Obras resultantes de una incomodidad con las formas del mundo y de la vida en el presente

La imaginación de las luciérnagas. Andrés Pasinovich, Lorena Fernández, Fátima Pecci, Bruno Gruppali, Maia Cosin, Lucía Reissig en Pasaje 17 desde el jueves 28 de junio de 2018 hasta el jueves 16 de agosto de 2018.


La economía capitalista lo somete todo a la coacción de la exposición. Solo la escenificación expositiva engendra el valor, así se renuncia a toda peculiaridad de las cosas. Éstas no desaparecen en la oscuridad, sino en el exceso de iluminación.
Jean Braudillard, Las estrategias fatales, 1983.





En la Facultad nos enseñaron que había que tener distancia histórica –algunas cuantas generaciones como mínimo– para poder analizar críticamente una época. Desde que escuché acerca de este alejamiento como garantía de una, supuestamente, aspirable noción de objetividad en el investigar y el hacer historia pasaron ya más de diez años. En esa década pudimos sentir cómo se aceleraba el tiempo; pudimos percibirlo avanzar sin parar y en pendiente; fuimos testigo de un caudal asimétrico de actividades y cosas que una puede hacer y ser, siempre desproporcionado frente a la disponibilidad de energía que tenemos. Tantos son los signos de que el tiempo –su percepción– cambió para siempre, que elegir uno es quedarme corta (Uds. pueden hacer su propia lista, las invito). De este escenario, a veces caótico, a veces vertiginoso, rescato, sobre todo, sus posibilidades. Una de éstas es que, dejando de lado toda pretensión de discurso desafectado e imparcial, podemos permitirnos hacer el ejercicio de comprender nuestra era y hablar, problematizar, criticar, esto que nos rodea. En mi caso, y porque creo que las obras de arte son el mejor signo que condensa nuestras ideas-sensaciones de época, quiero hacerlo con esta exposición. Se trata de una muestra con obras que se realizaron en un contexto político, económico y social de cambio, de incomodidad, de derechos vulnerados, de ansiedad y miedo, de angustia. Son seis artistas, seis respuestas diferentes a la afectación de la coyuntura sobre estas seis vidas. La obra como incomodidad, como comentario crítico, como necesidad, como fuerza.

Estamos acostumbradas a pensar la relación forma / contenido. ¿Y qué pasa con la dupla fuerza / forma?. Entre otras cosas, me pregunto ¿qué le da forma a un cuerpo?. Entre otras cosas, me respondo: la fuerza ejercida sobre él. Fuerza es atención; fuerza es foco; fuerza es intención; fuerza es intuición. Forma es palabra dicha; forma en lo que está en el mundo para marcar un parámetro de bien o mal; forma es una moral, una convención, estamos con ella o nos quedamos afuera. La fuerza, sin embargo, tiene una ética, se da en un hacer.




“En medio de la noche y sin descanso; abrir los ojos, desplazarse, buscar luciérnagas” exhibe obras, todas resultantes de una incomodidad con las formas del mundo, de la vida, en el presente de Maia, Lorena, Bruno, Andrés, Fátima y Lucia. Son intentos por recuperar el equilibrio cuando algo de la propia vida se ve sofocado por formas que no sirven más pero siguen vigentes. Fuerzas que se materializaron en imágenes (porque la palabra llega más tarde y arrastra consigo mucho de las formas viejas, a menos que las hagamos estallar como caballos de Troya de Monique Witting).

Hay por lo menos dos vectores de entrada a esta exposición: las fuerzas y los cuerpos. Las fuerzas de lo que no se puede ver, lo que no te deja ver o lo que tapa. Fuerzas y sus maneras de aparecer en relación a cuerpos. Ordenados de la mayor magnitud a la menor, de la mayor visibilidad de los impactos que estos agentes provocan sobre una materia, hasta lo más invisible, lo que por esencia es sutil.




Lucia Reissig
El trabajo, lo gastado, el paso del tiempo y las tareas de cuidado. La huella.
El pelo, las arrugas, los pliegues, el desgaste, la transparencia de unos cuerpos, plasticidades que cuentan una historia de signos y huellas, la historia de acciones que se invisibilizan detrás de los resultados del trabajo doméstico.

Maia Cosin
A veces, encontrar el equilibrio depende de atarse a un montón de rocas. La acción.
Cuerpo presente y desnudo, que acciona en loop la búsqueda del equilibrio, en necesaria suspensión, a partir de vincularse con otro cuerpo hecho de rocas.

