Testimonio de Camila Lamarca en Hilo

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El teatro, al decir de Martínez Estrada, “monta su utileria con lo que imaginamos que hubiera debido ser y que no pudo”. Siempre amargo, el autor de Radiografía de la pampa, no tiembla en la ciclópeo tarea de señalar el umbral donde las cosas se estropean y el sueño se hace pesadilla. Porque junto con una narrativa y unos cuerpos que entran y salen de la escena, junto con las certezas que plantea toda historia, por exigua que sea, lo teatral precisa de una arquitectura precaria, de una tensión entre un adentro y un afuera por el que se asoma una amenaza de descomposición. Perspectiva mental, la atención se concentra en lo invisible. En un fondo de sombras que enmarca el relato, proponiendo a la vez una fuga del mismo. La ilusión detrás de un hilo del que tiramos a duras penas, tratando de encontrarnos en una realidad terapéutica, en la seguridad de una figuración. Una voluntad en la mirada, que es deseo de ver lo que se desconoce.

Testimonio, el nuevo proyecto de Camila Lamarca para HILO, continua con la investigación sobre el color y las posibilidades de la pintura como superficie de inscripción y convención técnica que la artista viene desarrollando. Aunque en esta ocasión, la experiencia vibratil y nunca bidimensional que protagoniza sus trabajos anteriores se complejiza. Se barroquiza sin necesidad de curvas. Un cuadro-dispositivo con aires de trampantojo, entre la pantalla y el telón. La pintura como rastro, visible y a la vez camuflada: escultura y escenario. La escena del crimen, donde estamos invitados a una contemplación que es ensoñación activa, ganas de tocar y recorrer. El ejercicio detectivesco de trazar conjeturas y caminos de entrada y salida. Buscar huellas e indicios. Seguir con la vista las estelas que se dibujan en el aire, imaginando episodios velados y testimonios de una ruptura que deja marcas sobre la piel.

Formas de ver no estáticas. Cuando la performatividad no precisa ni de actores ni de acción. Esto es, cuando es la materia pictórica la que actúa, ordenada en un juego de posiciones, escalas y tamaños. El espectador quisiera entrar en el escenario, avanzar más al interior. Hacerse una idea del tipo de apariciones, desapariciones, estratificaciones y superposiciones que tramaron la obra. Estamos en la tradición de una tipo de pintura que se confunde con el espacio. Una pintura que hace espacio. A la manera de la primera pintura minimalista y de los ejercicios en campo expandido. Pero desde un hacer menos grandilocuente. O que consigue ser grandilocuente sin recurrir a la pesada carga del maestro, los gestos, las pasiones oscuras y los caprichosos del pintor. Camila Lamarca pinta, rasga y proyecta desde la fascinación, desde una entrega que parte de la escucha y de la atención en el proceso. Pintar con acrílico es tomar decisiones rápidas. Entender, sobre la marcha, cómo los materiales son capaces de hablar. Descubrir paso a paso cómo las obras encuentran su extensión y su forma, su dis-posición. Detenerse en la respiración de la pintura, en las diferencias de lo que a primera vista parece igual. Un hacer, por lo tanto, manual e intuitivo. Y sin embargo concienzudo y meditado, muy elaborado, capaz de encadenar soluciones con preguntas formulada desde la curiosidad y la fascinación.

Según la artista esta muestra ha supuesto una forma de amigarse con la pintura. Volver a una intimidad que se evidencia en la sensualidad de los tonos, en la distribución de los fluidos por capas sucesivas y en el mimo con que están tratados los soportes. Más cerca, por lo tanto, a la emoción de un Henri Matisse que a la frialdad de lo monocromo. Una voluptuosidad, empezando siempre por el color. Vueltas sobre lo mismo para encontrar un nuevo cuerpo a la obra. Desarmar para armar otra cosa. Violencia ejercida con amor. Con cuidado. La presión exacta. La potencia de lo frágil o la cautela que hace que la ruina no se caiga del todo, que pueda mantenerse en pie.

por Alfredo Aracil



Inauguración jueves 30 de mayo de 2019 a las 19 hs en HILO Galería Av. Raul Scalabrini Ortiz 1396 - CABA

Cierre de la muestra: 17 de julio

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