Cámara, ciclo dedicado al desarrollo de pequeños ensayos curatoriales, pensamiento libre en su criterio de selección

Espíritu Nómade. Cristina Coll, Xil Buffone, Josefina Labourt, Maruki Nowacki en Barro Arte Contemporáneo desde el sábado 31 de agosto de 2019 hasta el sábado 12 de octubre de 2019.

La galería Barro presenta una nueva edición de Cámara, ciclo dedicado al desarrollo de pequeños ensayos curatoriales, ejercicios de pensamiento libre en su criterio de selección. En esta oportunidad nos permitimos explorar el cruce entre cuarto artistas de generaciones distintas y distantes, y que entendemos hermanadas en un ánimo común más allá de las obras. Su encuentro tiene para nosotros la belleza del hápax griego, ese fenómeno que nombra a una palabra que sólo aparece una vez en la lengua y de la que sólo existe un único registro. En la cercanía de sus ideas y en la afinidad de sus modos de pensamiento experimentamos el retorno de los sonidos en una aliteración, pares consonantes que replican y vuelven para evocar un tono sin rumbo, compartiendo latitud e idioma.



Cristina Coll


Hacia finales de la década del noventa Xil Buffone (1966) terminaba una serie de pinturas blandas. Poco conocidas, parecían acercamientos paródicos a la sensualidad de O´Keeffe y a la pictografía esculutral de Oldenburg; de la primera tomaría la sexualización orgánica de las formas naturales, del segundo el relieve anamórfico y las relaciones de consumo, aunque menos irónicas y más trascendentes. Como en Grippo o Steiner, el interés de la artista estaba puesto en la transmutación de la energía más que en flujo propio de la mercancía. Sin énfasis aparente, deja verse también lo siniestro metaforizante lindando con lo monstruoso. No sólo las cosas se asemejan por sus juegos homofónicos (papa por padre, “los ojos de la papa” como ojos literales, deseo sexual en el dicho antiguo "Verle el ojo a la papa") sino también en su igualar por similitud; en sus hongos, repollos y chauchas las formas volumétricas aparecen claramente como órganos o sexos. En semejanza y unión por el lugar que le otorga a la deformidad (que en su caso incluye la alimentación y lo orgánico), el trabajo de Josefina Labourt (1985) comparte en esencia una dicción. Como en los sueños, sus piezas trazan encadenamientos arcaicos con variantes simbólicas de distintas épocas: un útero con tripas de trapo y cuero puede ser, hipertrofiada, una osamenta; un labio de chicle da contexto a la torsión de todo un rostro, plástico expandido que sostiene las formas dominantes de la publicidad cosmética. Estas reflexiones materiales son correspondencias que dan por resultado, en su inocente inventar obsceno, a veces repulsivo y detestable, una buscada feminidad sombría en connivencia con cierta tensión de vigilia, casi onírica, admirablemente sostenida en la mayoría de sus obras.


Josefina Labourt


En eco, y sin ningún tipo de intención concreta, Cristina Coll (1956) había comenzado a finales del siglo pasado una serie de video performances caseras; colocaba una cámara fija, generalmente en su hogar, y documentaba alguna acción. Sin saberlo, a su modo fue una pionera de un tipo en particular de video local, incluso antes de que los salones y concursos aceptaran este tipo de material como producción artística de competencia. De hecho, tuvo ruedo en la sección de cortos en los festivales de cine independiente por no encajar con los cánones de obra establecidos por los espacios de exhibición de la época. En Baño, una de sus primeras piezas, se la ve frente al espejo del botiquín de su casa enjabonándose la cara con una brocha para luego afeitarse a cuchilla. En Persona, el video que presentamos, se documenta en nueve minutos el proceso de maquillaje y desmaquillaje al que la artista se entrega sin mayor propósito que el de registrar la acción. En la insistencia, como quien lucha contra la memoria de un material, el rostro se somete y deforma en confrontación con las imágenes clásicas del acto de maquillarse. Por aquellos años el de Coll es un activismo solitario, sin teoría ni consciencia concreta, un grito mudo al margen del género. En paralelo se exhiben algunos dibujos de su serie Tortines, personajes indeterminados que la artista realizara años más tarde. Compartiendo una estrella la obra de Maruki Nowacki (1981) rememora desde el título un pasaje de transformación: en Real, absurdo, irreal (de su primer muestra individual Soñé que me rapaba, me convertía en varón y desfilaba con un papel entre los dientes) no puede determinarse un carácter preciso. El orden de su mundo es indiscernible: la mano blanca momificada, dura y pesada, encalla cubierta de cal en una estructura etérea dejando un pase leve y no muy claro entre lo físico y lo químico, entre lo amorfo y lo antropomorfo, entre lo pasivo y activo, lo metafórico y concreto. Cuesta definir incluso si la voz de la artista contiene cierta alegría extraña. Si nos guiamos por sus delicados paneles y ropas tendidas pueden deducirse pieles femeninas, algo de Eva Hesse procesando al fin las evocaciones lábiles del pop, algo de Meret Oppenheim en la simpleza iconoclasta del surrealismo cotidiano.

Guadalupe Creche y Martín Legón


Maruki Nowacki



Hasta el 12 de octubre en Barro (Caboto 531 - CABA)


Xil Buffone


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