Genealogía de la forma | Gabriel Chaile. Me hablan de la oscuridad pero yo estoy encandilado

Genealogía de la forma. Gabriel Chaile en Barro Arte Contemporáneo desde el sábado 1 de junio de 2019 hasta el jueves 1 de agosto de 2019.

Estoy re vos



Nosotros no somos -decís- más que el resumen y la prolongación de nuestros antepasados
Filippo T. Marinetti 2

(...)“humano” no es el nombre de una sustancia sino de una relación, de una cierta posición en relación con las otras posiciones posibles. “Humano” es siempre la posición del sujeto, en el sentido lingüístico de la palabra, es aquel que dice “yo”.
Eduardo Viveiros de Castro 3



En el monte, o muy cerca de él, las comunidades originarias se refieren a los vientos como a las voces de sus ancestros. Afirman que, cuando aparece la sensación de estar perdidas, la forma de “encontrarse” es volver a los ancestros. Volver es buscarlos en los vientos. Los vientos emergen de distintas materias. Pueden ser percibidos como canciones. Canciones que se mueven, que se esconden, que rodean diferentes vidas (no exclusivamente humanas).
Las canciones pueden tener palabras, ahí aparecen los poemas, que también pueden tomar la forma de rezos o manifiestos. Perseguir canciones en el paisaje es buscarse como presencia que desborda la vida en un determinado cuerpo, y tomar como propias memorias que exceden a la experiencia consciente individual. Esto manifiesta la certeza de que hay seres de todos los tiempos habitando lo que comprendemos como espacio-presente. Así, desaparece la posibilidad de la soledad. Se piensa y siente en plural.



El viento sopla por donde quiere, y escuchas su sonido, pero no sabés de dónde viene ni adónde va; así es todo aquél que es nacido del Espíritu. 4

Hablar sobre espiritualidad, ollas populares, consumo de drogas o sobre el deseo; en la ribera de un río turbio en el monte chaqueño semiárido o en un barrio de la ciudad capital del país más austral del continente. Donde se encuentra humanidad se repiten inquietudes en torno a lo perceptible y a la construcción de sentidos y funciones. Construimos el sentido de ser un cuerpo. Cómo ser (o sentirse) parte de una familia, de una comunidad, de un sistema o un circuito. La genealogía de la forma que propone Gabriel Chaile ansía presentarse como la construcción de un poema, con materiales representativos de diversas historias culturales que convergen, que se subyugan, y con las múltiples paradojas que conforman la experiencia humana (moderna, contemporánea)”. Esta comunidad de piezas, esculturas presentadas como versos, condensa una crónica de mutaciones de sentido y función. Este poema/comunidad es, también, una exposición de lo que sobrevive aún irreconocible en relación a lo que fue visible.



La genealogía es el reencuentro con diferentes escenas en las que sucesos han jugado diferentes papeles; como también los puntos de ausencia, lo que no ha podido suceder.5
Para Gabriel se trata de entender el proceso por el cual las superficies de las cosas adoptan con el tiempo determinada forma, y en ese proceso continúan mutando bajo una línea genealógica.6
Varía la dureza de los golpes y la resistencia del material que recibe los golpes, las formas son consecuencias. Sustraer, adicionar, modelar, como acciones para “dar forma”.



Un cacique y maestro wichí 7 del noroeste argentino (donde convivimos en yuxtaposición diversos
pueblos, naciones, seres y paisajes), para hacer un relato de su comunidad, que reconstruye a la vez la memoria de muchas otras, dice: nuestra comunidad tiene una larga historia, una historia de lucha, de cambios y sufrimientos en la que hemos sobrevivido gracias a la Madre Naturaleza, a Dios y a los Vientos que han estado acompañándonos desde el comienzo de todos los tiempos. (...)
Donde hay una historia indígena, significa que había cultura y organización. Después que terminó la época de tantas muertes, quedaron algunos sobrevivientes, y la situación fue muy triste.8 Después de la época de muertes, los sobrevivientes sostienen la memoria que los hace seguir siendo parte de una historia comunitaria, originaria, que no se agota en la tristeza presente; el resto son pedazos encontrados por científicos que se enfrentan a silencios, y los desfiguran como información. Esos “restos” se guardan en vitrinas, desprendidos del paisaje en el que tuvieron uso y sentido alguna vez. Esos escombros nos permiten imaginar el tiempo en el que la magia y la vida, la relación y la distribución de los bienes físicos y morales eran otras. Gabriel recupera en su poema la posibilidad de transposición del misterio (y la muerte) con la ayuda de algunas formas gramaticales9
Intenta restituir, a través de una operación de la imaginación, aquello que ha sido “mutilado”.10



