Arte argentino. 100 años en la Colección Castagnino+macro

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El Viernes 11 de mayo de 2018 a las 19 h, el Museo Castagnino+macro (Rosario) inaugurará en sus dos sedes la exposición “Arte argentino. 100 años en la Colección Castagnino+macro”. La muestra está compuesta por tres núcleos: dos de ellos ubicados en el Museo Castagnino y otro en el Macro.


Museo Castagnino (Planta baja)
Un pasado expuesto: caminos del arte entre 1918 y 1968

Una exposición sobre los pasados del arte invita a considerar el problema de los usos del pasado y las cuestiones específicas de lo que se exhibe. Es una oportunidad para afirmar la memoria en términos propositivos –una cantera donde explorar presente y futuro– y revisar los modos del quehacer del arte y los artistas.

Esta muestra despliega diez escenas para configurar distintos trayectos del arte argentino entre 1918 y 1968 –con acento en la ciudad de Rosario, dado lo peculiar de la colección– y expresan algunas de sus variaciones estéticas, temáticas y de sentido. Aspectos que a la vez señalan otros contextos y problemas.

Se trata de un pasado expuesto en primer lugar a la emoción estética y al deleite, que busca propiciar un recorrido que acerque a distintos lenguajes, temas e intensidades. Sin embargo, aspira a que esta agitación sume una lectura crítica, porque exponer el pasado es revisarlo: afirma sus logros, sus conquistas y necesariamente, advierte sobre superioridades, dominios y ocultamientos.

También es un pasado que tiene vínculos estrechos con los contextos culturales, políticos, sociales y económicos de cada momento histórico. Los artistas tornaron explícitas o metafóricas estas cuestiones, las soslayaron o construyeron mundos ilusorios frente a realidades hostiles. En todo caso, siempre hay horizontes mayores donde situar y referenciar a los artistas y sus obras.

Un arco de tiempo de cincuenta años enmarca estas cuestiones. A los derroteros estéticos que van desde las irradiaciones del Centenario a los proteicos sesentas –caminos enfáticamente modernos, de luces intensas y sombras prolongadas– se suman las transformaciones de las subjetividades y de los colectivos sociales y, consecuentemente, de los avatares del país y del mundo.

Curadores: Adriana Armando y Guillermo Fantoni.



Museo Castagnino (Planta alta)
Derrames temporales de una colección. Itinerarios para volver a pensar la génesis del arte contemporáneo argentino

La colección Castagnino+macro se construyó a través de relatos superpuestos que hacen estallar una supuesta continuidad cronológica de lo que se encargó de mostrar. Tiene huecos en los que detona también lo que no pudo constituirse en su momento y retorna, anacrónicamente, para señalar una colección que quedó afuera.

Como espectro de una micro-política cultural, esta colección es también la forma de transitar esos espacios que construyen discursos historiográficos para pensar, entre otros temas, el arte argentino contemporáneo.

Partiendo de un cuerpo específico y expandido de obras, esta exposición propone la problematización de los paradigmas con los que, usualmente, se ha pensado la génesis de las prácticas artísticas desarrolladas en el siglo XXI.

¿Se puede divisar un cambio radical de paradigmas de pensamiento-acción con el Ciclo de Arte experimental, llevado a cabo por el Grupo de Rosario en 1968? O, por las coordenadas temporales, ¿sería más lícito asignarle este rol al denominado LIII Salón Nacional de Rosario: Arte sin disciplina, de 1995, que generó una apertura de referencia a nivel nacional?

Lo que se conviene en denominar décadas no siempre coincide con las discontinuidades, los cambios o las rupturas en el campo del arte. Aquí se aspira a poner en foco esos casos bisagra que desarman los períodos del 70, del 80 y del 90 como espacios únicos, cerrados e indivisibles. Estos fomentan la visión de una suerte de anacronismo respecto de obras de artistas que resultan representativas de ciertos momentos y condiciones de esas décadas y, sin embargo, están fechadas con posterioridad.

