Nada Que Lastime de Natalia Malamute en CPU

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Cuando entramos la sala estaba a oscuras. Dando los primeros pasos nos dimos cuenta que habían ciertas figuras que incomodaban nuestro camino, fue entonces, cuando encendimos las linternas del celular.

Al iluminar las figuras, que nos habían molestado segundos atrás, se generaba un efecto parecido al de ciertas criaturas bioluminiscentes, como la medusa arco iris o el calamar luciérnaga, quienes utilizan los destellos que generan químicamente tanto para atraer a sus presas como para defenderse de ellas. Para bien o para mal, entrar en contacto se vuelve vital.

Con los objetos de la sala sucedía algo parecido. Con su belleza de lo deforme se alzaban contra la norma funcionando como figuras camaleonicas. Fueran dildos, nubes, peces o robots, la necesidad de tocarlos se volvía urgente. Las capas de material que parecían ser blandas generaban ganas de hundir los dedos en ellas, mientras que las superficies lisas y duras eran de esas que a uno le tienta rozar con las manos. En cualquier caso el efecto era de placer e intriga; al tocarlas, ¿Nos picaran como las medusas?

La intriga también estaba asociada con la impresión de que los objetos podían desdoblarse en cualquier momento y entonces, ponerse en funcionamiento. Bajo sus pieles se revelaban interiores cibernéticos y laboriosos, compuestos de engranajes, cables y tornillos. De todos modos, la convivencia entre lo orgánico y lo tecnológico no era algo que nos asustara demasiado. Estas quimeras, con sabiduría híbrida se encontraban en un entre medio de las cosas, donde las etiquetas y los limites se volvían difusos. Mediante operatorias defensivas, como haciéndose las tontas, encubiertas de fachadas tiernas y coloridas, nos generaban impulsos. Quizás lo que nos alarmo en un comienzo era lo desconocido, lo que nos incomoda en la oscuridad.

Curadora Natalia Malamute




Inauguración viernes 16 de agosto de 2019 a las 18 h en Palacio Barolo (Av. De Mayo 1370 - CABA)


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