La alquimia de la buena estampa y un espejo

Envés. Lulu Lobo en Casa de la Cultura de Vicente López desde el viernes 4 de octubre de 2019 hasta el viernes 1 de noviembre de 2019.
Envés, de Lulú Lobo, es una muestra que reúne dibujos y piezas gráficas realizadas en aguatinta, aguafuerte y xilografía, que tiene lugar en Casa de la Cultura de Vicente López (Ricardo Gutierrez 1060, Olivos, partido de Vicente López)

“Pienso en el tráfico visual en el que habitamos, en lo gráfico como un portal donde descansa lo más remoto de la producción de imágenes y sus interpretaciones. Configuro, de un modo intuitivo, secuencias de estampas, una imagen dentro de otra. Me gusta pensar que puedo tocar las ideas; dibujar me hace tocarlas y grabar, acariciarlas”.

L. L.

La poética de Lobo se nutre de la contingencia del material gráfico, y todo aquello que se escapa en su proceso, cuyas operaciones funcionan como un lugar de pensamiento, lejos de los resultados técnicos inmaculados, en el que la tangibilidad de ideas deviene de una suerte de alquimia en base al error, al defecto, a la huella del proceso, que se hacen presente con la mutabilidad de los materiales, sus propiedades y diversas posibilidades de transformación. Así, la artista se adentra en las profundidades de un sendero de preguntas que sólo pueden ser respondidas a partir de una permanente experimentación que, del mismo modo que la eclipsan, la motorizan en una búsqueda que señala la tradición gráfica en el ámbito de las artes visuales.



En efecto, Lobo indica que Envés también tiene su origen en las operaciones gráficas, pero donde éstas funcionan con una lógica propia; la del espejo. Frente o dorso, derecho o revés tienen sentido y hasta una existencia material que habilita diversas perspectivas y construcciones posibles. Sin embargo, el término proviene del lenguaje de la botánica, “el envés es la otra cara de una hoja, es un giro de una dimensión plana”, subraya.

Hay una correspondencia entre la carga semántica de las estampas y las técnicas empleadas, al menos, en esta ocasión, debido a que el aguafuerte, el aguatinta y la xilografía son técnicas medievales. Pese a ello, la artista trabaja a partir de una anacronía visual; la de la imagen, un signo que perdura en el tiempo, pero que se transfigura en una época, en un contexto y, por supuesto, en una mirada.



Así, un relato, un incunable medieval toma cuerpo (de diversas formas) en decenas de estampas que encriptan un código, un patrón que se repite, una y otra vez, pero que también funcionan como una cita en torno al primer libro impreso en Argentina (citado también en un proyecto anterior, en el marco de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, 2018), llamado De la diferencia entre lo temporal, y eterno: crisol de desengaños, con la memoria de la eternidad, postrimerias humanas, y principales misterios divinos, donde las primeras palabras impresas, las primeras palabras como imágenes gráficas, y los primeros signos de poder impresos, vinieron empapados de una acción dominante y evangelizadora, que reposan en una caja en el Museo Historiográfico de Luján, cuyas imágenes sugieren signos apocalípticos, del infierno y, entre ellos, una repetitiva representación de la serpiente.

Ciertamente, el ofidio es un símbolo fundante, usado inequívocamente por distintas civilizaciones a lo largo de la historia, y carga con la energía de un orden primigenio, el origen del Cosmos y del tiempo y sus ciclos. A su vez, es el símbolo de la eternidad, de aquello que sin interrupción se gesta a sí mismo como sustancia espiralada que atrapa al ánima de su torbellino y se hace presente, a veces lejana y otras con suma contundencia, en Envés.

Por otro lado, la imagen de un instrumento clásicamente asociado a lo masculino se deconstruye -o más bien se transforma- en una matriz de metal realizada por Lobo; un cuchillo de buen porte parte la sala, cuya hoja devela otro elemento, uno clásicamente asociado, esta vez, a lo femenino, a la sangre y la pasión.



