Shanzhai es gravitar sobre una situación

Quatrienal Shanzhai . Martín Legón en Museo Genaro Pérez (Córdoba) desde el viernes 15 de diciembre de 2017 hasta el domingo 25 de febrero de 2018.

Shanzhai es un término chino que generalmente se lo entiende como una referencia a la copia
pirata, pero es en realidad un concepto mucho más profundo, que refiere a un elemento constitutivo y anárquico de un modo específico de ver la existencia que, inmersa en el interior de su cultura, define a China y lo Chino desde tiempos inmemorables.
El pensamiento chino no conoce la idea de ruina, no tiene acceso a esa noción. Y en este sentido
es que no existe la idea de original, puesto que la originalidad presupone un comienzo en un sentido estricto. El pensamiento chino no se caracteriza por concebir la creación a partir de un principio absoluto sino por el proceso continuo sin comienzo ni final.
Este modo de ver la existencia tiene su correlato en el mundo contemporáneo capitalista, y más
específicamente en la China actual. Como no existe la idea de original, tampoco existe la idea de
marca, patente, registro; y los productos son manufacturados mediante ideas que llegan de algún
lado y son transformadas, apartándose sucesivamente del original occidental, hasta mutar. Hacen
primeras, segundas, terceras, cuartas, quintas, infinitas marcas.
Para Martín Legón, autor y curador de la muestra, este concepto funciona como un dispositivo
para aquella tarea que Agamben ha propuesto a las generaciones futuras, que es la de encontrar
formas de profanar lo improfanable del capitalismo en tanto religión.
En la Quatrienal Shanzhai, no sólo las obras expuestas representan algún aspecto de este concepto, sino que la curaduría misma está embebida por la idea de Shanzhai. Presentada en conjunto como una instalación, busca incluir al espectador dentro de la obra, volviéndolo parte activa de la misma. Se piensa a sí misma como una sola instalación abierta, en busca de una solución para su continuidad, una posta a ser retomada por cualquiera. Una instalación que, como toda cuatrienal, es un medio para el nacimiento de debates teóricos específicos, la renovación de las ideas, un centro de interés para pensar la actualidad. Y por último, también una cuatrienal cordobesa, retomando históricamente la capacidad que esta ciudad tuviera en la década de los sesentas para producir este tipo de eventos, como fue en el caso de las Bienales IKA.



Tuve la suerte de viajar a China este año. Aseverar que uno viajó y estuvo en China es complejo, sólo podés desplazarte por lugares turísticos dentro de un plano que parecen diez continentes juntos. No hay casi conexión posible desde el lenguaje salvo un par de acercamientos tecnológicos y la idea de salir del guión es suicida.
Parece un lugar común decir que hace un poco más de diez años China despertó y entró a jugar un papel determinante en la economía global. Pero es verdad en tanto producen lo que sea y a muy bajos costos.
China se abrió al comercio internacional pero sigue manteniendo un régimen Comunista en lo político. Al controlar el Partido buena parte de la producción, no existe la idea de un sindicato; los salarios son bajos, la mano de obra excesiva. Estas variables, sumadas a la apertura comercial y al desarrollo industrial fuerte, convirtieron al país en el receptor de un porcentaje altísimo de manufacturación para grandes marcas de todo el mundo.
Pero en el último tiempo esto fue cambiando. En el 2013, por ejemplo, un trabajador bien pago cobraba
unos 320 dólares al año. Actualmente, en este corto período de tiempo, los salarios se triplicaron, y
abruptamente, hoy esa misma masa de personas cobra más la hora de trabajo que los promedios de todo el continente hispanoamericano, incluyendo México, exceptuando Chile.
Quieren promover una nueva vorágine de grandes consumidores internamente, después de haber
atravesado todo el siglo XX explotando arrozales. Una masa enorme de nuevos ciudadanos (unos 10
millones aproximadamente) se incorporan cada año a una nueva clase media, en un país que tiene un sexto de la población mundial y el idioma más hablado del mundo. Realidad que no incluye a los nuevos mega millonarios chinos, dueños de las nuevas fortunas más grandes del planeta.
Cuando viajé este año a China, gracias a una Beca, fui a investigar un concepto que un amigo muy querido, Miguel Angel Petrecca, me había comentado una vez allá por el año 2006. Un fenómeno que cruza la cultura China desde tiempo inmemorial. Este fenómeno se llama Shanzhai; Miguel es poeta y traductor de Chino, uno de los pocos argentinos que habla a la perfección el idioma, vivió y estudió muchos años allá.

