Cuadros y acuarela montadas para debatir bases ideológicas

La vida. Florencia Böhtlingk en Hache - galería de proyectos de arte contemporáneo desde el martes 13 de marzo de 2018 hasta el sábado 21 de abril de 2018.

Florencia Böhtlingk presenta un conjunto de pinturas que se organizan en torno a dos núcleos:
Misiones y Río de la Plata. Estas pinturas son un repaso no antológico ni retrospectivo; tampoco se
erigen como un muestrario de estilos. Son pinturas que intentan señalar la inventiva de la artista en
términos formales y su sensibilidad, como un sismógrafo para la calma. Dice Alejo Ponce de León:
“Negarse a mirar hacia adentro del aparato del arte para hacer arte es la disposición esencial que
organiza su obra. Cuando empieza a pintar la vida, tuerce su perspectiva para mirar hacia afuera (…)
Así se ve una muestra de pintura sin vueltas. Una pintura perfectamente antagónica, que hizo el
sacrificio descomunal de ser ella misma para que todo el resto pudiera existir en su interior.”




La vida, coincide con el lanzamiento del segundo libro de acuarelas de Florencia Böhtlingk enfocado en el Río de la Plata; editado por Mansalva al igual que Misiones, el primer tomo.


Los cuadros y la acuarela que se ven montadas en este espacio trabajan para debatir bases
ideológicas, por eso la obra de Böhtlingk atrae indistintamente a pintores de oficio y a algunos pocos
intelectuales preocupados y responsables. Del ínfimo número de pinturas raras que podemos ver en
Buenos Aires, podríamos decir que estas son las más raras.

Sabemos que Böhtlingk tiene el don de lenguas y que su pintura trafica signos que por lo general no
asociaríamos con Buenos Aires, ni con una época puntual, ni formalmente con sus colegas. Pienso en
las monjas visionarias, en las más pintorescas, como la abadesa de Cubas de la Sagra, Juana de la
Cruz, que durante sus éxtasis hablaba latín, francés, árabe y vasco. El problema con referenciar
momentos de delirio visionario en esta obra consiste en que no hay ruptura dramática de ningún
orden. La muestra se llama La vida por eso, porque lo raro que tiene esta obra es precisamente su
tendencia a volverse una continuidad mundana y total, de pasar como las horas. De ser hermosa o de
una complejidad infinita, como una migraña que se parece a la niebla.




Todo lo que es, dentro del arreglo social que definimos como arte contemporáneo (y en particular bajo
la seccional de la pintura contemporánea), simplemente no está en estos cuadros, no tiene nada que
ver con esta pintura.

Negarse a mirar hacia adentro del aparato del arte para hacer arte es una de las disposiciones
esenciales que organizan estos trabajos, pero no su razón de ser. Cuando en algún momento incierto
de crisis Böhtlingk empieza “a pintar la vida” en lugar de, digamos, pintar cuadros, tuerce el cuello para
mirar hacia afuera, para acercarse a las cosas que tenía enfrente: un bote, la muselina del sol
cubriendo el ocre líquido del río. Este antagonismo no podría definirse como un reflejo reactivo ni
como un exilio: las varias formas que toma esta pintura son el producto de estarse enfrentando
continuamente y de manera exclusiva a la propia imagen que genera. El vicio clásico del autorretrato,
por ejemplo, la pone frente a sí misma, y a la pintura la pone frente a la pintura. La ventana de su casa
la pone frente a las cotorras, y la pintura la pone de nuevo frente a las cotorras y frente a la pintura. Así
con sus amigos, con los libros que lee, con los barcos que ve pasar, con sus vecinos, con la sangre de
un chancho degollado en una construcción de monte.




No podría hablarse entonces de un trabajo de depuración progresiva con el objetivo definido de la
perfección pictórica, sino más bien de una charla permanente con el mundo y con el mundo que esta
misma pintura devuelve. Una discusión interna sobre cómo ver siempre las mismas cosas, sobre
cómo ver desde la ventana del taller a las garzas manchando de blanco y paciencia el paisaje todos
los días. En ese sentido, es una pintura que sale de la experiencia y por eso es producto, también, de
interpretarse a sí misma como fenómeno.

Lo que hace Böhtlingk, lo que vuelve raros a estos cuadros (y a la solitaria acuarela), es su inclinación
a no aceptar ninguna idea de naturalidad. Ni el arte de su país, ni sus códigos formales, ni su época; ni
las anatomías, ni la inclemencia de las formas, ni su propio rostro.
Esta pintura es una bóveda para la vida, para toda su sustancia ordinaria, molecular, inacabable.
Böhtlingk consiguió, con una fe extrañísima y un talento aún más raro, que la misma función se
aplique también en sentido inverso, que la vida sea una bóveda para su pintura.

Alejo Ponce de León (Curador de la muestra)






Inaugura el Martes 13 de Marzo de 2018 a las 19 hsen Hache (Loyola 32 CABA) Twitter: @hachegaleria Instagram: @hachegaleria






Florencia Bohtlingk nació en Buenos Aires en 1966. Vive y trabaja entre Buenos Aires y Misiones. Estudió en la Escuela de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón; Escuela Ernesto de la Cárcova y en el taller de Jorge Demirjián. Profundizó sus estudios de pintura con Luis Felipe Noé y Gabriel Messil. En 1994 Fundación Proa le otorga una beca de formación con Guillermo Kuitca. Enseñó pintura en el Centro Cultural Ricardo Rojas. Realizó exhibiciones individuales en Galería Zavaleta Lab, Buenos Aires (2014); Museo de las mujeres, Ciudad de Córdoba (2011); Galleria Blanchaert, Milano (2010); Galería Francesco Zanuso, Milano (2009); Galería Dabbah Torrejón, Buenos Aires (2009); Hogar Collection, New York (2007); María Casado Galería, Buenos Aires (2007); Belleza y felicidad, Buenos Aires (2004); Belleza y felicidad, Buenos Aires (2002); Centro Cultural Ricardo Rojas, Buenos Aires (2001). Su trabajo ha participado de las siguientes exhibiciones colectivas: Pruden, Guerrieri, Böhtlingk, curada por Claudio Iglesias, Galería Sly Zmud, Buenos Aires (2017); Paisaje, el devenir de una idea, Centro Cultural Kirchner, Buenos Aires (2016); Arellano Bohtlingk Londaibere, Filiaciones, Fondo Nacional de las Artes (2015); Bellos Jueves, Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires (2014 ); Política y Belleza de las tareas, Museo Macro, Rosario (2012 ); Pintoras, Centro Cultural Borges, Buenos Aires (2012). En 2013 publicó un libro sobre 20 años de su obra (1992-2012). En 2015 publicó Misiones, libro de acuarelas que forma parte de la Colección popular de arte Argentino de la editorial Mansalva. Durante e2015 y 2016 realizó un documental en formato cine titulado Colonos de la Flor.


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Crudo