Lo que se hace por amor

Lo que se hace por amor. entre otros, Nina Kovensky, Julia Levstein, Florencia Mainetti en Museo Genaro Pérez (Córdoba) desde el viernes 16 de marzo de 2018 hasta el domingo 6 de mayo de 2018.

Lo que se hace por amor y en particular por amor al arte... no se hace por dinero.
Este presupuesto enmarca a las mujeres y en particular a las mujeres artistas, en un campo de esfuerzos desinteresados ligados a una concepción idealizada y opresiva sobre la entrega y la realización personal. Esta muestra situada en el Museo Municipal Genaro Pérez en el centro de la ciudad de Córdoba, disputa esta imagen al sentido común y la presenta como una pregunta ¿Cuáles son los mecanismos y creencias que operan tras el trabajo invisible de las mujeres?¿Cuáles son las condiciones que se nos imponen y que acabamos reproduciendo dentro del campo del arte? ¿Cuáles podrían ser las formas de comunidad y resistencia?

LO QUE SE HACE POR AMOR, curada por quien escribe y con asistencia de Victoria Gatica y Aylén Bartolino Luna, tiene lugar en tres de las salas de exhibición de la planta alta de dicho museo. En una de estas salas se encuentran en penumbras todas las obras realizadas por artistas mujeres de la colección de la ciudad, en su gran mayoría pinturas. Dispuestas en una situación de depósito estas piezas dan la espalda al visitante, menos una: una pintura realizada por Marta González Trabucco. Una niña que nos mira a través de un espejo como un guiño que nos habla sobre la visibilidad y la mirada a través de la pintura, lugar hegemónico de los hombres artistas por excelencia. En esta misma sala se enuncia, como lo único iluminado, el porcentaje de mujeres de la colección: 12,4%.

En las paredes de las otras dos salas se despliega un gráfico expandido, de grandes dimensiones, donde aparecen los nombres diferenciados de varones y mujeres pertenecientes a la colección, en una desigualdad fácilmente perceptible. En estas mismas salas podemos ver Vocabulario, la pieza de Julia Levstein. Una alfombra de fieltro de doce metros de largo que toma parte de la pared y gran parte del piso, la cual lleva impreso en letras rojas un archivo de artistas cordobesas. Este archivo está conformado por artistas trans, lesbianas y mujeres nombradas por otras artistas, con el sistema de bola de nieve. Propone un contrapunto a la colección, presente no sólo para nombrar a aquellas mujeres artistas que no aparecen en el reducido porcentaje, sino también con la ambición de expandir el espectro identitario.

La devaluada posición de las mujeres puede ser observada no solo en esta desigual representación en colecciones, sino también en galerías, y cargos directivos que afectan directamente las posibilidades emancipatorias de las artistas trabajadoras, en relación a la generación de sus propios recursos económicos y la ejecución de sus capacidades. Pensar en los quehaceres desde una perspectiva feminista implica enunciar desde el propio cuerpo aquellas actividades que realizamos y no son tenidas en cuenta, incluso más allá de la relación salarial.

Hallamos ciertos paralelismos entre el trabajo no reconocido de las mujeres, asociado a labores de afecto y cuidado, y el trabajo no remunerado realizado “por amor al arte” en las instituciones del campo artístico. Lugar donde se construye parte de la trama cultural a costa de su trabajo, la mayor parte de las veces gratuito o a cambio de un capital simbólico difícilmente capitalizable para solventar las condiciones materiales de sus prácticas. Estas condiciones altamente naturalizadas en la esfera pública y privada, se sostienen en el nombre de la realización personal, es decir bajo la creencia de ser actividades que nos hacen sentir plenas haciendo lo que amamos de manera desinteresada, para así aceptar con gratitud un trabajo no remunerado.

Encontrarnos con artistas mujeres es encontrarnos con una situación de doble invisibilidad, la falta de reconocimiento histórico de su trabajo por su condición de género y la situación particular en que nos encontramos la mayoría de lxs las artistas visuales respecto al no reconocimiento de nuestro hacer, en sus múltiples derivas, como un trabajo remunerable. Repararemos en un ejemplo paradigmático: el trabajo de la puta, estigmatizada por cobrar por “lo que se hace por amor”, está atrapada en el juego de una sociedad que la juzga por cobrar dinero haciendo uso de aquello con lo que la misma sociedad la ha estigmatizado, ser objeto de deseo. Quizás el hacer artístico, al igual que el amor y el afecto, no responden a medidas cuantificables para una economía que mide la productividad. Ambos tienen una naturaleza ambigua, de procesos poco claros e inidentificables en muchos casos. Aún así podemos afirmar que cualquier categoría social es un recorte arbitrario y no existe tal cosa como la separación entre lo político y lo afectivo, entonces este no puede ser el motor de la explotación, sino la fortaleza para la transformación.

