Una experiencia en Apóstoles (Misiones)

A veces un lugar no es un paisaje. A veces una boca es un desierto y una hoja una urdimbre caótica. Por momentos un océano puede ser una maldición y un cielo una invitación. Si un lugar es un espacio, si un espacio es un paisaje, si un paisaje es una escena, el verdadero paisaje en Apóstoles (Misiones) fue el luminoso galpón repleto de ventanales donde los artistas Ignacio de Lucca, Viviana Blanco y Delfina Bourse se juntaron para trabajar. Espacio de producción compartida durante cinco días en los que la selva misionera con todas sus riquezas y generosidad barroca, funcionó como coartada perfecta para la inspiración acompañada de silencios, cantos de pájaros y aullidos de carayás.


Viviana Blanco


No es la primera vez. En el 2014 ya se habían encontrado en la misma selva, tierra natal de Ignacio De Lucca . En ese momento el paisaje fue leído como cataratas por Blanco, rizomas para De Lucca y gotas repletas de plumas de pavo real por Bourse.

Esta vez, en las obras germinó algo de la sorpresa, para los espectadores y para los propios artistas. En los óleos de Ignacio De Lucca, un blanco que al inundar fortalece las formas, en pleno torbellino austero en el que parecen estar decidiendo si serán hojas o serán puro verde, si serán fruta o puro bermellón concentrado. La lógica aérea de las pinturas no impiden que la mancha caiga derretida, craquelada y se nos confunda con apariciones fantasmagóricas de cortezas. En los grandes acrílicos de Delfina Bourse, conviven gozosos multitudes de colores (entre ellos valientes primarios), figuras geométricas y líneas que son electricidad ramificada, pulsional. Hojas, troncos, ramas que son materia organizada en medio de una avalancha de energía. Mientras que en las carbonillas inmensas, elegantes y perturbadoras de Viviana Blanco, un mono se transforma en nido. Miles de líneas pacientes y negras, torbellinos figurativos que giran en todas las direcciones, configurando un mapa que lleva a la pregunta por el misterio. Raíces como dedos, troncos que son sombras y un azul que trasciende la tiza, un cielo que irrumpe desafiando la perspectiva e invadiendo la certezas. Allí el mono es una figura que abre sus ojos como preguntas y los cierra como ataúdes.


Delfina Bourse


Cada uno de los artistas comparte un poquito de su gran experiencia. Viviana Blanco cuenta: “Delfina y yo viajamos en colectivo, partimos de retiro un viernes por la tarde. Estábamos rumbo a Misiones, al pueblo Apóstoles donde nos esperaban Ignacio y Cecilia Pahl. Íbamos a compartir unos días en su tierra. Ibámos a entregarnos al devenir de las cosas y trabajar. Las cosas suceden por algo. Repetía en mi interior, casi como un mantra. Teníamos la misión de trabajar juntos, de ver que surgía de la convivencia y el encuentro. Una característica de nuestro hacer es trabajar en la soledad del taller, y como toda residencia o experiencia compartida ponía la expectativa en el suceso, en el devenir de las conversaciones y en los paseos. En nuestra primera salida y contacto con el terreno nos topamos con una manada de Monos Carayá, y fue un sueño. Llegar a Misiones con su tierra colorada, donde todo se enciende en el contraste, en ese verde que es seco, intenso, al rayo del sol es flúo. Todo se transforma con la luz. Creo que el paisaje se impone en nuestras vidas. Digo en la de los tres.Como anhelo, como manera de observar lo que nos rodea, cómo diálogo con lo que se vive y que se reconstruye de forma permanente y como una manera de permanecer unidos cual cordón umbilical a la infancia.” Por su parte, la artista Delfina Bourse lo narra con estas palabras: “No fue muy difícil armar el viaje. Nos juntamos a almorzar un día en mi taller y de repente coincidimos en una fecha, podíamos los tres. Misiones para mí era ir a la selva, una expedición. Cuando nos subimos al micro Viviana me dice “Pellízcame que no lo creo”. Cinco días para estar atentas a una sola cosa y a un solo objetivo: la muestra de septiembre. La convivencia enseguida fluyo y fue hermoso lo que sucedió. Ellos enseguida empezaron a trabajar en papeles grandes. Viviana con sus narraciones y texturas desplegadas con una sola carbonilla, Ignacio combatiendo las tensiones entre el color y las formas con sus acuarelas y óleos mágicos. Pero yo estaba repleta de preguntas: ¿cómo trabajo? ¿Que parte de mi procedimiento podía reproducir ahí? ¿Tenía que hacerlo igual? ¿Cual es en realidad mi procedimiento? ¿De eso se trata en realidad mi trabajo? De alguna manera fuimos a buscar un referente pero no estaba segura cuál era. ¿El paisaje? ¿Los dibujos, las líneas, las texturas o los colores? Insistí con las acuarelas y mis pinturas. Me falta la tela grande, pensé y mis acrílicos todos juntos cerca. Me sentí dichosa y rodeada de la energía de Viviana e Ignacio trabajando cerca y la voz de Cecilia Pahl a la distancia iluminando todo. Cuando llegue a mi casa, a los dos días me desperté muy temprano. Creo haber soñado con la pintura. Desplegué la tela, acomode mis acrílicos y empecé.” Ignacio De Lucca, el anfitrión, resumió con pocas palabras: “Los viajes son siempre una alternativa deseable para encontrar nuevos aires creativos, otro climas,otros paisajes nuevas geografías. Apóstoles fue la meta y la base para encontrarnos, para pensar en esta exposición, buscar fuentes directas de inspiración, compartir el trabajo de taller que siempre es tan solitario, ser testigos de los procesos del otro”.


Ignacio de Lucca


La exposición da cuenta de las palabras citadas y de la experiencia compartida. Las obras se complementan dando testimonio de la pacífica y enriquecedora convivencia de los artistas. Como si hubiesen hecho un pacto tácito : De Lucca se ocupó del aire, Blanco de la tierra y Bourse se quedó con el fuego.


Viviana Blanco




APÓSTOLES - Viviana Blanco- Delfina Bourse y Ignacio de Lucca
Hasta el Cierre 28 de septiembre de 2019 en Palatina (Arroyo 821 - CABA)


por Eugenia Viña, 20 de Septiembre de 2019
compartir