La Máquina de Visión de Adriana Bustos en Fundación Klemm

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El retorno de lo reprimido”

Como formas de vida abiertas a los imponderables del mundo de símbolos y signos que habitamos, nos valemos de diferentes artificios para aprovechar, orientar, regular o resistir la acción de las fuerzas que nos producen. Para existir, construimos máquinas que transforman cierta forma de energía en otra y producen efectos predeterminados. El poder ama las máquinas, ya sean bifaces paleolíticos africanos, ruedas neolíticas, palancas griegas, molinos de vientos cas- tellanos, AK47 rusos o pastillas azules y polvos blancos. El capitalismo muere por las máquinas, se derrite por ellas, las desea.
Máquinas de vapor, de guerra, de picar carne, de escribir, polígrafos, automóviles, cafeteras, robots.

Alerta de los peligros de ese amor y con el objetivo de exponer la crueldad reinante, la “Máquina de visión” recupera un significado en desuso del término máquina. Según nos enseña el diccionario, la palabra supo designar la interven- ción de lo maravilloso o sobrenatural en cualquier fábula poética. La multiplicidad de artilugios y dispositivos que nos trae Adriana Bustos se valen de la fuerza mágica del montaje para hacernos conscientes de lo que todos sabíamos pero que hacíamos como que no sabíamos que sabíamos.

Láminas cuasi escolares, atriles donde se exhiben pequeñas ilustraciones, acuarelas circulares como ojos de buey que retratan barcos negreros y navíos narcotraficantes, heliografías, copias de viejas fotografías encontradas en los archivos del estado, mapas acuáticos que muestran la conexión entre el río Congo y el Río de la Plata, pasando por Galicia y Cuba, videos donde se reflejan viejas películas clase B de zombis de los años ’30 y videojuegos educativas infantiles contemporáneos, dibujos in site, muestran el retorno del negro, la ominosa repetición de la esclavitud y el maleficio de la raza. Chispas de conocimiento en forma de arte. Ejercicios para hacer ver y saber.

El gesto se repite y repite con fuerza maníaca hasta que aparecen las imágenes. La máscara oculta la boca y deja ver unos ojos que te preguntan: ¿Quién los mató? ¿Fuiste vos? El 10 de octubre de 1947 las balas de Gendarmería arrasaron a varones y mujeres, adultos y niños pilagá en el paraje La Bomba. Fue el Estado. Otra vez, fue el Estado. El genocidio continúa y el lápiz se gasta sobre a lámina.En su singularidad y en su montaje, los dibujos y acuarelas dan cuenta de una búsqueda, cada
vez más frenética con el devenir de las décadas, de la programación integral de los comportamientos. Manejar un rifle y aprender la respuesta sexual humana de la mano del hermano menor de Howard Fast.

Las láminas son ecuaciones que demuestran la emergencia contemporánea de una forma de gobierno capaz de hacer de nosotros mismos sujetos reprogramables. Se puede aprender a amar y ser amado por menos de dos dólares. Por muchos más dólares, muchos más, el Manhattan Project que reunía científicos y militares de Estados Unidos, Gran Bretaña y Canadá, investigaba como matar con armas nucleares.

Al acoplarse, las imágenes producen una descarga de conocimiento que ilumina los oscuros
meandros que las conectan. El peligro comunista y la sobriedad del despacho del burócrata
con dos teléfonos ¡Sí, dos teléfonos! La comunicación es fundamental para controlar el control.
La cibernética se instala como una tecnología de poder/saber que pretende que todo fluya,
especialmente las relaciones mercantiles devenidas paradigma de cualquier otra relación
social.

Adriana Bustos. 2018



Inauguración martes 16 de octubre de 2018 a las 18 hsen Fundación Federico Jorge Klemm (Marcelo T de Alvear 626, CABA)

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