Cada una de esas décadas se pensó aquí desde construcciones superpuestas que las atraviesan y que operan en modos no sólo disímiles sino antagónicos en el mismo período y, en consecuencia, poseen visibilidades y velocidades diferentes. Los estigmas parciales (¿?) de la cultura oficial (que cristalizaron muchas veces en los premios adquisición de los distintos salones), se confrontan con zonas invisibles que se proyectaron simultáneamente y respondían, en muchos casos, a políticas externas. De esta manera, la muestra también alude a producciones que no pertenecen a la colección y resultan fundamentales para pensar ciertos momentos.

Desde esta perspectiva, que incluye como posibles épocas y décadas prorrogadas, suspendidas, se piensan también los lenguajes desde su diversidad y yuxtaposición, donde la obra da lugar a la documentación, considerando sus bordes ambiguos, y la práctica artística a la curaduría. Es decir, las discursividades en campo expandido. Así, la inclusión de citas de propuestas curatoriales dentro de la exposición, entre ellas Juego de damas, de Adriana Lauria –exhibida en 1995 en el Museo Castagnino y en 1996 en el Centro Cultural Recoleta–, es una referencia que alienta el deseo actual de una historiografía feminista del arte, cuyos destellos podemos encontrar también en otras muestras como Mujeres artistas (1996) y La línea roja (1991).

Bajo la impronta de una cultura performativa –como uno de los arquetipos posibles de la condición de contemporaneidad–, también han sido incorporados a este relato curatorial algunas acciones que permiten arribar a aquellos pensamientos que configuraron lo que hoy concebimos como colección, cuando ésta es re-imaginada como una plataforma de debates. Aquí cabe señalar el impacto que tuvieron los encuentros organizados por APA (Artistas Plásticos Asociados) y moderados por Guillermo Fantoni sobre las vanguardias de los 60 en el Museo Castagnino en 1984, en el marco de la exposición 1966-1968. Arte de vanguardia en Rosario.

En este mismo plano, y a la luz de la icónica frase “Pensar es un hecho revolucionario”, de la pieza de Marie Orensanz (2001), aparece como modo de convergencia entre esos tiempos distintos y más o menos lejanos cronológicamente, la activación de una serie de manifiestos del Grupo de Rosario, firmados y fechados en los años 60, a través de sus lecturas programadas escénicamente.
En estos itinerarios que claman la necesidad de una re-escritura de la génesis del arte contemporáneo argentino, lo disciplinar y su caída se torna un lema significativo.

Aquí el parámetro es el tránsito hacia el cambio de milenio, que estuvo marcado por la caída de lo que en algún momento de la contemporaneidad fueran los pilares de la construcción de verdad en el arte: las disciplinas y sus sostenes, las técnicas específicas. Sin embargo, y a través de los salones y exposiciones, se puede observar a las instituciones intentando detener esa diseminación hasta tener que hacerlas cuerpo, hasta tener que hacerse parte de ese devenir.

Ahí es donde se hace posible especular sobre algo que puede ser del orden del micro-acontecimiento: el LIII Salón Nacional de Rosario: Arte sin disciplina, de 1995, que hipotéticamente, ofició un cambio necesario para darle lugar a la contemporaneidad como condición sensible y programática. Situación que se acentuó institucionalmente con la conformación de la Colección de arte contemporáneo de Rosario en 2000.

Curaduría: Nancy Rojas y Roberto Echen


Macro
El fin del mundo comenzó en 2001. Exageración poética o determinismo histórico

Una colección de arte contemporáneo puede asemejarse más a lo que contiene una alacena, un bazar o un basural que a un conjunto de piezas artísticas socialmente identificables. Las confusiones materiales y objetuales pueden ser frecuentes sin el contexto. Los materiales de embalaje resguardan fragmentos de obras que se reconstruyen cada vez que se exponen. Son restos de una vida en la ciudad mostrados como vestigios estéticos o políticos que se cruzan con las imágenes de los estallidos que vimos en nuestras pantallas entre septiembre y diciembre de 2001. Ante esta imagen, sobrevolando sus antecedentes y observando las consecuencias de la onda expansiva imparable, pensamos en las posibles articulaciones que la colección del MACRO construye con la generación artística post-2001, post-comienzo del fin del mundo.

