Tarde | Lucía Delfino | ¿La iluminación es capaz de generar la sensación de vacío?

Tarde. Lucía Delfino en Quadro Galeria desde el sábado 31 de agosto de 2019 hasta el sábado 5 de octubre de 2019.

Carta por Verónica Gómez

Lucía,

Te pregunté el sábado pasado si tu casa es oscura. Era un mediodía de microcentro vacío y soleado (se filtraba la luz desde el pulmón del edificio y trazaba sombras oblicuas sobre las cortinas planas de los ventanales. Pensé en tus pinturas, en que la luz siempre llega filtrada y viene de afuera, y noté la diferencia con esa luz que nos llegaba mientras conversábamos, impregnada de gorjeos de palomas mustias pero fatalmente amarilla: en tus interiores no es luz del mediodía sino de la tarde y tal vez del domingo, o del lunes, una luz de final y de comienzo, donde no es posible olvidar la seriación de los días –todo lo que falta o todo lo que fue- el dulce letargo del ciclo repetido. César Vallejo escribió que un cadáver es un resto de demasiados despertares) y mientras hablábamos pensaba también si acaso era posible trazar una historia de la luz en tu pintura, un periplo del ennegrecimiento y los rincones, de las sombras secas y porosas y de los brillos de ciertas hojas de plantas que no sé los nombres -vos sí los sabés y las nombraste- pero sé que son de interior y relativamente comunes.

En realidad no te lo pregunté, nunca te pregunté si tu casa es oscura, dejé que la pregunta se durmiera. Vos dormís mucho, me dijiste, o por lo menos eso quisieras. Y cuando te despertás (me gusta pensar que salís de una poderosa hibernación y que tus imágenes vienen cargadas de los restos diurnos que el sueño no pudo absorber), pintás muy rápido y todo junto, aunque no se note, aunque parezca que las pinturas surgen lentas, pausadas, transidas.

¿Te pusieron el nombre pensando en la luz? O en una condición pretérita de las cosas: “esta taza lucía de otra forma cuando la compré”, “ha pasado el tiempo y la silla se ve deslucida, ya no es blanca”.

Me contás que la idea es ir aclarando, que el conjunto que forman las pinturas chicas y medianas estaría yendo hacia la luz. Y reviso los ángulos de ese trayecto, los puntos de vista que te retienen como si el espacio en su versión más ascética reclamara su reinado (Bachelard decía que todo rincón de una casa, todo rincón de un cuarto, todo espacio reducido donde nos gusta acurrucarnos, agazaparnos sobre nosotros mismos, es para la imaginación una soledad).

Te quedás mirando un piso. Es de un verde apocado y con pintitas. Un piso común. De una clase media de otra época. Y es un descanso de objeto y mobiliario, un segmento desprovisto de cosas capaces de albergar o proyectar sombras.

Me fijo en un retrato; una cara amalgamada con un fondo muy oscuro. Noto que el claroscuro no es ágil. Entonces te felicito porque tu pintura nunca es canchera, nunca el gesto pictórico se destaca tanto como para hacernos olvidar de la realidad parca y tranquila de las cosas que nos rodean. Y se me ocurre que vos protegés con sombras las cosas queridas, y que esas cosas son austeras y contemplativas (sí, ellas nos contemplan!) como las botellas que Morandi pintó infinidad de veces en su taller que era algo así como un claustro negado a la vorágine exterior.

Lo tuyo no son tanto las botellas sino los veladores, las lámparas apagadas, las plantas, un cenicero manchado, los rincones, un cable, un zócalo, una bolsa de ropa sucia. Una escenografía de intimidad de cara lavada. No posar, rehusar subrayados y artilugios. La casa no pide ser espiada sino ser observada con la serenidad silenciosa de los gatos.

Me encanta que en tus ambientes las persianas están bajas. Como resistiendo al tiempo. ¿Es así?

Un beso,
Verónica



Hasta el 5 de octubre de 2019 en Quadro Caffarena 199 - CABA




Tarde consiste en un proyecto conformado por una serie de pinturas. Las pinturas dialogan entre sí, buscando reflexionar sobre la luz como un elemento indicador de tiempo y de vida. ¿La iluminación es capaz de generar la sensación de vacío?. Su carácter transitorio y efímero nos recuerda un día que recién empieza o bien podría estar a punto de finalizar.
Un gran conjunto de pinturas se muestran como fragmentos de diversos elementos. Éstas parecieran aclararse paulatinamente en una dirección, estableciendo un diálogo con la pintura ubicada en la pared contigua. Un círculo blanco que se oscurece a medida que se acerca hacia los bordes del soporte, un círculo blanco que funciona como fuente de luz. ¿Es posible creer que una imagen es capaz de iluminar a otra?. Es como si intentara hechar luz sobre los fragmentos que aparecen a oscuras.
Por otro lado, se encuentra una pintura de gran escala, que presenta un pequeño espacio lleno de vegetación, con la presencia de un reflejo como protagonista principal y central en la imagen.
El espacio de la sala se presenta de otro color, una leve variación, que junto con las imágenes intenta señalarnos algo que sucede por fuera de las éstas. Un reflejo que nos direcciona hacia afuera de la imagen, genera un espacio que es externo y pareciera ser de otra índole. Una imagen que tiene la potencia de transmitir su luz a través del espacio de la sala, haciendo emerger a los elementos a los que se enfrente desde la oscuridad hacia la superficie. Una luz que evidencia el espacio vacío e invisible que une a las imágenes y del cual también, como espectadores, somos virtualmente parte. Pareciera que suceden cosas por fuera de lo que vemos, pero es incierto de qué se trata, o de donde proviene.



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