Ensayos sobre la desaparición. W. Turner.

J.M.Turner. Acuarelas. Tate Collection. Joseph Mallord William Turner en MNBA - Museo Nacional de Bellas Artes desde el miércoles 26 de septiembre de 2018 hasta el domingo 17 de febrero de 2019.
¿Cómo hablar de William Turner, descartando los predicados sobre el romanticismo, el preimpresionismo, la luz, el expresionismo abstracto y la revolución industrial? Así: un pintor en busca de la tempestad, de la desaparición y de la epifanía.

I. Somos luz.
El orden cronológico curado por David Brown, nos facilita o nos saca de encima un tema menos. Pero inmediatamente sostenemos la preocupación por la luz. Luz de vela y anestesiada por los estándares museísticos. Al cabo nos quedamos embebidos en esa luz incompleta y domesticados para “mirar”.




II. “Parece mentira que sean los mismos hombres los que han inventado los diminutivos y la pena de muerte”, dice Baldomero Fernández Moreno en La viga y la mariposa. Es una frase que le cabe a Turner por dos cosas. Una por el tratamiento esquizoifrénico, que va en ascenso, del material acuoso, de la pincelada y de las miniaturas. Es como si tratara el detalle con pinceles de un solo pelo. Y segundo por los espacios del cielo, o las lejanías, con una aguada brutal, de brocha gorda. En este sentido, parece mentira que sea el mismo hombre el de los diminutivos -miniaturista- y el de la pincelada violenta, la pena de muerte de la representación y el relato. Como si buscara en la miniatura sostener lo real, hacerlo perdurar. Y hacerla desaparecer, en la aguada, en la pincelada.
Quizás una de las formas histéricas de la pintura sea cómo sostener lo semejante y lo desemejante, cómo entrar y salir de la pintura al nivel del fracaso y aún a todo eso esperar la epifanía.




III. Arquitectura y caos.
Turner se mete con la misma facilidad que en la lejanía y el paisaje, en el espacio interior, en la arquitectura. Lo entiendo un poco más ofuscado encarando esos espacios, ya que su espíritu no resiste las cuatro paredes. Busca la tempestad, aún del lado de adentro.
Lo curioso es que cuando decimos que busca la tempestad, no son climas en donde va a parar su “tema”, en donde va a amparar su sed.




IV. Color.
Tampoco su tema es el color, como lo entienden algunos pintores que se adjudican esa problemática. Pero sí la economía del color puede darle paso y descartar un problema mayor para él, que es su temperamento, sus tormentas, sus montañas.

V. Desaparecer y parecerse.
Las acuarelas de Turner podrían incluirse en los Ensayos sobre la aparición, formidable libro en el que Didi-Huberman aborda y poetiza situaciones y formas tanto de la aparición como de la desaparición, de la forma y lo informe, de las figuras y la desfiguración. Las acuarelas de Turner, en todo su orden cronológico, no dejan de oscilar con las miniaturas entre la forma, la inmensidad y la filigrana; con los paisajes y las tempestades, entre la desaparición, la bruma y la catástrofe. Pero también, fiel al pensamiento antropológico, la de parecerse aquello que lo alimenta, como una deglución en el registro de la mirada.




VI. Me queda un interrogante cristalizado sobre cómo vemos pintura en tiempos aciagos. Cómo nos posicionamos frente a las imágenes que nos ponen en el lugar meditativo sobre lo pictórico, mas no sobre la pregunta sobre el arte o su estatuto. Turner no cuestiona el arte ni la pintura ni la acuarela en su forma pura. Es hora de dejar de entender la historia del arte como una devoción y una promiscuidad de los atentados contra los estatutos y los museos. La imagen es dialéctica detenida, sostenía Benjamin, y en ese umbral nos ubicamos. Tal vez nos paramos ante la tempestad que produce el sentido, ante la niebla que implica la relación que tenemos con las imágenes, ante la filigrana sensitiva que esconde la historia.



La muestra se puede visitar hasta febrero de 2019 en MNBA (Av. Libertador 1473 CABA)
Twitter @BellasArtesAR
Instagram bellasartesargentina

compartir