Ciertas imágenes conducían a la Argentina hacia el año 2000: nos movíamos entre la pobreza y la opulencia, el baldío y el building, el parripollo y el hipermercado. Hicimos como si todo hubiese transcurrido de un sobresalto y sin previo aviso. Ingresamos al nuevo milenio en medio de la dispersión, el ruido, las piedras, los grandes titulares y un nuevo vocabulario social que articulaba de modo simultáneo las ideas de escrache, riesgo país, piquete, cacerolazo o default. Ese mismo lenguaje comenzó a traducirse en el arte en diferentes procedimientos y modos de acción sobre el medio social y artístico. Los restos del estallido de la crisis ingresaron al imaginario estético de una generación de artistas, quienes articularon un nuevo uso del cuerpo, las materialidades y los recorridos urbanos. Con una mirada activa sobre el espacio y una estética despojada, objetual y performática a la vez, proponemos una selección de obras que abordan el espacio a través de instalaciones, en su mayoría resultado de la recolección de desechos de la ciudad o su evocación, restos del paisaje de la crisis como onda expansiva y ordenamientos de basura urbana asociada a la especulación estética.

El fin del mundo comenzó en 2001 no responde a una cronología que intenta mostrar una disposición a través de causas y consecuencias establecidas por las fechas de las obras, etapas de los artistas o agrupaciones temáticas y estilísticas. Mostramos el tiempo revuelto a través de la imagen de un clima de época. Esta sensación atmosférica se presenta desde la formación discursiva de un vaho climático a través de un recorte que ya no se ubica en lo contemporáneo como aquello que carece de definición, sino que establece un diálogo directo con los textos del catálogo inaugural del MACRO, ubicándolo en el momento en que devino histórico.

A partir de interpelar la visión de lo contemporáneo que sostuvo el MACRO en sus inicios, no elaboramos una lectura condescendiente con aquel espíritu que se programó la colección contemporánea, no intentamos reconstruirla. Interrogamos el sentido artístico de esta colección en el campo del arte y cómo articular sus obras con un momento del arte en Argentina.

Actualmente, el edificio propone otro modo de apilar las ideas, por eso indagamos sobre el presente que refiere menos con la definición de una categoría estética ya histórica, que con tratar de interpretar el presente desde nuevos conceptos. El fin del mundo comenzó en 2001 reúne un recorte de la colección Castagnino+macro centrada en la primera década post-2001, conteniendo no sólo algunos antecedentes de los años noventa que anticiparon tanto la debacle socioeconómica como la irrupción de una nueva estética, sino también la proyección hacia el presente en torno a las transformaciones materiales y discursivas de la nueva generación.

Curadores: Clarisa Appendino y Carlos Herrera



Inauguraciones Viernes 11 de mayo de 2018 desde las 19 hs en Sede Castagnino Avda. Pellegrini 2202 - Rosario y Sede Macro (Bv. Oroño y el río)

¡Habrá transportes en la puerta que trasladarán al público entre los espacios!

Imagenes
Berni, Antonio, Retrato
Sacco, Graciela - Cuerpo a cuerpo (de la serie Presencias Urbanas)
Del Río, Claudia, Coca Cola es un ejército
Sacco_Graciela_-_Cuerpo_a_cuerpo_de_la_serie_Presencias_Urbanas-castgmarco.jpg Del_Rio_Claudia_Coca_Cola_es_un_ejercito_-_macro.jpg CASTAGNINO-MACRO-MAY18.jpg
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