Sadir plantea una posibilidad entre miles

Un lugar sin nombre. Florencia Sadir en CC Recoleta desde el miércoles 10 de enero de 2018 hasta el domingo 11 de marzo de 2018.

Construimos el mundo en base a lo que vemos, olemos, degustamos, oímos y/o tocamos. Nuestro cerebro percibe vivencias de modo único pero alterable, pues comunicar y compartir experiencias y sensaciones, es lo que precede a respuestas que (muchas veces) cambian el rumbo de lo que creímos, hacia alguna otra realidad que no es la del otro, sino una conjunción.

Entonces, la construcción de este mundo es un trabajo de intercambio que siempre es único. Basada en esto, Sadir plantea una posibilidad entre miles.

Una decisión que, apenas definida, se ha transformado (inmediatamente) en otro deseo.



Llueven piedras del tamaño de un puño azotando el techo con la fuerza de un rayo.
M. dibuja un círculo con la cera de una vela encendida. Susurra palabras que, encadenadas, suenan como una sola consonante o como el ruido que produce el rasguño de un gato sobre las chapas.

Un círculo perfecto hecho con gotas de cera
y una vela que se ubica justo en el centro.

El techo truena. Las piedras han incrementado su tamaño y poder destructor.

No creo en los milagros, pienso.
No se trata de milagros. Se trata de magia, dice M., y dilata sus pupilas para percibir mejor.

El techo se desgarra y empieza a desplomarse y somos relámpago que se extingue bajo una mesa.

Abrazo a M. que se tapa los oídos y grita para ahogar los estruendos. Con la izquierda me palpo el cuerpo rastreando heridas o algún dolor y cierro los ojos para evadir la negrura.

M. susurra lo del círculo de cera mientras pienso en la consistencia del tiempo, en la certidumbre de lo que podría llegar a ser, en la mortalidad de las cosas, en el fin de los fines.

Todo lo que nos rodea aquíahora se asemeja a la nada. Le pregunto a M. si puede oírme mientras balbucea lo del círculo de cera. M. no responde y comienzo a recitar en voz alta un poema que no sé por qué recuerdo.


Reykjavík ég þekki þig ekki
á dögum sem þessum þegar
ég er fáklædd og flýg
um allan bæ á
hjólinu mínu,
borða innan um grasið
og túlípanana
með nýjum ástvinum,
gleymi myrkrinu
og bít.

M. me detiene simulando empantanarnos en un silencio imperdurable.
Pregunta qué hacemos aquí, y esboza una respuesta que se teje en el mientras como una trenza de simbol que nace de calibrados movimientos de dedos de mujer. De mujer que sabe lo que hace y hace lo que hace sin preguntarse por qué, sin conferirle utilidad, concentrándose (tal vez sólo) en métrica y rima. Una mujer que construye en algún otro lugar, bajo un cielo liviano y azul, objetos inservibles que se relacionan por forma o proximidad. Una mujer que, como una oecophylla, urde algo para resguardar el resto.

Para qué tanto, pregunto.

M. ignora la respuesta e inventa una teoría tal vez inútil pero probable como muchas otras.

La mujer habita ese lugar de cielo liviano y azul.
Concibe lo que hace para acercarse
a lo que ve.
Concibe lo que hace para acercarse
a lo que es.
Se apropia de las cosas
y les traduce la forma.
Contempla el cimiento sólo un rato
y lo destruye.
Concentra los sentidos
en esta otra forma
que ahora es un montón.
Hunde (otra vez)
los dedos en el montón
para prodigarle (otra vez)
alguna (otra) forma.

Es precisa.
Disfruta y reniega de ello.

La mujer ha visto a lo lejos
algo que se mueve
y corre en otra dirección.

Creo que he dormido un día.

M., desde algún momento, ha vuelto a susurrar lo del círculo de cera.

Estiro las extremidades para ensanchar este espacio buscando alguna posibilidad, hasta que parte de un muro cede.
Un hocico fétido asoma por lo cóncavo. M. grita y el perro huye hacia la luz.
Cuelo lo que puedo por la fisura pretendiendo dibujar en el barro un hueco suficiente para liberarnos.

Alguien grita por fuera y ocho manos cavan un surco.

M. se me aferra al cuerpo mientras nos arrastran hacia lo que queda.

A un lado, aquíahora bajo esta nueva forma,
arde, inmutable, esa vela justo en el centro de un círculo de cera.



CIUDAD SOLAR

Reykjavík no te reconozco
en días como éste en el que
estoy con poca ropa y vuelo
por toda la ciudad con
mi bicicleta,
comer en medio de la hierba
y los tulipanes
con nuevos seres queridos,
olvidar la oscuridad
y morder.

Bergrún Anna Hallsteinsdóttir

Artista: Florencia Sadir
Curador: Javier Soria Vázquez







Hasta el domingo 11 de marzo de 2018 en CC Recoleta (Junín 1930 CABA) - @CentroCRecoleta






Florencia Sadir, nació en 1991 en SM de Tucumán, creció en Cafayate, Salta, Argentina. Actualmente codirige un espacio de gestión autónoma: Lateral en Tucumán. Estudia en la Facultad de Artes de la UNT donde cursó el Taller C en la Licenciatura en Artes Plásticas. Participó del programa de residencia URRA Tigre en Buenos Aires (2017), en Curadora Residencia, Temporada 13 en San José del Rincón, Santa Fé (2016). Trabajó en su primera muestra individual Intemperismo realizada en el CCM Haroldo Conti en Buenos Aires en 2016, curaduría de Gabriel Baggio. Participó además de varias exposiciones colectivas.

Javier Soria Vázquez es artista visual, escritor y curador interino nacido en Cafayate y formado en Tucumán. Participó en Residencias para Artistas. Fue seleccionado y premiado en diversos salones. Entre ellos, 2do Premio Itaú de Artes Visuales (2016). 2do Premio Itaú Cuento Digital (2015). 1° y 2° Premio Salón de Artes Visuales de Salta (2014, 2013), 2° Premio Salón Regional de La Rioja (2012). Su obra forma parte del Macro (Rosario), Sec. de Cultura de La Rioja, Mac Salta, MUNT, DGR y colecciones privadas. En 2015 coordinó el Programa Prácticas Contemporáneas en Tucumán (FNA) y el Programa Archipiélago para jóvenes artistas y teóricos del NOA. Desde ese año realiza proyectos curatoriales para instituciones y espacios independientes.


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