La Gran Paternal estudios abiertos

Uno de los pasos obligados en el estudio de la Historia del Arte es siempre contextualizar temporal, política, social y geográficamente cada hecho. Por eso, antes de hablar de un artista se debe establecer a qué escuela o movimiento pertenecía, porque esto dirá tanto de él como de su obra.

Con frecuencia pienso en cómo será leído este tiempo contemporáneo dentro de cien años, sin grupos ni movimientos como el impresionismo o espacios como el salón de los rechazados.

Hoy, me encuentro investigando sobre un acontecimiento único en la historia argentina: Malvenido Rockefeller que es en mi opinión la única vez donde grupos renovadores y tradicionalistas de la plástica se unieron para manifestarse estéticamente y denunciar la situación política y social. Corría el año 1969 y Latinoamérica era un espacio de manifestaciones estudiantiles y gremiales en contra de los gobiernos que oprimían a sus ciudadanos.
Desde entonces y pese a que injusticias no han faltado, no encuentro registro de un acontecimiento similar. Quizás se deba a que como dice Gilles Lipovetsky hoy no tenemos utopías colectivas ni ideales políticos que sean capaces de dar esperanza o hacernos soñar.

¿Pero que sería del arte sin utopía, sin ideales, sin esperanza, sin sueños y sin hacer vibrar al espectador?

Afortunadamente, aquí hay algunas señales de resistencia. De vez en cuando los artistas abren las puertas de sus estudios, invitan a colegas y preparan propuestas con las cuales convocan al público a conocer ese mundo mágico que encierra el taller.

Semanas atrás, Martín Lapalma llevó a cabo el segundo Open Studio del año, donde a la tradicional cita de pintura y música, esta vez sumó performance con la artista juninense Celeste Fresedo.
Para Lapalma es vital reunirse con amigos y dar batalla a hostilidad que enfrenta el mundo del arte local. Amigo de músicos y DJ, propicia live sets como los de Tomás Putruele+SantiagoMartinez, Tobe+Chowa y DJ Choice que acompañan el recorrido por los distintos espacios del estudio.


Estudio de Martín Lapalma


Sofia Mastai con pintura y Nicolas Sfeir con un sitespecific fueron los artistas invitados, mientras que los integrantes de G_Y-DM-LP realizaron una propuesta de imagen en movimiento y sonido a partir de una serigrafía.

A esta señal se suma otra más extensa -propiciada por los artistas del barrio de La Paternal- donde a lo largo de varias ediciones han ido captando nuevos adeptos y renovando sus propuestas. Entre las que he tenido ocasión de recorrer, debo reconocer que la presente edición resultó ser la más ambiciosa: abrieron 30 talleres con 104 artistas residentes y 60 artistas invitados.

Pese a realizar la actividad en dos jornadas, resulta imposible completar el recorrido en su totalidad. En parte por la extensión del barrio y las distancias entre algunos talleres, pero en la mayoría de los casos se debe al entusiasmo con el que los artistas reciben a todos aquellos que quieren conocer sus procesos, sus formas de trabajo y sus obras.

Y si de entusiasmo se trata quien se lleva el primer premio es Juan Miceli. En su casa/taller -transformada en Villa Z para la ocasión- recibe a cuanto artista se anime a dar todo de sí y no descansar ni por un instante ocupando todos los rincones del espacio.


Taller Villa Z


En esta ocasión, invitó al Taller Pasco integrado por los ceramistas Ayelen Riqué, Sara Paoletti Santochi y Pablo Calete quienes desplegaron sus piezas en la vereda despertando la curiosidad de los vecinos desprevenidos que miraban con sorpresa la diversidad de piezas.


Taller Pasco


Al ingresar, en el primer ambiente y entre piezas de cerámica de Miceli, se encontraba la proyección del video Verano en Colony Park: una obra de Santiago Fredes donde pone en evidencia la corrupción en el desarrollo inmobiliario de la zona del delta ante la insensibilidad de los políticos que no miden el daño ambiental ni las consecuencias a largo plazo de sus actos de gobierno.



En otra sala de la misma planta, las pinturas geométricas de Alejandro Gigli parecían haber encontrado las paredes ideales donde lucir sus composiciones y el contraste con el mobiliario de la casa constituía el contexto ideal que el artista persigue para sus obras.
En la mesa, Miceli acompañaba las pinturas de su colega con los últimos tres ejemplares del fanzine Hotel Frenesí. Pero lo más interesante de este artista es el trabajo de investigación que viene realizando desde hace tiempo con pigmentos y texturas para piezas de cerámica, donde obtiene colores a veces difícil de descifrar.


