Un sueño hecho realidad. Investigación con herramientas artísticas / Prácticas situadas

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¿Cómo nacen las ciudades? ¿Cuáles son hoy sus desafíos? La biografía de Domingo de Acasuso nos permite conocer y alimentar los mitos de origen de pueblos y urbes.

Nacido en Euskadi emigró a América como soldado, en 1681. Fue funcionario público; comerció en los rubros más lucrativos de su época (contrabando, trata de esclavos, etc); y fundó templos religiosos: en los alrededores de una de sus capillas se levantará el pueblo de San Isidro Labrador.
Valorizando y actualizando el patrimonio cultural, 7 artistas investigan los orígenes de este territorio, en diálogo con el presente. ¿Podrán encontrar el espinillo fundacional? ¿Qué bueyes labran hoy nuestras tierras?.

Participantes
Antonella Andreoletti, Guillermo Bruno, Lucila Guerrero, Miguel Mendoza, Eduardo Molinari, Nicolás Rodríguez

Curaduría
Javier Barrio
Eduardo Saubidet


Inauguración Jueves 27 de septiembre de 2018 a las 19hs en Ambos Mundos (Chubut 855, San Isidro)

ACTIVACIONES:
Sábado 6 de octubre a las 17hs.
Presentación del proyecto por Santiago Fredes / Acasuso: construcción colectiva de un relato. Lingotes de oro, trata de esclavos y redención.

Charla abierta con la Asamblea Barrial de Beccar / Defensa del espacio público verde. El caso ex Obras Sanitarias de la Nación.

Acción participativa con Eduardo M. Saubidet / Fundar desde la naturaleza, plantar un espinillo.

Domingo 14 de octubre a las 17hs.
Conversatorio / San Isidro, un mozárabe zahorí. Abundancia, naturaleza y sincretismo.
Taller laico de realización de exvotos por Antonella Andreoletti / Ofrendas a Isidro el labrador y a María de la Cabeza.

CIERRE: 20 de octubre



Pinta tu aldea

Como aporte a la escritura de la historia local, en este proyecto de investigación con herramientas artísticas nos preguntamos acerca del mito de origen del pueblo de San Isidro, zona norte del conurbano bonaerense.

Según pudimos interpretar, a partir de fuentes consultadas, resulta que, en 1681, un soldado vasco llegó a la Ciudad de Trinidad del Puerto de Santa María de Buenos Aires, Virreinato del Perú. Su nombre era Domingo de Acasuso; su tarea: controlar el contrabando portugués en el puerto de mi preciado pueblo, Santa María de Las Conchas. Logró su faena con tal habilidad, que prontamente recibió la gracia de Fortuna y de su cornucopia.

Con sus bolsillos ya un poco más abultados y la experiencia ganada, Acasuso deja la milicia, cruza al otro lado del mostrador y se dedica al comercio en el puerto de nuestra gran capital argentina (fangosa, no tan grande por ese entonces, solo unas pocas manzanas, y menos capital de nada, tampoco argentina). Sus operaciones comerciales incluían trata de esclavos, bienes raíces, prestamos financieros, productos de la tierra, ramos generales, arreo de ganado, proveedor del ejército, etc.
Como reconocido vecino, fue honrado con varios cargos públicos, amén de no haber contraído nunca matrimonio y concebir cuatro hijxs naturales, producto de la fornicación con cuatro mujeres diferentes. Al parecer este último detalle de su vida privada lo excluyó de ciertos círculos sociales.

Según el decir popular, un día, cumpliendo aún órdenes militares, Acasuso yace bajo la sombra de un espinillo, en el Pago de la Costa, tierras de pan llevar. En el sueño, se le aparece San Isidro Labrador, aquel mozárabe zahorí devenido santo labriego de la abundancia, cercano a San Francisco de Asís en su amor por la naturaleza, los pájaros y las hermanas hormigas. La intención de Isidro es pedirle que, cuando junte suficiente dinero, le construya un templo en su nombre. Y así fue, lingotes de oro de
por medio, enviados por la divina providencia, aparentemente. La precaria capilla de barro fue levantada numerosas veces luego de sus recurrentes desplomes, hasta convertirse en la arquitectura neogótica que hoy conocemos, Catedral de San Isidro Labrador de la Iglesia católica, apostólica y romana. También construyó la Iglesia de San Nicolás de Barí, demolida para ensanchar la calle Corrientes, en cuya planta se yergue el Obelisco: es en esta iglesia donde se alzará por primera vez la bandera patria, y donde serán bautizados Mariano Moreno y Bartolomé Mitre.

La fundación de estos templos no colmó su fervor religioso y, precavido, para asegurarse su entrada al cielo -uno nunca sabe-, fundó una capellanía laica: obra pía que consiste en una inversión que genera renta, con la cual se solventan las misas y rezos necesarios para salir del purgatorio y obtener así la salvación del alma en pena.

La inversión propiamente dicha fue la compra de unos terrenos de aprox. 300 metros de frente sobre el Río de la Plata, por 5.000 m. de fondo (una legua). En estas tierras, conocidas como las Tierras del Santo, se ubicará la capilla de San Isidro Labrador, y se albergará a una incipiente aldea que devendrá con el tiempo en casco histórico del actual Partido de San Isidro. Tanto así, que la fecha de fundación de la capellanía, 14 de octubre de 1706, es considerada, simbólicamente, como el día de la creación del partido; y el espinillo de aquella siesta, ícono de su bandera y escudo.

En 1730, tras la muerte de Acasuso, la Iglesia se apropia de la capellanía laica, cuyos terrenos acaban siendo expropiados por el gobierno provincial en 1885 (no así la renta, que la Iglesia siguió percibiendo a través de los intereses generados por un depósito que el Estado colocara en el Bapro al 6% anual). Estos acontecimientos no estuvieron faltos de largos conflictos sucesorios, pleitos y sentencias judiciales.

Si bien hay diferentes versiones, esta es, más o menos, como introducción, la historia de este partido tan distinto, el partido de San Isidro; y la de su padre, Domingo de Acasuso.

GRÁFICA
Maria Villanueva

PROYECTO Y DIRECCIÓN
Santiago Fredes

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