Tres acciones en fugaces intervenciones dentro del proyecto Imagen y Semejanza

En un juego de sutiles reenvíos –un poco a modo de cajas chinas, otro poco como movimiento circular– Lulú Lobo sostiene en Imagen y semejanza un recorrido guiado por la fantasía y la memoria emotiva. En su serie de intervenciones guionadas desde la intuición sensible, cada imagen refiere a un espacio específico que es evocado a su vez desde otro espacio: la imagen se hace elipsis, las referencias se triplican, la fluidez se convierte en estructura y el esquema se diluye.




Desde la voz, desde el cuerpo, desde la letra y, sobre todo, a través de la imagen impresa, Lulú Lobo activa episodios consecutivos en tres puntos significativos de la trama cultural de Buenos Aires: una sala del Museo Nacional de Arte Decorativo remite a la casa; el exterior de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno direcciona hacia la torre; el entorno de las Nereidas de Lola Mora en la Costanera Sur es el ámbito de la fuente.

A través de diversas acciones gráficas, la artista despliega un imaginario personal de tradiciones inventadas en torno a esos espacios reales. Las suyas son estrategias propias de una gráfica expandida: con xilografías, monocopias e impresos digitales sostiene intervenciones en diversos espacios de visibilidad urbana. El objeto se imbrica con el lugar y el momento: la xilografía como panel, el impreso como volante, la palabra impresa como voz en el aire forman parte del repertorio de recursos involucrados que amplían al multioriginal tradicional. Ciertas ficciones genealógicas entraman las tres instancias del proyecto: la xilografía es activada por una performer, la pieza gráfica procura jugar con el límite institucional, el museo vuelve a ser casa, la fantasía personal sobre esos espacios torsiona la historia y sale de lo privado para hacerse pública.

Del panel al espacio de la ciudad: en su deriva gráfica urbana, Lulú sigue y va dejando pistas que son sendas y/o señales. Por una parte, define y traza un camino con direccionalidad norte-sur, desde el
museo en Palermo a la fuente de la Costanera; asimismo, direcciona un movimiento desde adentro (del museo) hacia afuera (la explanada de la biblioteca, las inmediaciones de la fuente). Por otra parte, fabrica y deja marcas o indicios en cada una de las tres instancias de su trabajo para ser registradas, recogidas, aprehendidas por los asistentes, transeúntes, el público casual y desprevenido. Sus “señalamientos caprichosos” a partir de preguntas y recuerdos abrevan a la vez en referencias de la historia cultural y del arte, desde Juan Yapari y el primer grabado en territorio local a la emblemática fuente de Lola Mora, desde principios del siglo XVIII a principios del XX.

No son éstos los únicos tránsitos puestos en juego en el proyecto: la intervención de Lulú es a través de impresos en movimiento. Las imágenes dan cuenta de otras mutaciones: de lleno a vacío, de lo virtual a lo real, del espacio al objeto. En las estampas, la recurrencia de la diagonal, de los romboides o trapezoides, remarcan la dominante de figuras irregulares que refuerzan la voluntad de dinamismo, de progresión de tensión de la forma, de ruptura de la estabilidad ortogonal en pos de una idea de movilidad. Esta voluntad surge ya desde la elección de la materialidad del cuerpo de la obra: tal es el caso del uso de papel de molde, con su posibilidad de delicado movimiento una vez montado como panel colgante, o del tarlatán como continente en lugar de la rigidez del enmarcado convencional.

En Imagen y semejanza, Lulú Lobo releva techos y rearma estructuras. Registra fragmentos y construye piezas. Convierte a la escultura en signo gráfico y a la palabra escrita en sonido al viento.
Tantea genealogías y (re)crea (sus) memorias. Presiente, dimensiona y reconvierte líneas, planos, colores en nuevas variables de forma y materia, de tiempos y espacios. Juega con la ambigüedad y con lo alusivo a la vez que revisa patrones de estructura. Articula y tensiona planos y vínculos, plenos y vacíos, para componer y desarmar retículas a partir del indicio. En su reinvención de espacios y tradiciones asociadas al amplio proyecto moderno, Lulú sostiene sentidos entre la fantasía y el recuerdo en tres espacios emblemáticos de la cultura porteña.





Las acciones se realizaron en Museo de Arte Decorativo, Biblioteca Nacional y Fuente de las Nereidas los días
I LA CASA // 28 de agosto de 2018
II LA TORRE // 31 de agosto de 2018
III LA FUENTE // 2 de septiembre de 2018

por Silvia Dolinko, 4 de Septiembre de 2018
compartir