Los días soleados de Paola Vega. Interviene con su obra la totalidad del espacio creando un clima luminoso e intimista

Los días soleados. Paola Vega en CCK desde el viernes 12 de abril de 2019 hasta el domingo 30 de junio de 2019.

Paola Vega es pintora. Parece una declaración simple, pero sin embargo encierra toda una carrera dedicada a la experimentación y estudio de la práctica de pintar, a la vez que evidencia su interés por reivindicar el lugar de la pintura y las mujeres en la historia del arte y el arte contemporáneo.
Paola Vega es también historiadora. Sus investigaciones desbordan los límites de la historia, poniendo el ojo en artistas que no son incluidos en los grandes relatos de la historiografía. En ese sentido es una transgresora, su obra traspasa también los márgenes de la pintura, ocupa el techo y las paredes más allá del marco.

La instalación Los días soleados fue pensada especialmente para las salas del CCK; y no cualquier sala: una de las salas del subsuelo a la que Paola tiñe con su pintura, otorgándole una luminosidad cálida y el verde vibrante de la vegetación que lleva puertas adentro. Su pintura requiere del tiempo, de la contemplación meditativa para dar lugar a la inmersión que nos propone. Entre los artistas en los que se inspira -y a los cuales investiga- se encuentra Claude Monet: ¿acaso se puede pasar por alto la idea de sentirse dentro de uno de sus paisajes con nenúfares, rodeados de plantas y resplandores de color?



No siempre los títulos de las exhibiciones son tan figurativos y acertados. El resplandor envolvente de la pintura y el clima intimista que la joven artista propone al visitante son tan intensos que hasta es posible imaginar -y por qué no sentir- la calidez del sol en la sala.

Gabriela Urtiaga
Curadora general de Artes Visuales





Abierta al público del 12 de abril al 30 de junio, de miércoles a domingos y feriados, de 13 a 20 hs. en CCK (Sarmiento 151 - CABA)





Jardines de terrazas, de patios de vecinas de barrio, de mis abuelos. El jardín de mis abuelos con rosas y santa ritas, con vegetación frondosa que bordeaba el hogar y que recibía a los visitantes. Por un caminito llegabas al porsche, a la pequeña galería, y a los costados del caminito plantas y flores. El jardín que Puig imaginó para Cae la noche tropical, el jardín que imaginé leyendo su novela, y el que ví en el teatro imaginado por otro. El jardín para mariposas que aprendí a hacer pero que nunca hice, el jardín para mariposas que ví en el Botánico de Buenos Aires. El Jardín Botánico, maravilla en el medio de la mole de cemento porteña, refugio de muchos gatitos, refugio nuestro, belleza. Soñar con un jardín ideal. Soñar con ser jardinera y vivir entre plantas y flores. Soñar con diseñar jardines y cuidarlos como Vita, y poner como ella en una placa mis dos profesiones: pintora y jardinera. Saberme todos los nombres de las plantas, flores y árboles como Silvina, o al menos como ella tener un cuaderno mágico con anotaciones y sumar información casi enciclopédica del tema. Caminar por los jardines, señalando con mi dedo y diciendo el nombre de las especies. Creerme que sé mucho y no saber tanto. Jugar a saber. Cuidar mi jardín, mi pequeño, muy pequeño jardín balconero con un amor desbordante. Saberme el nombre de mis plantitas, y hablarles. A veces mucho, a veces poco, hablarles. Ponerme muy feliz cuando florecen, y orgullosa cuando noto su crecimiento. El jardín de Monet, el gran jardín de Monet en Giverny, inspiracional en tantos aspectos, él mismo diciendo que fue su mejor obra de arte. Que el terreno sea una gran paleta, armar franjas colores y luego que sea un lienzo para combinarlos. Pintar el estanque de las ninfeas una y otra vez, mil veces, y siempre distinto, como Churchill que pintaba siempre su estanque. Pintar con verdes, pintar con flores. Obsesionarme. Los jardines a los que viajo por youtube, como The Huntington, el paraíso en la tierra… biblioteca, pinacoteca y jardines. El hermoso jardín de María con sus secretos llenos de helechos. Los jardines balconeros de mi mamá, siempre enormes, coloridos, tupidos. El jardín de Cézanne romántico y sencillo en Aux Providence, que bordeaba su estudio. Tratar de captar el instante, tratar de captar la luz. Una tarde helada y con lloviznas en París, con el Señor Coscoros vislumbramos desde un bus un jardín, era aquel por el cual se perdía Pierre Ménard, y nos bajamos para recorrerlo. El Jardín des Plantes, tan hermoso, imponente, aún siento el frío en mi rostro al atravesarlo. Qué emoción. Había un laberinto también, pero no me animé. Los jardines de Roma, el jardín de una argentina en Roma con un palo borracho, los jardines en Florencia, los jardines en Nápoles, en los lagos. Los jardines que demostraban poder, los jardines como obras de arte en el Renacimiento. Jardines verdes, jardines con muchos colores. Los jardines.

Paola Vega
Buenos Aires, Marzo de 2019.




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