El valor político de la semilla

En una Buenos Aires cuyos espacios de experimentación se van trasladando por diferentes zonas del mapa, la Fundación Cazadores -situada en el límite entre Villa Crespo y Chacarita- se ha transformado en uno de los lugares más fascinantes. En el viejo edificio que fue alguna vez el taller de Guillermo Roux, se realizaron en los últimos meses la performance de la Columna Durruti, el laboratorio de periodismo performático, varios seminarios intensivos y la convocatoria PIPA (Programa Impulso Proyecto Audaz), dirigida por Inés Armas y Augusto Zanela, que selecciona proyectos de artistas emergentes para su desarrollo. Entre el 27 de junio y el 13 de julio se presentó en sus salas uno de los proyectos seleccionados por el jurado de PIPA: Conserva Nº2, del “Colectivo Triangular” integrado por Belén Santamarina, Regina Calcaterra y Leonardo Vallejo. El grupo presentó un proyecto sobre un posible futuro comunitario con nuevas formas de vivencia, producción y consumo de la naturaleza.
Para internarse en estas posibilidades, tomaron como eje la semilla, objeto/sujeto de investigación y símbolo de conservación. Para concretar el proyecto, la Fundación convocó a Romina Orazi quien viene trabajando en esas relaciones como en su obra presentada en Casa Tomada del Museo del Bicentenario.
La exhibición Conserva N2: Capital Semilla se inicia con un reguero de compost y un código QR hecho con tierra. La sensación que se tiene es la de entrar en una mezcla de estudio de artista, local comercial (hay una máquina expendedora de semillas) y vivero. En el centro de la sala, una figura de tierra en el piso encierra cuencos con semillas, sin duda la protagonista conceptual de la muestra. En la propia semilla se está llevando a cabo una lucha política: ¿debe ser objeto de dominio, instrumento del poder y la rentabilidad o debe ser sujeto de cuidado, culto y producción de saberes?
¿Puede ser el núcleo poderoso de nuevos modos de vida o nosotros sólo participaremos como consumidores al final del proceso, entregando su plantación en manos de otros? Además de la máquina expendedora en la cual los asistentes podían elegir diferentes tipos de semilla, Vallejo realizó una serie de acuarelas de diferentes tipos de plantas que colgaron de un cordón: semejante a los dibujos que hicieron los artistas naturalistas del siglo XIX (pienso en Rugendas que acompañaba las
expediciones científicas alemanas en América Latina), la mirada sin embargo es totalmente distinta. El saber de los dibujos de Vallejo no pretende la distancia de la observación científica sino el acercamiento afectivo alejado de cualquier intento de posesión. Como el objetivo era la invención de una comunidad, la muestra contó con otras actividades como el ciclo de performances “La relación con el mundo no humano” y un taller de reciclado con Carlos Briganti.
Aunque sea en un proceso todavía en formación, el Colectivo Triangular responde con audacia a algunos de los desafíos básicos del arte contemporáneo. Dos fueron planteados por las Bienales de San Pablo de 2006 y 2016: Cómo vivir juntos (retomando la propuesta de Roland Barthes) e Incerteza viva, que se dispuso “a rastrear el pensamiento cosmológico, las inteligencias ambiental y colectiva, y las ecologías sistémicas y naturales”. Finalmente, un último desafío de carácter posduchampiano: ya no qué es el arte sino qué puede el arte en un mundo con fecha de vencimiento. En contra del mandato moderno que ha separado al arte de la naturaleza en dos esferas diferenciadas y comunicadas sólo por la relación de dominio, el Colectivo Triangular montó un laboratorio en el que la vida comunitaria ya no puede hacer esas diferencias sino que se vale de lo compartido. Para poner en movimiento ese laboratorio eligieron la semilla, porque en ella se juega el cultivo de la vida, los saberes y la memoria.







Conserva Nº2, del “Colectivo Triangular”
Entre el 27 de junio y el 13 de julio

Participan: Belén Santamarina, Regina Calcaterra y Leonardo Vallejo.
en Fundación Cazadores

por Gonzalo Aguilar, 6 de Agosto de 2019
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