Nos interesa que profundicemos un poco más sobre algunos sentidos comunes que circulan dentro del campo artístico, prejuicios que encontramos respecto a los quehaceres de las artistas mujeres. Sospechamos (y no solo es una sospecha) que muchas de las artistas no tenemos dentro de nuestro horizonte profesional que nuestras obras sean calificadas de “femeninas”, a la vez que es un calificativo muy común para las producciones de las mujeres. Pensemos un poco por qué. Esta categoría es un atributo construido social y políticamente e implantado sobre el cuerpo de las mujeres como algo “natural”. Lo que nos ha llevado a encarnar el arte de la sumisión y borrar de nosotras todo lo que tenga que ver con el dominio de la competencia. “Lo femenino” entonces, es usado como carente de compromiso ético, referente a las emociones, algo soft, pequeño o respectivo a las flores y lo doméstico. Siguiendo esta línea de pensamiento, ser definida como artista con una obra femenina sería algo similar a aceptar que todas las mujeres no podemos ser otra cosa que amas de casa, es un calificativo y un hacer que nos “descalifica”. Sin embargo, nos gustaría reivindicar “lo femenino” tanto como el quehacer de las amas de casas, no como un atributo esencial sobre el cual no podemos elegir, ni discutir, sino como un espacio de lucha y de potencia. Mientras pensemos que podemos ser algo “mejor” que femeninas, algo “mejor” que amas de casa, estamos aceptando las condiciones de una sociedad que nos descalifica bajo estas etiquetas. Discutir y construir lo femenino como una categoría de sentido en disputa puede ser una tarea a emprender, para que lo femenino no nos hunda sino que nos ayude a impulsarnos.

Pero sigamos adelante, claramente los atributos de la femineidad y la masculinidad o la identidad de mujer y varón son categorías esencialistas e idealizadas, reduccionistas y binarias imposibles de ser encarnadas por algún individuo en su totalidad, más bien estamos en un proceso de continua transformación. De esto hacen eco varias actividades de la muestra que se están desarrollando en el museo, con el propósito de hacer de las salas de exhibición un espacio vital y en contrucción. Una declaración de guerra fue el título del taller de autodefensa, muay thai y jiu-jitsu para trans, travas, tortas y mujeres, coordinando por Fernanda Leunda y Celeste Onaindia junto a las instructoras Karen Vázquez y Leonela García. Un taller que ocupó las salas de exhibición durante toda una jornada, donde cuerpos diversos e identidades en construcción ensayaron modos de defensa y de afecto en comunidad.

Un asado con amigos fue la acción de Danilo, heterónimo de Jules Grube con características de Drag King, quien atravesó la crisis de su masculinidad en un clásico ritual social, el asado de los sábados, un espacio cargado de estereotipos heteronormados con la intención de crear un territorio nuevo. Otras acciones aún están por realizarse: Un cuerpo todos los cuerpos, jornada de improvisación en danza coordinada por Florencia Mainetti y la proyección de la película Que aparezca Maresca de Nina Kovensky y Mica Ritacco que terminará con una pista de baile.

Estas actividades deambulan por los espacios del museo intentando hacer de él un territorio donde podamos ensayar formas no delimitadas de definirnos y con el deseo intenso de que cada cuerpo encuentre la potencia particular que lo sostiene. Creemos que hoy tenemos la posibilidad de deformar a este sujeto separado, completo y soberano de sí mismo que la modernidad ha erigido como bandera. Queremos poder hablar de nuestras prácticas artísticas, corporizar el desborde de las estructuras y asumir, de este modo, nuestro cuerpo y las instituciones como campos de batallas donde desnaturalizar lo normado, construir otras ideas sobre el amor, inventar otras formas de vida política y contagiarnos de la vibración que contiene el deseo.

PRÓXIMAS ACTIVIDADES DE LA MUESTRA:
Viernes 20 de abril 18hs
UN CUERPO TODOS LOS CUERPOS / UNA JORNADA DE IMPROVISACIÓN EN DANZA
POR FLORENCIA MAINETTI

Jueves 26 de abril a las 18hs
QUE APAREZCA MARESCA / PROYECCIÓN DE LA PELÍCULA
POR NINA KOVENSKY

La muestra se puede visitar hasta el domingo 6 de mayo en el Museo Genaro Pérez
Av. General Paz 33, Ciudad de Córdoba

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