este instante inconcebible, existe ramona. Existe como hace 20 años, con las mismas posibilidades y con el mismo espíritu libre, expresando todas las ideas y pensamientos sobre el arte que somos capaces de razonar desde nuestra propia incapacidad. Ésta ramona, como la de Berni, que fue engendrada en los márgenes, está más viva que nunca, celebremos su fresca y radiante juventud.

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