La respiración de los colores

Hace unos años Daniel García (Rosario, 1958) expuso la serie Casi boyitas (2013), acrílicos sobre papel en los que cabezas sugeridas flotan nadando a través del río, frontera entre la superficie y la profundidad, que orienta a la memoria y le permite mantenerse visible. Después aparecieron Pequeñas creaturas (2015), seres animales de una ternura extrema con pinceladas mínimas, que habitan un mundo todavía en construcción, situación que el artista imagina cercana al paraíso. En el 2016, siempre en la Galería Mar Dulce, aparecieron Otros Acróbatas, pinturas donde el movimiento del cuerpo es explorado mediante figuras curvas y ángulos casi imposibles, cuerpos que juegan y desafían la gravedad a través de la deconstrucción de lo esperado, con una paleta austera de una elegancia enorme.



Ahora, le ha llegado el turno a las flores y las mujeres. Pequeñas pinturas de flores, en Galería Mar Dulce - al igual que todas las exposiciones mencionadas anteriormente- y Damas de Shanghái, en la Galería Gachi Prieto.



Acacias, begonias, amapolas, claveles, azaleas, margaritas, crisantemos, azucenas, fresas y geranios viven sobre un papel de algodón, en rectángulos de 10 x 8 cm que abren un universo de personalidades y aromas. Se pueden oler, se pueden tocar con la mirada. Las flores como encarnación del fuego y espejo de la luz.
No están solas. Están dentro de los jarrones de Daniel García, que es como vivir dentro de un templo de porcelana, erosionado por la sencillez de su belleza y atravesado por la dignidad del tiempo.

Menos de una cuadra separa las diminutas joyas que bailan como brotes untados de pétalos a las monumentales mujeres orientales, que con su mirada y su porte se convierten en representantes de la modernidad. Mujeres que asientan su belleza en su propia confianza, su propio hacer, y cuya mirada enriquece el universo que la rodea. Una mujer poderosa, sonriente pero sin exageraciones, seductora pero carente de impaciencia, que replica su propia belleza en las ropas que viste, los botones que abrocha y los espacios que habita.

El artista relata en el texto curatorial su descubrimiento de ese universo: ”En la convulsionada China de los años veinte, la Nueva Mujer, en chino Xīn nǚxìng (新女性), se convirtió en el estandarte de todos aquellos que buscaban un cambio en la sociedad. La lucha por un cambio de paradigma cultural que asignara un nuevo rol a la mujer (en un país que salía de un sistema feudal patriarcal en el que la mujer casi no tenía voz, ni visibilidad excepto como cortesana) se transformó en un tema central para diversos intereses, locales y extranjeros, desde la política hasta la publicidad. También en el cine, cuya industria se hallaba instalada en Shanghái. Durante su edad de oro, los años treinta, muchas de las películas, sobre todo las de ideología izquierdista tenían por tema la “Nueva mujer” y su potencial subversivo para una tradición patriarcal. En muchos casos los roles, sobre todo en su destino trágico, tenían semejanzas con las futuras femmes fatales del film noir. Los directores, hombres, se ocupaban de señalar cuál era el camino correcto para la modernización de la mujer. Un personaje masculino lo aclara en un film: "¡Sólo aquellas que sean más autosuficientes, más racionales, más valientes y más conscientes del bienestar público pueden ser las mujeres verdaderamente modernas!"



Hay en las obras de García un punctum que es orgánico, sean cabezas como boyitas que asoman, ríos, perros, flores, mujeres, acróbatas o cuerpos en movimientos. La pintura acompaña como pintura. El jarrón, excusa poética que refuerza el juego del adentro y el afuera, para inventar cilindros. Cada uno, con o sin manija, clásico o sofisticado, oriental u occidental, sencillo o sofisticado, con flores o vacío, es una coartada del artista para plasmar un hecho pictórico.

Como escribe Gilda Di Crosta en el texto curatorial de Pequeñas pinturas de flores:

“El recipiente, ese receptáculo que cumple la doble función de contener y exhibir al mismo tiempo- participa de la composición ornamental, y mantente al grupo de flores en relación con lo hueco, el vacío, y también lo sostiene en el aliento vital con el agua, el aire y la luz.”

Como las mujeres de Shanghái, los cuatro elementos también están allí. Mujeres como montañas, miradas oceánicas, fuego en las pinceladas amarillas y rojas que las atraviesan por momentos caprichosas y por momentos encapsuladas en perfectos círculos que hacen de botones ornamentales, y sobretodo, aire. Un vacío que actúa en el corazón de esos jarrones, de esas flores y de esas mujeres, que es el que permite que respiren profundamente, y que con la gracia de lo vivo, se ofrezcan como efigies.



Damas de Shanghái de Daniel García en Gachi Prieto

Pequeñas pinturas de flores hasta el 11 de mayo de 2019 en galería mar dulce, Uriarte 1490


por Eugenia Viña, 6 de Mayo de 2019
compartir