La rosa roja es casi un emblema del mundo occidental. Culturas antiguas, creencias y religiones hicieron uso de su imagen para asociarlo a la belleza, simbolizando el deseo, la pasión sexual y creativa, como una carga exclusiva de la femineidad y las mujeres. Pero Lobo se rebela contra ello y la monta sobre un elemento de destrucción, pero que también sirve para la autodefensa y la supervivencia, resignificando ambos signos en uno nuevo que aparentemente no pertenece a nadie. Sin embargo, la imagen se enfrenta con otra que enuncia a una bailarina (de aspecto ligeramente andrógino), cuyo origen se encuentra en Trajes para un ballet, de un diseñador francés de principios del siglo XX. En efecto, la bailarina se repite íntegra, y fragmentadamente también, alrededor de la sala, cuyas partes toman un ingenioso punto de contacto, y de yuxtaposición, para dar continuidad al trazo y construir una nueva imagen.

Para Lobo, la imprecisión y el defecto generan una imagen en movimiento, en Envés todo flota. La xilografía, trabajada en madera, presente en la trama de unos paneles de papel, remiten a la variación de una forma geométrica recurrente en su obra. La copia, como recurso inagotable del grabado, deviene de un modo constante con cada estampa.



Antes del fin, un video se repite en loop infinito. En el mismo, una imagen se graba al compás de un suave y poético movimiento de una pluma, entonces, una fuerte correspondencia alrededor del origen de la imagen en la época de la reproductibilidad técnica se hace presente, tirando por la borda la singularidad del aura (en un nivel estético) y la experiencia de lo irrepetible [1].

Finalmente, y en complemento con el video, dos de las matrices que dan vida a las estampas devienen en obra al ser exhibidas en el último extremo del recorrido, redimensionando su funcionamiento dentro de cierta tradición artística; la matriz es el envés que cierra un proceso, pero que también cuestiona el trayecto histórico y los procesos técnicos alrededor del grabado, para no caer en el encierro de su propia práctica.

Envés. Lulu Lobo en Casa de la Cultura de Vicente López hasta noviembre 2019.





Lulú Lobo. Nace en Tucumán (1984) y vive en Vicente López, Buenos Aires, desde el año 2016. Es Licenciada en Artes Plásticas, con especialidad en grabado de la UNT (Universidad Nacional de Tucumán), realizó cursos y seminarios en torno al dibujo y al grabado, continúa su formación en talleres, clínicas y programas con diversos artistas y docentes en relación a prácticas de arte contemporáneo.
Desarrolló Triple XXX, proyecto grupal en CC Recoleta, con tutoría de Mariela Scafati, Mariana Obersztern y Nicolás Varchausky. En el marco del premio Proyectos Creación colectiva 2016-17. Recibió Beca creación FNA 2017 / Premio adq XLV Salón Nac de Tucumán 2017 / 3 Premio adq Salón Nac Arte Contemporáneo MUNT. 2015 / Beca grupal FNA 2012 / Mención de Honor Premio Itau Artes Visuales 2019. Hizo muestras individuales en el CC de la Memoria H Conti (CABA, 2014) y en Rusia/galería (Tucumán, 2013). Participó en diversas muestras: Trans_mutaciones, CFI. CABA, 2018 / Desobediencias, curada por Leila Tschopp, Pasaje 17.CABA, 2017 / Secuela de un Fragmento, CC Rougès, Tucumán, 2015 / Algo que se reproduce no puede seguir siendo lo mismo, Un Club, Tucumán, 2015. Recientemente presentó el proyecto Imagen y Semejanza en el Museo Nac de Arte Decorativo, la Biblioteca Nacional y en la Fuente de las Nereidas.

[1] Referencia: Walter Benjamín, La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica [Urtext] Traducción: Andrés E.Weikert. Ed. Itaca, México DF, 2003


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