El caos como intimidad discursiva

Artificialia. Inti Pujol en Imagen Galería desde el viernes 12 de octubre de 2018 hasta el martes 6 de noviembre de 2018.

Imagen Galería tiene olor a pintura. Aquellos quienes conocían la sala, se asombran ante el nuevo techo. Quienes nunca fueron antes, pueden adivinar el antiguo azul que permanece entre las capas de blanco todavía frescas.

En Artificialia, la muestra individual de Inti Pujol con curaduría de Joaquin Barrera, la decisión fue clara: romper con el espacio expositivo contemporáneo como cubo blanco. Pero para hacerlo, primero había que entenderlo; para destruirlo, había que construirlo antes. Y así, con una intención dialéctica, se tiñeron las paredes y techos de un blanco brillante para que el espacio adquiera el característico ascetismo, silencio y distanciamiento que estaba por criticarse.

Más de 55 obras son exhibidas en toda la sala, donde la totalidad se vuelve literal. Un montaje fervoroso y abrumador demuestra su necesidad de decir, colgando pinturas desde el zócalo hasta el último centímetro de pared, incluyendo el techo. Como si no hubiera espacio para dejar libre, las obras de distintos tamaños se acumulan mientras encuentran su propio lugar, mostrando los veinte años de producción en pintura de una artista que es más bien reconocida por sus obras performáticas, poesía visual y dibujo.

Los espectadores entran a la galería con la misma incomodidad y a la vez intriga de visitar un espacio íntimo, ver la habitación de un amigo por primera vez, leer una conversación ajena en el colectivo o enterarse de por qué llora alguien. Es que Artificialia propone un espacio expositivo distinto al tradicional. La acumulación de obra genera una especie de desorden visual, donde no hay punto de fuga ni lugar para descansar la vista. Lejos de las categorizaciones o periodizaciones clásicas, las obras individuales se unen en un conjunto, pero ya no como una serie sino como una instalación –única y anacrónica– donde sumergirse.

El bar de la galería se activa y la gente comienza a habitar la sala de la misma manera que en la vida cotidiana. Entre las pinturas se encuentran tres esculturas blandas y una cama, donde hay quienes no tardan en acomodarse. Estas obran llevan inscripciones como "chisme", "la puta guita" y signos de pesos, demostrando que el caos no es sólo una decisión espacial, sino más bien el modo de representación de las implicancias sociales, políticas y personales que atraviesan las intenciones de la artista.

Se genera, entonces, una reafirmación de la unión entre arte y vida que levanta, una vez más, la principal bandera de las vanguardias históricas. El texto curatorial, precisamente, es entregado impreso igual que un manifiesto donde Joaquín Barrera sentencia de manera final:
“Artificialia es mostrar que el discurso está vivo,
pero que lo hacemos desde un lugar de honestidad.
Porque hace rato acumulamos,
aún sin saber porque.
Quizás es porque nos han sacado demasiado.
Porque tenemos tradición de ser vaciados.
Pero hay algo que todavía no nos pudieron robar.
La acción y la palabra.”

Hasta el 3 de noviembre en Imagen Galería (Mendoza, Argentina)

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