Gabriel repite en charlas y entrevistas que le interesan la arqueología y la antropología.
Visita museos etnográficos, arqueológicos, de ciencias naturales, para conocer las formas sobrevivientes de todo lo avasallado en el norte de lo que hoy es Argentina. Dice que siempre le gustó de la arqueología la idea de una hipótesis e interpretación de hechos concretos de una comunidad a través de las formas como un vaso o un objeto cualquiera que dispara11 posibilidades de reconstrucción de lo ausente. Pero, cuando construye sus “retratos” como hornos de barro o citas artesanales a contenedores o máquinas industriales, si bien la morfología que elige puede remitir a vestigios de una civilización perdida e imaginaria12, está haciendo visible, justamente, lo que sobrevivió. Las formas que aparecen en nuestros rostros, pronunciando pómulos, labios, que se manifiestan en la silueta de nuestras narices y la oscuridad de nuestros ojos. Las lenguas que aún se hablan en el monte, en la selva, en las montañas, donde se trata de evitar que se haga otro country, otra bodega, otro campo de soja, otro hotel que evite que sigamos sembrando para producir nuestros alimentos en la tierra fértil, que hagamos la ofrenda de agradecimiento a la “pacha”, que el carnaval desate al diablo y nos permita transformarnos (ser teriomorfos) y olvidar todos los contratos; que podamos caminar durante horas entre los árboles buscando leña para asar el pescado que sacamos del río o la miel de palo para endulzar las infusiones.
Las diferentes perspectivas son fuerzas en lucha, más que “visiones del mundo”, son miradas o expresiones parciales del mundo unificado bajo un punto de vista absoluto cualquiera: Dios, la Naturaleza. Las comunidades indígenas, como otras comunidades marginales o minorías, se encuentran hoy ante la amenaza de ser capturadas por una perspectiva ajena y así perder la propia humanidad, en provecho de la humanidad de otros13. En las ciudades es más difícil encontrar los vientos que susurran las voces ancestrales, las máquinas monopolizan el sonido con su latido funcional.
(...) Habían desaparecido de la mesa, el pan, las tortillas, el azúcar, las flores ya no estaban. Los había dejado ahí de eso estaba seguro. Nada más raro (...) si tan solo se hubieran esfumado, pero no fue así, parte de todos ellos aún estaba ahí, presente. Como una evidencia de que algo había sucedido.14 Así los objetos precolombinos, encontrados y amados con toda la hipocresía de la nostalgia15, están ahí, algo de ellos está todavía, siguen siendo parte del presente, pero su sentido cambia constantemente. ¿Cuándo mueren las cosas? ¿Al olvidarse? ¿Al dejar de ser útiles? El arte permite dotar de nuevos sentidos a los objetos una vez que caducó su vida útil, o simplemente se transforma la utilidad para crear un nuevo suceso, que irrumpe en el flujo social. Se modifica la superficie de las cosas, porque el sentido ya no es el mismo. La relación forma/contenido se pone en crisis.



