Inés Eliçabe y Juan Gugger en NN (La Plata)

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Canchas de paddle locutorios y Facebook de Inés Eliçabe con curaduría de Javier Samaniego Garcia.

Estamos en el tiempo de la novedad y el aburrimiento fácil. Donde nada entretiene y todo nace
viejo. Un limbo. Extraño remix entre lo real y lo virtual.

Nuevas formas de experimentar estéticamente el mundo (editado) aparecieron.

“Conectada 24/7”. Le ganamos a la soledad, siempre hay alguien online.

Nada nos asusta, Black Mirror, Matrix, Blade Runner, Brazil y Terminator nos advirtieron.

Hacer con lo que tenemos a mano: un posteo, una selfie, una transmisión en vivo, un gif, un video
de youtube/vimeo, lo que sea.

Los cines se transformaron en estacionamientos, las canchas de paddle en lavaderos, los locutorios en locales de cerveza artesanal.

Pero Facebook e Instagram no. Tampoco Fotolog, Tamagochi, Dubsmash y Pokemon go.

Este asqueo vaticina el fin, pero lo nuevo no aparece.

Javier Samaniego Garcia




Todo lo desvanecido ha sedimentado en las superficies de Juan Gugger con curaduría de Clarisa Appendino.

MIENTRAS HAGO DE UNA CAJA DE IRON MOUNTAIN UNA ESCULTURA, SUEÑO CON EL DIA
FLAMANTE Y PRIMIGENIO EN QUE DECLARE UN READYMADE DE LA CARCAZA DE UN STARBUCKS ABANDONADO, Y PUEDA VER A LOS ARTISTAS OCUPANDO LAS GIGANTES CONCESIONARIAS VACIAS SOBRE AVENIDA DEL LIBERTADOR. Y EL FRAGIL ESQUELETO DE HORMIGON DE LAS OFICINAS DE ITAU —EN VIAMONTE Y CERRITO— SERA LA ESCULTURA MAS HERMOSA DE LA REPUBLICA ARGENTINA.

Hay un laberinto que nunca pudo sortearse en el ámbito de la imagen. Ni con el hilo de Ariadna, ni
con las habilidades de Teseo pudimos salir del desconcierto al que fuimos arrojados. Porque justamente entramos en una situación entre cotidiana y excéntrica en la que la imagen (esas cajas
que están ahí) se nos presenta como evidencia. (Evidencia proviene del latín e implica que lo que
está delante de nuestros ojos no puede y no tiene por qué ser cuestionado, existe entonces una
certeza clara y manifiesta de la que no se puede dudar y, sobre todo, expresa la cualidad o la
situación de lo que se hace visible y manifiesto desde su interior hacia afuera). Ninguno de los
cuerpos y pliegues representados en pinturas y esculturas en toda la historia occidental clasicista
del arte nos hicieron dudar de que aquello fuera carne o tela. Ni la dureza del mármol, ni lo
blanquecino y frío de la piedra, ni lo pegajoso del óleo hizo que vacilemos al nombrar aquellas
formas como cuerpo y ropaje.

La copia es uno de los síntomas de occidente que no hizo otra cosa que disfrazarse siempre de
original, al mismo tiempo que nos regaló las historias más hermosas de amor y admiración. Las
esculturas de la Antigua Grecia son conocidas, en su mayoría, a través de copias romanas. En esas
copias hay, desde un comienzo, una selección de lo que se copia y una situación de pasaje: de
metal a mármol, de cartón a concreto, de deidad a canon, de caja a objeto. Además hay pérdidas y
ganancias: se abandonó (o se perdió) el color junto a las aplicaciones de piedras preciosas y se
alejó de su contexto simbólico; pero se ganó en ¿difusión, permanencia, tradición? ¿Se ganó en
Arte? Aún no sé cuál es la ganancia de la copia, porque esas evidencias siempre quedan en la superficie. Hay algo que pasa en el contacto del cartón con el cemento: los materiales, aunque
opuestos, son solidarios. Esto es lo que estamos indagando. Entonces se abandona el color pardo y
cálido y se degradan las tintas gráficas, se reestructuran los detalles y se solidifica una imagen
corrugada en la superficie del concreto. Hay algo leve, frágil y minúsculo (que son los detalles en la
superficie) que nos enseñó todo acerca de la mímesis y la indistinción visual.

Esto nos demuestra que la mímesis es anterior al arte y que la copia, el calco, la reproducción,
incluso el molde, establecen siempre una relación con el pasado, una correspondencia con lo ya
desaparecido, una intimidad con lo frágil y lo deshecho. Lo que produjo el calco ya está muerto,
como un fósil, un sudario, el manto de verónica, una momificación, e incluso, como el cartón
después de humedecerse.

El procedimiento se vuelve absurdo al construir un molde, es decir, un negativo (aunque sólo las
palabras lo adviertan), que se proyecta al futuro, pero la posibilidad de uso es casi nula. Hay un
nudo de tiempo. Otra vez nos vemos generando archivos obsoletos para un futuro incierto, como
si quisiéramos dejar los fósiles del consumo guardados, para controlar los desechos que viajarán a
la historia, a la posthistoria, a la suprahistoria. Son los modelos de marcas que preferimos o
usamos o dominan o encontramos en las calles de la ciudad. Entonces la recolección es el sentido
primario de este objeto frío y gris porque el contexto determina las marcas.

El espigar tiene algo del azar al mirar una esquina, en el residuo o ir a la zona de descarga de los
supermercados. Leemos marcas, palabras conocidas, cercanas, pero en la distribución de esos
productos nos es oculta, entonces todo es, al mismo tiempo, un poco distante. Para su distinción
los objetos tienen borrado el rastro de producción y deben ser aislados entre sí, como si las
góndolas fueran en realidad una sucesión de pedestales. ¿Qué diferencia existe entre el modo de
exhibir las latas de tomates en los supermercados y la manera de mostrar las vasijas griegas en el
museo?

Si pensamos en los contextos y la circulación, o en las valoraciones que esto genera, para los
romanos el mármol no significaba una estimación de superioridad estética, sino un material que
estaba al alcance, cercano. El sentido elevado vino después. Pero en este caso, el que estamos
observando, pasa algo distinto: no es lo mismo la arena de las Islas Caimán que la del río Paraná.
No porque hablemos de un territorio británico concebido como paraíso fiscal en un caso o se trate
de un corredor comercial de exportación, importación y contrabando de mercancías en otro; sino
porque una contiene arena blanca y fina del Caribe compuesta de restos marinos y la otra es más
parda y dorada con restos de vegetales y rocas del litoral argentino. Esta caracterización no afecta
a las marcas sólo en la cuestión conceptual, sino fundamentalmente en la composición material:
porque el concreto es cemento y arena. El primero calca la textura y organiza la forma, la otra
constituye estructura y espesor. Pasamos del plano al objeto, de la calidez del cartón a la dureza
del cemento para seguir confiando, ciegamente, en lo que vemos.

─ Estas “cajas” están abiertas, por eso no pueden apilarse.

─ Pero sí arrimarse o agruparse. La evidencia está en el conjunto, en la identificación, no en la
unicidad como un retrato solemne.

Clarisa Appendino

Inauguración Viernes 6 de abril de 2018 a las 20 hs en NN (Calle 49 #719 - La Plata)

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