Del verbo "arruinar"

soliloquio, la ruina. Julián Matta, Val Vargas en Cultural San Martín desde el miércoles 6 de diciembre de 2017 hasta el martes 6 de marzo de 2018.
Conjugaciones sobre Soliloquio, la ruina, de Julián Matta y Val Vargas

En su Manifiesto del Tercer Paisaje, Gilles Clément piensa en el mundo como un gran jardín, un espacio dividido en refugios para la diversidad. Cada uno de ellos se escalona según la explotación e intromisión de los seres vivos en sus territorios. A partir de esta categorización, el mundo se compone de conjuntos primarios, reservas y residuos.



Clément define el residuo como "el resultado del abandono de un terreno anteriormente explotado". Este fragmento de paisaje se encontró regido en algún momento por un orden, del cual sólo quedan vestigios, ruinas, rastros. Es ambiguo, se emplaza y crece en zonas de difícil acceso, prominentes relieves o en yermos y terrenos inhabitables. Su abandono proviene del agotamiento de su utilidad. No obstante, en este abandono palpita la posibilidad, así como la inminencia de un nuevo orden.

La implantación de un régimen residual es la operación que llevan a cabo los artistas Val Vargas y Julián Matta en la sala E del Centro Cultural San Martín. En el espacio expositivo se han ficcionalizado los restos de una catástrofe. Lo que pudo ser en un momento el living de una casa es ahora escombro. Cuadros, pinturas, miniaturas de porcelana y adornos cuelgan aún del muro recubierto con papel tapiz. Estos objetos, elementos constituyentes de una idea y sensación de hogar, son testigos sufrientes de la herida: una filtración de agua a través de la pared. Asimismo, se acompañan de piezas escultóricas, algunas de ellas sometidas a mutaciones por goteos. Cada estímulo termina por revelar otra capa de sentido; cada cambio arruina: apunta hacia la concreción de la ruina.



En este nuevo refugio para la diversidad, arruinar no es una acción veloz. Las cosas se toman su tiempo, prolongan sus agonías, se acostumbran a respirar con estertores. Su desgaste se convierte en un gesto tanto resignado como pacífico. Arruinar tampoco tiene un objetivo definido; no hay fin ni una fecha límite para alcanzar un cometido. Así, sin prisa y sin meta es que se narra este estadío otro, uno limítrofe e inasible, en el cual pareciera que el hipotético abandono de la actividad humana hubiese sido reemplazado por las irrefrenables fuerzas de la naturaleza.

Por supuesto, esto no es más que una conjetura y el cumplimiento con el pacto de ficción. Porque, como acertadamente señala M. S. Dansey, curador de la muestra, la instalación se emplaza en un black cube, una estructura museográfica que niega e invisibiliza la arquitectura original del recinto cultural, compuesta por muros de mármol blanco. Entre ambos polos cromáticos habita otro intersticio: un pasillo tras bambalinas, una zona gris que, involuntariamente, ironiza la necesidad de la construcción de un espacio matrioshka. En el régimen residual, este espacio se cuela y se reproduce ya no desde su tangibilidad, sino desde su registro. Vargas y Matta filmaron su recorrido a través de este perímetro, el cual se proyecta en un pequeño monitor a ras de suelo. La imagen magnetizada se reproduce distorsionada, en loop, marcando una temporalidad discordante con la del residuo. ¿Qué distopía es ésta en la que una pantalla muestra todo aquello que está detrás de la ruina?, ¿qué sucede cuando es una ruina dentro de otra? ¿Hay salida de este espacio? Su parpadeo es un guiño que invita a reconocer el simulacro en total amplitud y, al mismo tiempo, a sumergirse en él sin promesa de retorno.



Si bien actúa como un agente desestabilizador en un primer momento, la penumbra que cobija la instalación apela a un sentimiento de guarida. Entre las piezas que aparecen y desaparecen de acuerdo con su iluminación y el punto desde el que se las mire, el gran charco de agua, el goteo constante y la luz que emite el televisor, se construye un espacio confortable. Dislocar la ruina funciona a manera de ejercicio premonitorio. El sillón que mira hacia la pared principal insta a tomar asiento para escuchar y contemplar la destrucción.

En este tiempo dilatado y tangencial, arruinado, discurre la existencia, dice.
Todos los afectos serán trastocados.
Todas las memorias, encarnadas en objetos, prevalecerán, pero siempre húmedas, mohosas, podridas.
Los pliegues espacio-temporales se desdoblarán ante los ojos de quien quiera observarlos en la oscuridad.
En un arco escatológico, el residuo se tornará lugar sagrado.
Hasta que el agua lo inunde todo.
Hasta que el agua se evapore.
Hasta que la ruina desaparezca.
Y reine la nada.
La nada, esa nueva especie pionera que habitará la ruina.



soliloquio, la ruina. Julián Matta, Val Vargas en el Cultural San Martín (Sarmiento 1551 - CABA) @culturalsanmar desde el miércoles 6 de diciembre hasta el martes 6 de marzo de 2018.

compartir