Andrés Pasinovich
Volver sobre lo ya hecho para negarlo, taparlo de materia oscura. El acto creativo que va contra la propia visibilidad de lo creado.
Ejercicios pictóricos que en tanto cuerpos vibrátiles siguen latiendo debajo de obturaciones de lo visible, tapar, negar, hacer, hacer aunque sea cubriendo.

Fátima Pecci
Acudir a los poderes de las imágenes para convocar presencias. La acción. La invocación. La representación.
Cuerpos que aparecen representados, recordados, visibilizados, invocados para devolverles su peculiaridad en medio del anonimato funcional a un lenguaje de abuso sistemático de poder, en otras palabras: patriarcado.

Lorena Fernández
Ex votos, declaraciones de amor y lucha. Ofrendar, regalar, producir belleza como táctica. La creación. La declaración.
Cuerpos como regalos, generosos, amorosos obsequios a seres superiores, entregar lo realizado con las propias manos, la energía de un cuerpo transmitido a otro y agasajado porque las ofrendas cuando se las realiza también se va organizando la manifestación de quien reciba esas ofrendas.

Bruno Gruppali
Exteriorizar la propia fragilidad, el sabernos vulnerables como un papel liviano ante el fuego.
La metáfora es también un agente que modifica un material, en este caso minimalista, compuesto por dos elementos que se tensionan suavemente: el cartón y el oro; el lápiz y el fuego.
Cuerpos sugeridos y fragmentados, apariciones sutiles que dialogan con quemaduras superficiales del soporte. La piel de un cuerpo, la membrana de contacto con el exterior, mostrarse lastimado, marcado, pero sensual a la vista, la distancia de la vista, que esconde un interior de cartón corrugado.





Esta exposición es también la respuesta que encontré frente a mi propio malestar, es un homenaje personal al poder de las y los artistas de transmutar las fuerzas de lo incómodo y lo insoportable en un signo, irrepetible, que conjugue belleza con inteligencia, necesidad con capricho, y diga de una manera abismalmente nueva de decir lo que muchos estamos viviendo en el cuerpo. Poetizar –como esa fuerza a contrapelo de volverse vulnerables– es lo único que lograría bajar la intensidad de ese pensamiento sin ritmo y en loop, del aceleramiento del cuerpo ansioso en estado de urgencia, de la incomodidad de reconocerse involucrados en relaciones que ponen en riesgo la integridad de nuestro propio deseo. Lo que me anuda a este recorte de artistas y trabajos es la aparición en las obras de esa pulsión de la vida, esa necesidad por volver al equilibrio, cuando se encuentra amenazada por las estructuras de lo moral. No se trata únicamente de producir obras de arte, sino de lo vital interrelacionado en su totalidad por el arte.


“En medio de la noche y sin descanso; abrir los ojos, desplazarse, buscar luciérnagas” plantea una cartografía de fricciones en las que las obras son emergente de esta tensión entre las formas de vida que los artistas pretendían seguir usando como punto de referencia y las fuerzas de los eventos políticos, económicos y culturales de los últimos años ejerciendo su presión hasta el peligro de sofocamiento. Son, por lo tanto, obras en las que se ponen en escena –antes que resolverse– las tensiones de la vida tal como se la conocía. Son el recurso imaginado, inventado, creaciones ex nihilo en tanto herramientas para seguir adelante. Es, por lo tanto, el resultado de la presión del tiempo presente. Es la forma que resulta del impulso del contexto sobre algunas subjetividades (entre las que nos incluimos con las artistas). Las luciérnagas, como las entendemos aquí, o mejor dicho, su política, es una que intenta ir más allá de las perspectivas optimistas o pesimistas. Para las luciérnagas no se trata de caer en la absoluta oscuridad de la desesperación y la no salida; tampoco en enceguecerse con los reflectores de nuestra cultura tardocapitalista generadora de homogeneidades estridentes. Las luciérnagas oponen a la total oscuridad unas breves y sutiles –así y todo absolutamente perceptibles– intermitencias de luz; las luciérnagas son la luz alternativa al deslumbramiento de los reflectores. Para percibirlas en la oscuridad o en la luz tenemos que salir a buscarlas, tenemos que saber verlas. Van a ser siempre tímidas, van a usar un lenguaje extraño, distinto. Están del lado de lo que no se conoce todavía pero se lo intuye por entero. Las luciérnagas imaginan mientras su luz se prende y se apaga.

Mariana Rodríguez Iglesias
2018



Inauguró el Jueves 28 de junio de 2018 a las 19 hs en Pasaje 17 (Bme. Mitre 1559 - CABA) @Pasaje17

Hasta el 16 de agosto de 2018

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