Vivo en una ciudad parecida a muchas pequeñas ciudades argentinas entre cerros verdes y frutas tropicales brotando en veredas y jardines, convivimos con el eco de que aquí estaba el monte y que, más recientemente, hubo una rebelión que hizo presente un grito ancestral.
Avanzó un modelo de desarrollo, se fueron los animales montaraces, se vendieron los árboles.
Hubo trabajo con promesa de bienestar, con pozos de petróleo estatales y cultivos extensivos.
Pero después la promesa se rompió, y entre los escombros de lo posible se cortó la ruta, se transformó la desesperación en acción colectiva: cortar la circulación, frenar el funcionamiento.
Como voces zombis se escucha todavía en estas calles (que son de barro si es que llueve) que “había animales que eran una sola familia con las personas, sin iglesias ni dinero de papel”, “vivíamos con el monte”, “éramos felices”. Ahora, nos dividimos entre “blancos” e “indígenas”.
Los indígenas son aquí los que necesitan ayuda, quienes tienen la tarea de defender su cultura tradicional, y no intentar ser otra cosa que pobres. Los blancos somos los empleados, los estudiantes o los comerciantes, lo que nos define es lo que consumimos (eso defendemos: la posibilidad de consumir), lo que consumimos es la consecuencia directa de lo que producimos como parte de un sistema.

El poema que construye Gabriel emerge de una búsqueda que comienza frente al espejo, buscando voces ancestrales en las formas, y hace visible un coro de voces donde convergen, como asistentes a un ritual, distintas visiones de mundo en resistencia que anhelan producir sentidos.



(...) nunca más viviremos
los cuidará más
nuestros ojos
esperanza
nuestros pasos
nuestras calles
nuestros días
nuestro fin
en el desierto
el aliento
a su sombra
no volverá
acordate
nuestra agua
la leña
para nosotros
han muerto con nuestra vida
los jóvenes
dejaron sus canciones
por eso
por eso
pero vos
para siempre
nos vas a olvidar
para siempre
17

Andrea Fernandez (Curadora de la muestra)
Junio 2019

Genealogía de la forma desde el 1 de junio de 2019 en Barro (Caboto 531 - CABA)


Gabriel Chaile. Estudió la Licenciatura en Artes Plásticas en la Universidad Nacional de Tucumán. En el 2008, participó del Programa pensamientos emplazados en la ciudad de Salta y, al año siguiente, se mudó a la ciudad de Buenos Aires donde realizó el Programa de artistas de la Universidad Torcuato Di Tella en la ciudad de Buenos Aires. En el 2010 fue seleccionado para participar en el Laboratorio de Investigación en Prácticas Artísticas Contemporáneas (LIPAC) del Centro Cultural Rojas. Sus principales exposiciones fueron El principio de la belleza está en el fin de la misma, en el Centro Cultural Borges (2011), Todas las cosas eran comunes, en la Galería Alberto Sendros (2012) y Salir del surco a labrar la tierra, en el Fondo Nacional de las Artes (2014).



2 Manifiesto Futurista (1909) Traducción de Ramón Gómez de la Serna.
3 “Si todo es humano, entonces todo es peligroso” entrevista publicada en “La mirada del jaguar: introducción
al perspectivismo amerindio” (2013)
4 Juan 3:8. La Biblia, traducción argentina (1990)
5 A partir de cita de Foucault en charla con Mariana Ortega (2019)
6 Texto sobre el concepto “genealogía de la forma”, de Gabriel Chaile (2018)
7 Denominación que refiere a pueblos originarios del norte argentino. “Wichí” significa en la lengua
homónima: “pueblo, gente”. El Censo Nacional de Población de 2010 en Argentina reveló la existencia de
50.419 wichí autorreconocides en el país.
8 Juan de Dios López en “Las cuatro voces del viento. Historias del monte wichí”, recopilación de relatos de
Leda Kantor, inédito (2019)
9 Manifiesto Antropófago. Oswald de Andrade (1928)
10 Charla con Pablo Semán (2019)
11 Chat con el Gabriel (2019)
12 “Variaciones del sincretismo”, Laura Isola (2017)
13 “El perspectivismo retoma la antropofagia oswaldiana en nuevos términos”. Entrevista a Eduardo Viveiros
de Castro (2007)
14 “ Ya no somos más los dueños”, texto inédito de Gabriel Chaile (2013)
15 Manifiesto Antropófago (1928 )
16 Ingeniería de la necesidad (2018)
17 Resumen de textos bíblicos y otros. Gabriel Chaile, inédito (2010/11)


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