Arte y género: el desafío de seguir compartiendo el mundo

Compartir el mundo. Un libro sobre la experiencia de las mujeres y el arte, editado por María Laura Rosa y Soledad Novoa, Metales Pesados, Santiago de Chile, 2017.






Desde hace algunas décadas distintas investigadoras se han dedicado a problematizar los relatos canónicos de la historia del arte desde la perspectiva de los estudios de género. Si bien fueron las reflexiones críticas de teóricas norteamericanas y europeas las más resonantes desde los años 70, también desde América Latina han surgido voces que cuestionan los valores patriarcales y sexistas que circulan en el campo del arte. El libro Compartir el mundo. La experiencia de las mujeres y el arte, compilado por las historiadoras del arte María Laura Rosa (Argentina) y Soledad Novoa (Chile) recoge, justamente, varios estudios que dan cuenta de una trama hasta ahora invisible de obras, artistas, textos y lecturas feministas en nuestra región.

Centrado en producciones surgidas en Chile, Brasil, México y Argentina, el libro contribuye a la comprensión el arte de los Siglos XIX y XX en Latinoamérica teniendo en cuenta otros trazos y recorridos donde las mujeres fueron protagonistas silenciosas y/o silenciadas. El arco temporal de los trabajos de la compilación es amplio: más de cien años en los que podemos observar cambios -pero también de continuidades- en torno a los discursos sobre lo femenino, el arte, lo doméstico, la igualdad de oportunidades y la conquista de derechos.

El artículo de Ana Paula Cavalcanti Simioni se centra en el mundo del arte brasileño en el período 1844-1922, poniendo en tensión la construcción historiográfica que presenta la aparición de las mujeres del modernismo en los años 20 como heroínas solitarias. La autora demuestra, a partir de un exhaustivo trabajo documental, la existencia de una importante tradición femenina que data del S XIX. Se trata de artistas que fueron relegadas por la crítica y categorizadas como “aficionadas”, es decir, no dignas de ocupar el lugar de los artistas profesionales. Ligada a esta idea aparece la cuestión de la formación y el acceso de las mujeres a las instituciones educativas oficiales: no fue sino hasta 1892 que se estableció en Brasil la matricula femenina en la academia nacional de arte.

En relación con Chile, el texto de Gloria Cortés Aliaga presenta un grupo de mujeres artistas que actuaron entre fines del SXIX y los primeros años del SXX explorando las posibilidades de autonomía y libertad frente al poder patriarcal. Fueron esas primeras pintoras profesionalizadas las que con mucho esfuerzo y tenacidad se movieron entre el espacio doméstico y el campo artístico deconstruyendo los estereotipos y creando nuevas posibilidades de lo femenino. A pesar de su importancia, solo un pequeño porcentaje de estas artistas es conocido e incluido en los relatos de la historia del arte. Convencida de la importancia de recuperar esas trayectorias, la autora señala la necesidad de realizar un trabajo arqueológico sobre los archivos: ausentes en los museos, las fuentes hemerográficas se convierten entonces en los reservorios de aquella producción material olvidada.

Mientras tanto, la Buenos Aires finisecular parece estar fascinada con la presencia femenina en el mundo del arte. Así lo muestra el trabajo de Georgina Gluzmán sobre la cultura artística femenina entre 1980 y 1910. Allí se reconstruyen las particularidades de las carreras de mujeres artistas y también se analiza su escasa valoración en las historias del arte argentino elaboradas desde 1920. Resulta muy interesante la caracterización de la figura de Lola Mora que compone la autora, atendiendo al proceso de victimización y heroización de su figura como “la pintora de las flores” o “la artista patriota”.

Las problemáticas planteadas por el arte feminista de Argentina, Brasil y México son el foco de interés del escrito de María Laura Rosa. Más allá de la autodenominación de cada artista, la autora construye un corpus de obras críticas que tematizaron y/o denunciaron situaciones de desigualdad y opresión sufridas por las mujeres, muchas veces en consonancia con las consignas de las luchas feministas de los años 1970-80. En el caso de Buenos Aires, el disruptivo activismo de creadoras como María Luisa Bemberg, Sara Torres, Ilse Fusková y Alicia D´Amico, entre otras, generaron debates y reacomodamientos en el espacio artístico, marcando un momento dorado del arte feminista en los años de la posdictadura militar. El texto también se ocupa de las producciones de Wanda Pimentel, Regina Vater, Norma Bahia Pontes y Rita Moreira en Brasil y Mónica Mayer en México. Ésta última fue una importante presencia en los grupos feministas surgidos desde los años 70: señaló, entre otras cosas, la invisibilización que sufrían las artistas mexicanas, tanto en el campo político como en el cultural.

Siguiendo con los vínculos entre arte, feminismo y política, el artículo de Soledad Novoa reflexiona sobre las estrategias de activistas y artistas en Chile en las décadas del 70-80. Se detiene particularmente en el colectivo Mujeres por la vida, que en plena dictadura ocupó el espacio público para hacer escuchar sus exigencias de democracia en el país, pero también en el hogar. Instaladas en la calle, a pesar del miedo y el silencio de la mayoría, articularon su lucha contra el poder dictatorial con las demandas específicas del movimiento de mujeres, desafiando el accionar represivo del régimen militar.

Por último, Luana Saturnino Tvardovskas aborda la tríada género-clase- raza considerando el movimiento feminista de mujeres negras en Brasil y las críticas a la universalización de una identidad femenina blanca, burguesa y heterosexual. La obra de la grabadora paulista Rosana Paulino le permite rastrear algunas coordenadas de las discusiones sobre el género y la etnicidad. Los tópicos planteados por esta artista refieren a la experiencia negra y femenina, los roles sociales asignados, la sexualidad, la violencia y el racismo.

Tal como esperan las autoras, la compilación enriquece la bibliografía existente y aporta miradas más inclusivas sobre el devenir del arte latinoamericano. Al mismo tiempo, el libro invita a seguir revisando archivos, documentos y obras desde perspectivas renovadas que nos permitan construir historias y relatos más igualitarios, donde los feminismos y lo femenino tengan su merecido lugar.

Editorial Metal Pesado (Chile)
En Buenos Aires Librería Santa Fe

por Daniela Lucena, 16 de Marzo de 2018
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