No funciona la marcha atrás

“Abordar lo que nos habita desde otro lugar”, dice Graciela Sarti en el video promocional de la muestra.

Viajar está de moda. Parecería ser el medio por el cual la juventud se encuentra a sí misma, descubre posibilidades internas y alcanza su libertad. Nadie va a negar que es toda una experiencia. Pero cuando decimos experiencia, hablamos un poco por hablar. La experiencia como tal, son las vivencias que parten del cuerpo y de los sentidos para implicar así el pensamiento, nos dicen las palabras de la curadora en el folleto de la muestra Los artistas y los viajes en Fundación Klemm. Negando que esto ocurra en la actualidad.

Viaje como desplazamiento, viaje como posibilidad. Una exposición que invita a redescubrir, reinterpretar y reflexionar sobre los viajes a partir de la reelaboración de ellos que proponen los artistas.

Luis Fernando Benedit, Ana Gallardo, Carlos Ginzburg, Matilde Marín, Alejandro Schianchi y el Colectivo Estrella del Oriente nos presentan en el espacio de muestras temporales de Fundación Klemm los viajes que ellos han atravesado y luego han llevado al plano artístico. Para así replantear esta costumbre.



Luis Fernando Benedit, Del viaje del Beagle Delfin Fitz Roy


“Quien auténticamente viaja ha de volver modificado”, dice Sarti en el texto curatorial. Sentencia a la que Carlos Ginzburg se sube. Su obra ocupa una pared entera. El espectador necesita de un pequeño mapa para interpretarla. Como cuando se viaja a un lugar nuevo y no se sabe por dónde empezar abordarlo. En una postura de artista-antropólogo, Ginzburg propone al viaje como una experiencia estrictamente de consumo. Práctica en que se consumen culturas ajenas de forma rápida y sin consciencia plena. No se las conoce, se las acumula. A partir de la serie expuesta, Ginzburg à Alexandrie / Diario 4, 1978; el visitante avanza en el viaje del propio artista. Ese en el que recorrió como turista cuatro continentes para así luego señalar la ausencia de una experiencia sincera. Ginzburg nos hace palpable el viaje como una vivencia de acumulación insignificante de souvenirs, tickets, cartas y postales. Genera una narrativa para expresar su idea de decadencia.

Intervenciones, fotografías, instalaciones y cuadros de artistas argentinos contemporáneos nos incitan a tomar consciencia.

“Los artistas han calado hondo en las múltiples facetas del viajar, desvelando sus sentidos perdidos en la cotidianeidad y el lugar común”, explica Sarti. Esta práctica varía en sentidos.

Se puede hablar del viaje con espíritu aventurero, como retoma Luis Fernando Benedit. En sus trabajos, el artista recrea los dibujos del cuaderno que cuenta la expedición Fitz Roy de Darwin en 1831 – 1836. En ellos vemos la verdadera cara de este viaje de exploración, un viaje de dominación, donde un delfín y un calamar son más importantes que un habitante fueguino. El juego de escalas genera una sensación de incomodidad y confusión. Se puede hablar, también, de un viaje al pasado con el faro de Matilde Marín y las carbonillas de Ana Gallardo. Esta artista, a su vez, introduce al espectador en su viaje interior. Fragmentos de poemas y paisajes que evolucionan en ella. Procesos que el visitante atraviesa en el viaje íntimo de Gallardo para despedir a su madre.

Se puede viajar a través de los medios digitales, como propone Alejandro Schianchi y sus obras en realidad aumentada. Jugando con la idea de los límites, tanto físicos de los territorios como los de las construcciones artísticas. En su trabajo, Sin título (plano de inmanencia) y Sin título (struttura di realtà aumentata), sí o sí se necesita un celular o una tablet para apreciar, por un lado la reproducción de la instalación en luz neón de Lucio Fontana para la IX Trienal de Milán en 1951 y en la otra, la repdroducción del primer alambrado del país en la llanura pampeana. “Propone un arte que tanto se desmaterialice como que sea capaz de perdurar en el tiempo.”

Colectivo Estrella del Oriente plantea la situación más trágica de los viajes, los llamados desastres humanitarios, o migraciones forzosas. Con Gran Crucero Ballena, la maqueta de un buque con corte longitudinal, presenciamos la audaz y desafiante crítica a las instituciones europeas, tanto del arte como de derechos humanos. Devela un mundo, nuestro mundo donde la circulación de las obras de arte está protegida y regulada y la circulación de personas no, de hecho, hasta se rechaza. El colectivo, entonces propone este buque como la solución. El lugar para la conversión de los migrantes en obra de arte. La idea es invitarlos a subir, iniciarlos en los distintos artistas, etapas e instituciones del arte para que, luego de ser bautizados por la Fuente de Duchamp, salgan convertidos en obras de arte. Una tragicomedia que concientiza sobre la realidad.

Una muestra que pone al espectador frente a cuestiones que se prefieren ignorar, para viajar sin pensar. Una muestra que transforma y no da lugar a una marcha atrás.

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