El arroyo canta donde crecen los sauces

El arroyo canta donde crecen los sauces, escribió Opal Whiteley. Hay algo de fábula entre tantas piedras, en las pinturas sobre piedras de Max Gomez Canle. Una sensación de paraíso perdido, un encuentro mano a mano entre lo humano y el cielo, entre los humanos y los animales. En Vivir así: Vivir sin palabras, lo humano se sugiere, aparece, de dos formas. Por un lado, en las mismas imágenes pintadas por el artista. Por el otro, en la geometría que se esboza en algunas piedras. En las piedras que son cuevas.

Una vez más, Gomez Canle nos enfrenta a la historia del arte que tal vez no sea más que la historia de nuestra civilización. La narrativa occidental que planeo estrategias para ocupar el espacio (técnicas de representación) y para crear ese espacio. Con un giro que no es ingenuo: las sofisticadas perspectivas nos hacían creer que el espacio es algo dado. El artista tira piedras con mini cuadros en una de sus caras. O, el artista apoya en el piso cuadrados pintados, para despertarnos de ese sueño. El espacio, nos dice una vez más, es también un invento, una construcción.
¿Es posible volver a un estado de naturaleza, recuperar el olor a menta de las mañanas y terminar el día cansados con los poros cubiertos de tierra, bajo cielos estrellados?. ¿Podremos volver a separar, una vez más, como Foucault escribió, las palabras y las cosas? El filósofo terminó su libro afirmando que si ciertas disposiciones del pensamiento clásico desaparecieran “...entonces podría apostarse a que el hombre se borraría, como en los límites del mar un rostro de arena”.

Gomez Canle trabaja en esa dirección, haciendo de su taller un gremio medieval. Recuperando el trabajo con el cuerpo, omitiendo las palabras y la representación de humanos, y dejando definitivamente de lado- después de tantos coqueteos- el bastidor, el lienzo y los marcos. En el taller hay baldes, cemento, pinturas. Hay también cajas resultado de búsquedas por el bosque o alguna selva. El artista busca materiales, confecciona, pinta. Todo el circuito está dentro de su taller.

Pintar, nos muestra el artista, se puede pintar sobre cualquier soporte. La imagen construida sobre el bastidor es una imagen hija de las palabras. Volvamos al comienzo, volvamos a las cavernas, y las primeras pinturas rupestres. Volvamos a los bisontes de Altamira, a la caza de búfalos en Argelia, a las manos de Yucatán o a los cóndores de Cerro Colorado en Córdoba.
No había allí abstracción. Había pedido de agua, había ruego por caza, había compañía, había agradecimiento de cosechas. Había cuevas entre el cielo y la tierra.

Ahora, sin palabras, en una galería: piedras.

Piedras como cuevas. Piedras como comienzo. Piedras como rutas. Piedras como asfalto. Piedras como calle diseminada de adoquines. Piedras como escorzo de montaña. Piedras como viaje. Piedras como lugar: tierra solidificada, sostén y guarida. Piedras como estatuas. Piedras como casas. Piedras como tumbas. Piedras como denuncia. Piedras como manifiesto.

En una de sus caras, cada piedra, tiene una pintura. Recuerdan, decía, al universo de las fábulas. Aunque en vez de moralejas hay aquí otra cosa. Gomez Canle pintó paisajes bucólicos, antiguos, con comienzos de escalinatas helenas de perfecta perspectiva renacentista a la vista, pinto cielos despejados, pintó cielos nublados donde asoman copas de árboles como cabezas, pintó preciosos acantilados otoñales coronados por pájaros, pintó piedras y ramas, pintó campos con cardos y cielos espesos a lo van Gogh, pintó cabras de blancos como rayos sobre una gran roca con inscripciones geométricas, pintó montañas coronadas por cielos de atardecer dorado, pintó cielos alimonados, pintó líneas como grietas como citas a las pinturas rupestres, pintó palmeras altísimas en cielos fuego de Marruecos. También pintó una esfera de piedra apoyada en una roca. Tal vez una cita a Arquímedes, el comienzo del comienzo, ese encuentro de fuego entre la geometría y la naturaleza, la escultura de piedra. Pintó un monito jugando con una piedra, la piedra como un dado. Mamushka infinita. Referencia a la referencia de la referencia. Pintó una luna preciosa en una noche azul petróleo, que se duplica en su reflejo de imagen de calendario. Pintó siervos, bosques, pájaros, árboles, flores. Pinto cuevas de piedra, y en su interior, las primeras fórmulas geométricas, los primeros cuerpos sólidos, esos que posibilitaron la civilización, la arquitectura con sus enormes cuerpos sofisticados y protectores, la filosofía con su batería de conceptos, las palabras para nombrar todo eso. Y colonizarlo.

Pintó palabras. “Vivir así, sin palabras.”

Tal vez llegó la hora de deconstruir todo un gigantesco diccionario artístico y político, para borrar, para correr, para recuperar, para volver a escuchar el sonido del arroyo donde crecen los sauces.












Vivir así: Vivir sin palabras - hasta el 25 de abril de 2020 en Ruth Benzacar (Juan Ramírez de Velasco 1287 - CABA)

También: Vivir así: sin palabras Un relato visual | Max Gómez Canle

por Eugenia Viña, 24 de Marzo de 2020
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