Traidores los días que huyeron

Sobre la muestra de Roberto Jacoby Sede Macro (Bv. Oroño y el río) Rosario

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Traidores los días que huyeron, título memorable más que por una supuesta impronta o pretensión poética por ser el título mismo poesía. O al menos un verso: hay traidores, hay tiempo, hay huida; casi la construcción de una épica con sólo cinco palabras. Algo se fue, algo dejó de ser; falta o falla, una ausencia recorre, como un fantasma, los siete pisos del MACRO, destinado en su totalidad a parte de la producción de Roberto Jacoby; una producción extraña, desviada, en principio, del canon jacobyno.




2
Un día a Roberto Jacoby se le ocurrió abrir el arcón de los recuerdos y de su interior brotaron obras de Roberto Jacoby de cuando no era Roberto Jacoby. Nos remontamos (paradoja mediante) a 1958: acuarelas, dibujos, ensayos, tanteos, pruebas. Frente al descubrimiento del tesoro escondido (material excluido, por diversos motivos, de su canon) y la posibilidad concreta de exhibirlo, los curadores, Santiago Villanueva y Fernando Farina, (confiesan) quedaron alucinados. Luego, envueltos en un cierto sosiego (aplacado el efecto alucinatorio), tomaron una serie de decisiones curatoriales: construir en el séptimo piso del Museo de Arte Contemporáneo de Rosario (MACRO) una sala moderna, con iluminación clásica, consagratoria. La consagración de lo (a priori) descartable. Así comienza el recorrido de esta retrospectiva anómala, perpetrada por la Trinidad Jacoby-Villanueva-Farina.

3
En realidad, comienza de otra manera. Primero, dijimos, épico y pregnante, el título.
Después, presente en su lento declive, nos topamos con Karl Marx, con la cabeza de Marx, fabricada sobre la cabeza de Papá Noel. Allí, frente a nosotros, espectadores parcialmente cautos (sólo los no-incautos yerran, dijo mister Lacan), la frágil cabeza del filósofo que ya rodó por los tristes y trágicos estertores de la historia: ningún elegido escribiría en el horizonte un futuro promisorio para el género humano; las cartas enviadas durante la infancia (según el celebérrimo psicoanalista francés, las cartas siempre llegan a destino) lejos estaban de constituir la prueba definitiva de un Papá Noel realmente existente.

4
Así comienza, entonces, Traidores los días que huyeron, con una serie de fantasmas (“imagen de un objeto que queda impresa en la fantasía”, RAE dixit) que buscan retornar, conversos, mutantes o reprimidos: el espectro de Marx, el espíritu irónico o cinético de Julio Le Parc, el de los fans de Virus (el de uno en particular, quien parece haber hecho contacto visual con la Gorgona: ¿estará absorto ante la visión de su propio destino?), anónimos y enigmáticos; el de Pablo Suárez (“Tu ausencia me rodea/como la cuerda a la garganta,/el mar al que se hunde”, versos juveniles de Jorge Luis Borges), el de Roberto Jacoby, hombre de las mil caras (una en particular, de Fotos 2016, coincide con el fan de virus atrapado en la lógica de su propia pesadilla), plástico y ancestral; por último, Dark room, proyecto que transforma a los espectadores en figuras espectrales o caza fantasmas.

5
Traidores los días que huyeron es una muestra diagramada estratégicamente con una
coherente incoherencia (o una incoherente coherencia) curatorial, en donde se exhibe obra no sólo inédita, sino susceptible de ser llamada de ese modo (obra) sólo por la vasta trayectoria de su autor (Jacoby). Ricardo Piglia (amigo del artista, hoy convertido en espectro) solía decir, medio en broma medio en serio: quise triunfar como escritor para poder publicar mis diarios íntimos. La idea es conmovedora. Construir una carrera artística para darle valor a lo invalorable, a aquello que no tiene precio y permaneció detrás, oculto, clandestino. ¿Darle valor al fracaso? En esta propuesta (Traidores los días que huyeron) brilla tenaz la tentación de la Trinidad (Jacoby-Villanueva-Farina) de coquetear con el fracaso, una tentación patentizada en la elección de la pintura que Jacoby envió junto a Pablo Suárez para ganar el premio Chandon, intento en el que, por supuesto, “fracasaron miserablemente” (Jacoby lo confesó sonriente).

6
Traidores los días que huyeron es la muestra retrospectiva y/o antológica de un artista consagrado (Jacoby) que despliega restos, residuos, descartes; un artista que descubre inéditos, olvidados, malditos; un artista que señala hacia lo (a priori) prescindible y nos ofrece, como una especie de don o donación, eso que nunca llegó a ser (en el MACRO, y por acción de la Trinidad, eso empieza a ser, eso debe estar).

7
Finalmente, invoquemos el espíritu del poeta chino Mao Tse Tung:

“Llegada a Shaoshan”

Retorné a Shaoshan el 25 de junio de 1959, tras una ausencia de 32 años
¡Malditos los días que huyeron, recordados como un sueño confuso!
Mis antiguos lares de hace treinta y dos años.
La bandera roja alzó las alabardas de los siervos,
mientras la garra negra mantenía en alto el látigo tirano.
Del sacrificio nace la decisión heroica:
atreverse a crear un nuevo cielo para el sol y la luna.
Dichosa visión: olas sucesivas de arroz, de mies,
y héroes que vuelven, por todos los senderos, en el atardecer borroso.


Hasta el 4 de noviembre en en Sede Castagnino Avda. Pellegrini 2202 - Rosario y Sede Macro (Bv. Oroño y el río)
Instagram @castagninomacro
Twitter @castagninomacro

por Manuel Quaranta, 25 de Septiembre de 2018
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