Taller Juan Miceli


A pocas cuadras de allí, se encuentra Atocha una galería que recientemente ha inaugurado la exhibición de Walter Alvarez con dibujos en lápiz sobre placas de MDF curadas en yeso y cubiertas con cera que el artista invita a tocar para comprobar lo inalterable de su obra. Bajo el título Las solteras y los pintores soñadores, las series de dibujos se alinean en la pared en un montaje del cual el artista se manifiesta muy orgulloso y a la vez permite leer con comodidad todo lo que allí está escrito: como en el caso del dibujo fechado el 18 de Febrero de 2019 donde la frase Las melodías de Richard Clayderman me llevó en viaje directo a mi infancia. Para quienes no lo conocen, se trata de un pianista que en la década del ochenta cautivó al público mundial con su interpretación de la pieza de Beethoven Para Elisa.


Walter Álvarez


Ya sobre Juan B Justo se encuentra Basilio un taller en el cual se han instalado artistas en busca de espacios más amplios con paredes extensas para sus obras. Tal es el caso de Cristina Portela quien trabaja con telas de gran tamaño y dejó Panal luego de muchos años para instalarse en un espacio que le permitiese desplegar varias pinturas a la vez.
Lucia Harari también eligió este taller donde tiene un espacio propio para sus pinturas y trabaja allí en una nueva serie.


Lucía Harari


Otro espacio que contó con diversidad de invitados fue La Bolivia Díaz, donde se dieron cita -entre otros- el Colectivo Visual de Mujeres Acapulco con imágenes impresas en vinilo que colgaban desde la terraza del edificio y tomaban la esquina por completo.
Entre los residentes, siempre es un placer visitar la obra de Anita Willimburgh y Leo Ocello, a quienes se podría describir como dos artistas que llevan la materialidad de su obra a una instancia instalativa haciendo del papel -para Willimburgh- y de la luz -para Ocello- la base de sus esculturas.


Anita Willimburgh


La nota musical estuvo a cargo de Agustín González Goytia quien compartió ante el público las canciones que saldrán próximamente en su disco debut. Si vien el sábado lo sorprendió la lluvia, el domingo pudo interpretarlas tal como lo había pensado: con una de sus pinturas como telón de fondo -lujos que puede darse un pintor- y en el marco del cielo que solo se puede disfrutar en barrios donde todavía no llegan las torres.

Sobre la calle Camarones las propuestas fueron de lo más diversas, desde inauguraciones hasta talleres que invitaban a tomar un té mientras se conversaba con los artistas.
Campo magnético es la muestra curada por Eduardo Stupía que reúne las obras de Guillermo Mena y Alberto Sassani en el recientemente inaugurado espacio Camarones.
Cada uno de los artistas presentósus obras en la sala principal, mientrasque en la Sala Gris concretaron una instalación site specific de huellas de carbón sobre papel con varillas de madera, a la cual se sumaron el sonido registrado durante la producción de esta obra.

A menos de doscientos metros se encuentra el último de los talleres que visité: Vivo Dito Studio. Allí Paula Pellejero invitó a dos artistas: Lucila Amatista y Juan Godoy. El hermoso jardín -que sorprende tras recorrer el largo pasillo desde la entrada- es la antesala de un taller del cual ninguno de los visitantes se querrá ir. Este marco permitió -aquí más que en otros lugares- que los artistas hablaran con los visitantes acerca del modo en que hacían sus obras mientras se reponían del chaparrón del sábado a la tardecita con un té preparado por la dueña de casa.


Vivo Dito Estudio


Pellejero presentó un gran frottage sobre la pared del taller y compartió anécdotas sobre su documental de Alberto Greco Obra fuera de catálogo -proyectado recientemente en el marco de la exhibición de las obras en papel del Greco-. Amatista llevó sus sutiles acuarelas y las ubicó próximas y en diálogo a sus cerámicas de formas orgánicas creando pequeños universos. Godoy acompañó a ambas artistas, con pinturas sobre papel en una paleta contundente.


Juan Godoy


Tras el recorrido el recorrido de La Gran Paternal me pregunto: ¿representan hoy los talleres abiertos el espacio de encuentro equivalentea los bares de los años sesenta?¿Suceden allí las conversaciones que aún resuenan en el Florida Garden?

Reconozco que Buenos Aires está muy lejos del grandioso polo cultural que supo ser, cuando artistas como Ricardo Carpani y León Ferrari -a pesar de sus diferencias estéticas y políticas- podían concretar una exhibición como Malvenido Rockefeller.
Y pese a coincidir con Lipovetsky en que ya no tenemos utopías colectivas, tampoco creo que sea como decía Borges que no nos une el amor sino el espanto.
Al menos en este rincón del mundo todavía quedan algunos artistas que creen en abrir las puertas de sus talleres para mostrar que están vivos y produciendo, aunque los diarios y el mercado nunca hable de ellos.

La Gran Paternal estudios abiertos se realizó los días sábado 18 y domingo 19 de mayo de 2019

medinamcecilia

por Cecilia Medina, 20 de Mayo de 2019
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