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En 1914 Mary Richardson, una sufragista militante británica de origen canadiense, entró en la National Gallery de Londres y atacó con una cuchilla de carne a la pintura “La Venus del espejo” de Diego Velázquez realizada en 1660. Dejando siete tajos en el lienzo, sobre la zona de la espalda y los hombros de la mujer.

La imagen más antigua de esta selección de tintas chinas, es de 1400 y describe a una mujer que se refleja en un espejo y que esta pintando un autorretrato en un taller. Me pregunto quién es esta pintora? No me parece casual que la obra sea anónima. Además la mujer se encuentra embarazada, y me pregunto si es una obra tautológica donde la autora es mujer y se representó 8 veces en una misma pintura.

El autorretrato de Sofonisba Anguissola de 1556 es considerado uno de los primeros autorretratos de una mujer pintora. Esta artista renacentista italiana fue admirada incluso por el propio Miguel Ángel y algunos afirman que hasta pintaron juntos. Sin embargo la ausencia de la firma de la autora en sus obras ha dificultado la identificación de sus cuadros. Tras su muerte, la mayoría de sus pinturas fueron atribuidas a otros pintores de la época. Algunos la consideran la “pintora olvidada”.

Antiguamente las mujeres no podían frecuentar un taller, fórmula habitual para convertirse en pintor. Era impensable para las jóvenes pintoras compartir cotidianidad con otros muchachos por esta razón encontraban grandes trabas en su formación. Se pensaba que al salir de su ciclo de estudiantes, “serían demasiado viejas para casarse”. Por si fuera poco, el acceso a las clases de desnudo, es decir la manera de aprender a dibujar la figura humana y el pasaporte para la “alta pintura” de escenas de batallas o religiosas, estuvo vetado a las artistas durante siglos. Dedicaban los esfuerzos a los bodegones, incluso a finales del siglo XIX, era un modo de llevar adelante la carrera para muchas mujeres.

Clara Peeters de origen flamenco es una maestra del bodegón. Su obra creó escuela en el 1600 pero hasta su muestra del año pasado en el Museo del Prado, se ignoraba casi todo de ella. Además, sus cuadros encerraban un gran secreto: ella misma aparecía retratada en ellos. Se pinta reflejada en los metales brillantes de sus naturalezas muertas, incluye autorretratos reflejados en las superficies de jarras y copas. Algunos la consideran la pintora que inventó el “selfie”.

En 1629 Judith Leyster una pintora holandesa, firmaba su primera obra y cuatro años después, ingresaba en el gremio de pintores de San Lucas de Haarlem. La reputación de Judith le llevó a tener su propio taller, algo excepcional en una mujer, en el que no sólo pintó sus obras sino que también se dedicó a la enseñanza de la pintura. Pero en 1636 se casó, y su carrera artística se detuvo en seco. A pesar de que su marido también era pintor y era considerado de menor talento que ella, él tuvo una extensa producción artística mientras que ella tuvo que dedicarse al cuidado de sus cinco hijos. Del pincel a la reclusión del hogar no resulta tan buen plan.

Artemisia Gentileschi aprendió a pintar en el taller del padre, y fue influenciada por Caravaggio. Dicen que ambos artistas llegaron incluso a conocerse en persona y compartieron su dramatismo y sus fuertes contrastes cromáticos. Para entonces Artemisia ya había comenzado a plasmar en sus lienzos a mujeres fuertes y sufridas, heroínas, víctimas, suicidas, guerreras, a personajes femeninos procedentes tanto de la Biblia como de la mitología. Y adoptando una perspectiva nueva: la de una mujer protagonista. Esta pintora barroca no evita la violencia para la narración de sus temas. Fue violada por quien fue su “maestro” y muchos la consideran la pintora que se vengó haciendo arte feminista en el siglo XVII. Para realizar su autorretrato Artemisia elige representarse desde un punto de vista medianamente cenital.

La vida de Rosalba Carriera, estuvo plenamente consagrada a su arte. Siempre fue soltera y por eso le adjudican tal vez injustamente, una mirada triste en sus autorretratos. Nacida en Venecia, fue una prominente y muy admirada artista del rococó italiano. Sus últimos años fueron trágicos, pues enfermó de la vista, probablemente dañada por su pintura de retratos de aristócratas en miniatura. Trabajo que dedicó en toda su juventud y que incluso la sacrificó hasta el punto de quedar irreversiblemente ciega.

En 1783 fueron aceptadas por primera vez mujeres como miembros de la Real Academia Francesa de Pintura, pero con cierta consternación por parte de algunos miembros masculinos. Se dice que la admisión de dos mujeres en un mismo día causó comparaciones entre ellas en vez de comparaciones entre miembros femeninos y masculinos. Una de ellas, Marie Louise Élisabeth Vigée-Le Brun nació en el seno de una familia humilde y a la edad de 23 años fue invitada a Versalles para pintar a la reina María Antonieta.

Marie Ellenrieder pintora alemana, se dedica a pintar imágenes religiosas en Roma. En su autorretrato de 1819 se representa de perfil y con su mano agarrando el pincel. Sus pinturas tienen una técnica al óleo y una superficie tan perfecta que hasta consideraron que su mano la movía dios.

A los 15 años, María Bashkirtseff comienza a escribir su diario íntimo. Su Diario, al que Simone de Beauvoir consideró “un modelo en su género”, fue publicado en 1887. Describe todas sus emociones, pero también sus impulsos, sus gestos, hasta sus deseos. En el crepúsculo de un siglo solemne, en el que las chicas habían aprendido a no hablar más que de su corazón, María habla de su cuerpo. Por enfermedad tuvo que abandonar su práctica musical, y profundizó en el estudio de la pintura. Esta artista multifacética murió de tuberculosis a los veinticinco años, cuando sus pinturas ya la estaban haciendo famosa.

Gabriel Münter estudió con Kandisnky y mantuvieron una relación como amantes durante más de quince años, hasta 1917. Gabriel se convirtió en miembro fundadora de la Nueva unión de artistas de Múnich, y que incluía el núcleo de los artistas del grupo de expresionistas El Jinete Azul. Munter comenzó a desarrollar artísticamente un estilo abstracto propio, aunque nunca dejó la figuración, con brillantes colores sin mezclar, formas fuertes, todo delineado por oscuras líneas de separación. Durante la persecución nazi a los artistas de vanguardia, Gabriele escondió en su casa de Murnau más de 80 pinturas y unos 300 dibujos de Kandinsky y otros miembros de Der Blaue Reiter, además de obras propias. A pesar de que su casa fue registrada en varias ocasiones, nunca consiguieron localizarlas y pudo salvar el legado incalculable de algunos de sus colegas de la destrucción nazi.

Por supuesto, no son éstas las únicas pintoras pero para no agotar al lector, hemos considerado indefectible exponerlas, así sea de la manera más sintética e incompleta.

por Gachi Rosati.



Inauguración sábado 1° de junio de 2019 a las 19hs en Lanzallamas Carlos Calvo 637- CABA.
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