Particularmente importante para mí

A Goldenstein no le importa la fotografía ¡qué suerte!; le importa el arte. Pero ¡por suerte! no ese
malentendido que llaman arte los no artistas con pretensiones. Goldenstein jamás necesitaría colgarse de un trapecio como un contorsionista para sacar una foto; a él le alcanza con ver.




Una vez despejada la fantasmal artyness (en inglés el concepto es menos solemne) todo resulta muchísimo más fácil, para un verdadero artista. Pensemos, si no, en la “intimidad” escenificada por Nan Goldin en su propio álbum ¿privado? o en el hanging out de los muchachos ingleses de Paul Smith o en la cotidianeidad enrarecida de su “familia muy normal” vista por el ojo de Richard Billham, un fotógrafo no fotógrafo, y no por eso (o por eso mismo) menos artista.

El problema es de quienes no somos artistas. ¿Podremos ver? Si yo supiese retratar a Goldenstein –una frase, una foto- todas estas palabras serían innecesarias. Pero no puedo. Entonces, ante el fracaso inminente recurro al desplazamiento más vanidoso: hablar de mí. Abiertamente, así, en clave biográfica.
Cómo no hacerlo cuando sus talleres de imagen del Rojas fueron particularmente importantes para mí el año pasado. Con Goldie descubrí una práctica reveladora en su poder de realización y en su poder de realizar en mí. Ante la evidencia de las fotos reveladas y mostradas cada clase se disolvían las intenciones previas: las fotos eran o no eran. Había que“bancarse” las fotos de la semana y animarse, una y otra vez, al bochorno o peor, a que no pase nada, así mansamente, con la disciplina y entereza del nadador metódico que se entrena ida y vuelta, ida y vuelta de madrugada. Para llegar recién sí a entender, casi sin darnos cuenta, la frase con la que solía responder Robert Frank a la pregunta de por qué fotografiaba: ”Simplemente para ver cómo se ven las cosas fotografiadas”. Una respuesta en nada tautológica.

Con el tiempo, el artista Goldenstein se fue desarmando de gadgets fotográficos; pasó de la cámara de placa a la pocket; del peso solemne del blanco y negro al color brillante, neto y contrastado; y como los nadadores minimals a lograr lo máximo de cada esfuerzo. En cada exposición, menos fotos. En sus muestras siempre nos quedamos con ganas de ver más, igual que con las golosinas o con el placer del espionaje a través del ojo de la cerradura. Fotos de jóvenes exultantes o en tensión reposada, autorretratos difusos e inquietantes. Posibilidades infinitas de inventarse a sí mismo e inventar recuerdos a partir de una mirada sobre y junto a las cosas. Un modo de ver y de no ver, de mostrar y de ocultar a la vez, en juego espejante entre el exhibicionismo y el pudor.

El espíritu festivo y a la vez sereno de Chacra 99 invade como un aroma las últimas fotos: instantes
congelados, pelucas, chongos in disguise, alegría y cansancio de fin de fiesta.

Una anécdota final. Momentos previos a la inauguración de su muestra en la Alianza Francesa, las
autoridades galas aconsejaron a Goldenstein cubrir con estratégico velo una foto que mostraba el muslo de un muchacho en flor salpicado por dos gotitas de semen. (¿propio?). El fotográfo concedió el pedido (cómico) del elegante velo, seguramente porque sabía que en el arte como en el amor, como en el deseo ya no se oculta lo que se devela. Tenía razón, porque al mejor estilo de las apariciones milagrosas, lo prohibido -su mundo de alusiones más que su materialidad- reapareció en otro ámbito: Belleza y Felicidad, en otro barrio: Almagro. Claro que en el corrimiento geográfico también (necesariamente) había un desplazamiento simbólico. Las “4 fotos privadas” exhibidas en el bazar más trendy de Buenos Aires y casi en simultáneo con las fotos en la casa de la cultura francesa deben entenderse como el otro yo de la muestra “oficial”. Finalmente, el crimen pareciera haber pagado con una representación perfecta en la propia escena del crimen. Finalizando la charla de Orlan, artista francesa que siguió a la muestra de Goldie,y al mejor modus operandi Columbo, la artista, editora y galerista Fernanda Laguna preguntó muy perspicaz con la inocencia insolente del que se sabe en la verdad: por qué se había ocultado el semen de Goldenstein y festejado la sangre de Orlan. (Todo esto sin mencionar que la artista francesa en el año 1967 expuso en la calle su ropa interior manchada con ....semen). El señor francés del estrado intentó balbucear una respuesta pero como no pudo convencer a nadie, con la boca seca y entre dos lenguas pidió un corte, perdón: dio por terminada la charla. Esto no es más que una anécdota.



