Marcos Mangani, Gaspar Acebo y Nazareno Pereyra en Munar

munar-mzo19.jpg

Órdenes de Marcos Mangani y Gaspar Acebo
En marzo de 2017 Marcos Mangani y Gaspar Acebo participaron de una residencia en Grecia, en la isla de Creta. Estuvieron un mes caminando entre pueblitos casi abandonados, dónde vivían 400 personas, hoy apenas hay 40. Cada dos o cuatro kilómetros hay otro pueblo, todos igual de
desiertos. En uno se puede comprar pan, en el siguiente tomar un ómnibus al mar, en el otro almorzar. Las casas están prolijamente cubiertas de polvo, menos las iglesias, siempre recién pintadas.

Un día llegaron a un monasterio. En el centro, una iglesia restaurada hace poco, rodeada de cinco edificios descuidados. No estaban vandalizados, ni un graffiti ni una botella medio vacía, nada roto. Según Papa Manolis, el responsable de la iglesia, el monasterio fue construido en algún momento
entre el S IX y el S XI.

“Nos propusimos trabajar con los materiales que encontramos ahí. Sin romper, ni pintar, sin dañar lo que allí había. Pedimos permiso a Papa Manolisy convertimos el lugar en un laboratorio, en un banco de pruebas. Realizamos una treintena de instalaciones efímeras de sitio específico. Buscando poner sobre relieve ese abandono, lo más poéticamente que pudiéramos, repetimos ejercicios básicos de la formación en artes visuales como equilibrio, escala y simetría. Al irnos de la isla, dejamos las obras a la suerte del viento y las cabras que pastorean ahí”. En marzo del 2019 y partiendo de este trabajo, ambos artistas volverán a trabajar colaborativamente en MUNAR. Realizarán instalaciones efímeras con los materiales, objetos y bigas de construcción que se conservan, de los depósitos que ahí funcionaban.

Ojo seco de Nazareno Pereyra

Nazareno Pereyra, retoma para esta ocasión materiales y trastornos compulsivos de su pasado metalúrgico.

Al igual que en obras anteriores, busca y opera de forma forense sobre elementos en descomposición y unidades ferrosas.

Huesos de animal con barro y bosta, fueron sumergidos en agua junto a piezas de hierros durante varios meses, todo esto se gestó y descompuso en el patio de MUNAR, luego de un tiempo los huesos son recuperados para ser enjuagados y secado bajo el sol del pasado diciembre.
Cada hueso se soldó con estaño, sometiendo nuevamente a los fósiles a una transformación de color y textura.
El mismo hueso tratado y presentado de diversas formas. La carne muerta puesta a disposición de una máquina automatizada logrando abandonar el fin técnico para convertirse en un acontecimiento estético.
El cuerpo vivo transforma sus acciones en ritual, persiguiendo recuerdos y siendo presentando en la sala como un altar forense y personal.
Velas, fotos, insectos muertos, plumas, huesos y cadenas son recolectados para ser ordenados y clasificados para el comienzo de un culto fabril.
Ojo seco: no poder suministrar las lágrimas necesarias.

Sábado 9 de marzo de 2019 a las 16 hs en Munar (Av. Don Pedro de Mendoza 1555 - CABA)
Instagram @munar_arte

compartir