Hélio Oiticica y Nicola Costantino en la Usina del Arte

usina-may18.jpg

Tropicália y Éden, de Hélio Oiticica
Estas dos obras, consideradas entre las más importantes del artista brasileño Hélio Oiticica, son instalaciones penetrables que invitan al público a sumergirse en el universo del carioca a través de experiencias sensoriales.

El espectador forma parte, recorre con los pies descalzos un espacio habitado por aves, plantas tropicales, agua, piedras y alfombras de revistas, y así se va conectando con el espíritu de la búsqueda de Oiticica: un arte que nos desafía a asumir un rol más activo.

Tropicália es un laberinto sin salida, un mapa que funciona como una crítica al estereotipo de Brasil como paraíso tropical y que pone en escena la estética de las favelas como símbolo nacional. Su alcance fue tal que a fines de la década del '60 influyó en el surgimiento del Tropicalismo, un movimiento cultural brasileño de intención renovadora.

En Éden hay espacios diseñados para que el público pueda relajarse y conectarse con un estado de ocio que Oiticica consideraba indispensable para lograr una libertad interior tal que lo llevara hacia la creatividad. La obra da un paso más allá en la abstracción y se desprende, entonces, de las imágenes para poder reflexionar.

Tropicália y Éden llegan a Buenos Aires tras un exitoso paso por Nueva York y Londres, entre otras ciudades, en 2017.

Tropicália, con su multitud de imágenes tropicales, es una especie de condensación de varios lugares reales. Tropicália es un tipo de mapa: es un mapa de Río y es un mapa de mi imaginación. Es un mapa en el cual uno entra. En Tropicália creé una especie de escena tropical, con plantas, guacamayos, arena, piedras, guijarros, grava ... La sensación terrible que sentí allí dentro fue como si estuviera siendo devorado por mi propio trabajo, como si fuera un gran animal. Interpreté esto como si una transformación estuviese siendo procesada en mi trabajo y pensamiento. El problema de la imagen se presenta aquí objetivamente, y si bien el mismo es universal yo lo propongo como típicamente nacional, tropical y brasileño. Quise acentuar este nuevo lenguaje con elementos brasileños en un intento extremadamente ambicioso de crear un lenguaje que fuera nuestro, erigiéndose frente a la imagética internacional del Pop Art en la que una buena parte de nuestros artistas estaban sumergidos.

En Éden traduje mis experiencias personales en algo abierto. Al fin, esas cabinas son todas parecidas. Todas están basadas en una sensación de ocio, son un lugar donde acostarse, donde pensar. La arena, la paja, en las que uno se acuesta o permanece de pie, son nada más que accesorios para algo que siempre se relaciona con una condensación de percepciones; se trata de estar en una situación donde uno puede liberar dentro de sí algunas cosas esenciales. Éden es un "campus" experimental, una especie de aldea donde todas las experiencias humanas son permitidas. Es un lugar mítico para las sensaciones, para las acciones y para la construcción del cosmos interior de cada uno - por eso, se dan proposiciones abiertas e incluso materiales brutos y crudos para que el participante lleve a cabo acciones con ellos. Nunca estuve tan contento como con el proyecto de Éden. Me sentí completamente libre de todo, incluso de mí mismo."

Hélio Oiticica


Pardés - Instalación de sitio específico de Nicola Costanti
La leyenda antigua habla de un huerto, un jardín empalizado, que es muerte o locura para quienes lo profanan y para quienes destruyen las plantas que crecen en él. Sólo aquel que entra en paz sale en paz de ese oculto paraíso (etimológicamente, a la sazón, el hebreo “Pardes” y el latín “Paradisus” comparten una misma raíz proto-irania).

Nicola Costantino recupera para el arte el antiguo Pardés, pero lo hace en clave decididamente moderna. Lo que hay detrás de las puertas de este jardín instalado en medio de nuestra ciudad es difícil de explicar. Permanece irreductible a las oposiciones del tipo “vegetal/animal”, “femenino/masculino”, “humano/inhumano”, con las que tendemos a orientarnos en el mundo circundante.

El centro y el emblema de este Pardés moderno es la orquídea. Una flor cuya belleza es señuelo tanto para la avispa como para el humano que, seducidos, transportan su polen. El animal y el hombre devienen piezas del aparato de reproducción del vegetal. Los códigos, los diques, que contienen la diferencia entre los reinos y los sexos quedan real y simbólicamente desbordados.

Dentro del huerto bello, pero extraño, todas las oposiciones a las que estamos acostumbrados aparecen como limitaciones arbitrarias que no pueden contener las fuerzas desatadas de una naturaleza que no distingue entre los venenos y los elixires, ni entre los órganos sexuales de la vida animal y las formaciones vegetales que los capturan.



Inauguración Viernes 4 de mayo de 2018 a las 18 hs en Usina del Arte (Caffarena 1, esq. Av. Pedro de Mendoza - CABA)



Hélio Oiticica (1937-1980). Reconocido por su constante experimentación, el artista plástico brasileño fue uno de los más influyentes del siglo XX. Comenzó a formarse en pintura en 1954 con Ivan Serpa en el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro (MAM). Entre 1955 y 1956 participó del Grupo Frente. Desarrolló trabajos de arte abstracto y concreto, pasando de la bidimensionalidad a experimentar con el espacio en sus Invenciones, Monocromías, Bilaterales y Relieves espaciales. Entre 1960 y 1961 realizó su primer Penetrable y la maqueta de Projeto Perros de Caza. En 1963 presentó sus Bólides. Al año siguiente comenzó a crear sus ambientes participativos, Manifestaciones ambientales. En la exposición colectiva "Opinião 65", en el MAM, presentó Parangolés a partir de su experiencia con la Escuela de Samba de Mangueira. En 1967 organizó la exposición "Nueva Objetividad Brasileña" en el MAM y presentó Tropicália. En 1969 realizó su primera exposición individual en la Galería Whitechapel en Londres. En 1970 viajó a Nueva York becado por la Fundación Guggenheim, donde permaneció hasta 1978. En 1973 creó el concepto de "Casi-cine" e inició la serie Block- Experimentos en Cosmococa con otros artistas.

Nicola Costantino Nace en Rosario en 1964. Cursa allí la carrera de Bellas Artes. En 1992 presenta Cochon sur canapé (1992), su primera muestra individual, considerada actualmente una de las obras precursoras del arte contemporáneo latinoamericano. En 1994 entra al taller de Barracas de Fundación Antorchas. Cuatro años después representa a la Argentina en la Bienal de San Pablo. En 2000 realiza una muestra individual en “Deitch Projects” (Nueva York) y su Corset de peletería humana ingresa en la colección del MOMA. En 2004 presenta Animal Motion Planet, máquinas ortopédicas para animales nonatos, y Savon de Corps, obra con gran repercusión mediática. En 2006 entra al mundo de la fotografía, con más de 30 obras en las que encarna a distintas personalidades. Su interés en la imagen en movimiento la conduce a crear la obra autorreferencial Trailer (2010), y a abordar un personaje histórico femenino paradigmático como Eva Perón en Rapsodia Inconclusa (55a Bienal de Venecia, 2013). Dedica el 2014 al rodaje de su película autobiográfica La Artefacta. En 2016 desarrolla El verdadero jardín nunca es verde presentada en Galería Barro y en 2017 en el CCK.

usina-may18-2.jpg
compartir