Palabras sueltas robadas de las clases de Goldie para leer de corrido y en la mayor levedad.

Es Goldenstein quien habló y dijo:

Nada puede ser más que la luz. Si la luz es, la foto es - El encuadre es el relato - Tener una idea de lo que es una buena foto, en general, es una mala idea y probablemente, una mala foto - Si yo pudiera mirar en sus cabezas no les pediría que sacasen fotos – La foto como organización de un instante – Ver las propias fotos como si fueran de otro - Para retratar hay que elegir a alguien a quien se pueda ver - Fotografiar a los padres es difícil - Mirar el color de la luz y no tanto el Alba de las cosas - No enamorarse de las propias fotos – Es difícil llegar a fotografiar lo que uno ve - La foto tiene que ser la cosa, no tratar sobre la cosa - La fotografía no termina cuando se toma la foto sino cuando se la ve revelada y copiada - No se fotografía ni un lugar ni una persona, sino al fotógrafo mirando y recortando ese lugar y esa persona - Todos hemos sacado alguna vez alguna foto feliz – Saber distinguir entre una buena foto y un gran artista - Bancarse las malas fotos propias - Animarse al bochorno – Un alumno dice: “me interesó esa hoja porque tenía dramatismo”; el profesor responde: “La hoja podrá tenerlo, la foto definitivamente no lo tiene” - Las fotos al azar nos vuelven conscientes de que constantemente fragmentamos el espacio - Sumarse al azar, ponerlo a jugar a nuestro favor - Un clima planteado pero no fotografiado - Distinguir entre visión y pensamiento; distinguir entre una imagen y un listado de voluntades – Acá veo una expresión de deseo pero la foto no está - ¿Qué se amplía? Lo que uno está seguro que ya es o lo que necesita aún ver – La foto es una excusa para aprender a ver – Lleva tiempo aprender a mirar las fotos de uno - Una foto es un fragmento dentro de infinitas posibilidades – Todo depende de la relación de cada uno con la cámara. Si hay relación real la foto sale fácil; y si no hay, ni se gasten - No buscar la foto, encontrarla - No se trata de documentar los que ya sabés sino de encontrar una nueva perspectiva – Imprescindible estar alerta y entregado - Hay que seguir viajando con el ojo - Tomar fotos en la calle es el gran tema y la gente, el gran problema – Yo puedo sacar fotos lindas pero no me interesa sacar fotos lindas - No tengo salida, tengo que ir y hacer la foto. Y si no saco la foto, ¿qué hago? Porque yo sé que no me puedo dedicar a otra cosa - La diferencia entre una foto misteriosa y una en la que no se entiende nada - Apenas uno saca una foto buena, empieza lo malo – Cuando todo falle, agarrarse de la luz. La luz es garantía de foto “interesante” - Visto desde la luz todo es interesante fotográficamente - Viajar por la luz - Si me contás una foto, yo te diría que mejor no me la muestres.

¿Cómo leerá Goldie éstas sus palabras devueltas en eco deformante? ¿como copia velada o responderá, con derecho, con Bart Simpson: “Yo no fui. Nadie me vio. No pueden probar nada.”? . Por cierto, debieran leerse como lo que sencillamente son: citas traicionadas, robadas con teleobjetivo y publicadas al mejor postor por una paparazzi de las palabras.


Texto publicado en revista Deimos


Materia en los bordes. Una retrospectiva de Alberto Goldenstein inauguró el Jueves 15 de Marzo de 2018 en Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (MAMBA)

por Mariana kiwi Sainz (1999), 16 de Marzo de 2018
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