Al término Shanzhai se lo conoce actualmente porque Caja Negra publicó un librito del filósofo surcoreano Byung Chul Han sobre el tema, la publicación salió justo en medio de mis investigaciones. Byung Chul Han intenta, mediante esfuerzos retóricos, un acercamiento al término para que podamos comprender mejor, en tanto occidentales, lo arraigado de lo Shanzhai en la cultura china. No es solamente un sinónimo para piratería, parodia, copia, simulacro, etc. Es algo más anárquico y constitutivo de un modo de ver la existencia. Es una de las diez palabras que definen a China y lo Chino, por decirlo rápido y mal; y tiene más de mil años inmersa en la cultura pero se renovó a partir de la reciente apertura comercial. Es un modo de ver el mundo que se sigue adaptando a los vientos nuevos que corren.



Byung Chul Han comenta, en el comienzo del libro, que ya Hegel había hecho un análisis intenso de algunos rasgos culturales de China. Decía por ejemplo que le sorprendía que nadie tomara a mal la mentira una vez que se descubre, y que parecería que para los chinos no existe el honor, y que la palabra como contrato (a diferencia extrema con los japoneses) no tiene valor alguno.

Supone que esto se debe al hecho de que el Budismo tiene a La Nada como lo supremo y absoluto, como Dios digamos, y que a su vez exige el menosprecio del individuo como máxima perfección. Hegel entiende que tras esta negatividad y este vacío budista se esconde la nada nihilista. Esa nada nihilista se opone a cualquier Dios representante de la verdad y la autenticidad.

El pensamiento chino no conoce la idea de ruina, no tiene acceso a esa noción. Y en este sentido es que no existe la idea de original, puesto que la originalidad presupone un comienzo en un sentido estricto. El pensamiento chino no se caracteriza por concebir la creación a partir de un principio absoluto sino por el proceso continuo sin comienzo ni final. En ese sentido la forma de ver las cosas para un oriental resulta siempre pragmática.

Para un chino, por ejemplo, un artista no es un creador sino un médium, alguien que transmite algo que
existe para traer cosas nuevas. Y es por tal que no entienden la idea de autoría. La concepción china del conocimiento se distingue por completo de la idea occidental: Para nosotros la verdad o la veracidad remite a lo inmutable y duradero. En China se sustituye la idea de ser por la idea de gravitar sobre una situación.

Para que se entienda lo que es tener semejante distancia, parece decirnos Byung Chul Han, hay que intentar un par de experimentos. Por ejemplo, las imágenes de nuestros recuerdos no son reflejos invariables e inalterables de una vivencia. Más bien son productos de una construcción compleja y están sometidas a transformaciones constantes. Digamos, los recuerdos no son copias que se mantienen iguales a sí mismas, sino huellas que se cruzan y se superponen.

Se deconstruye toda idea de que algo puede ser original. Nada encarna una presencia y una identidad
invariable e inconfundible. No existe para los chinos nada acabado, cerrado, plegado sobre sí. No hay formas definitivas. No existe la fijación esencialista, ni por ende la subjetividad artística. Para nosotros occidentales es imposible pensar en esos términos porque desde Platón y la idea de los inmutables que estamos relacionando la idea de la belleza, el bien, etc, con lo inmutable.

Para entender de nuevo la magnitud de tener otro modo de concebir la existencia, se propone otro ejemplo.
Pensemos desde nuestra perspectiva occidental lo siguiente: Cuando Rembrandt muere, se le atribuyen 711 obras de su autoría. Años más tarde se las cataloga como 630. Posteriormente se cierra ese número en 420, pero en las últimas décadas, se barajó la posibilidad de que entre esas 420 sólo 300 hayan sido ejecutadas únicamente por él. Byun Chul Han dice: párense ante una de esas 120 obras que no se pueden definir como verdaderas, o atribuidas, por no decir no auténticas, y piensen que diferencia habría.

Para nosotros, las obras que pasaron de ser un Rembrandt original a ser otra cosa, pasaron también a dejar de valer millones, a dejar de atraer turistas de todos los rincones del mundo, etc. Digamos, no vale más, y quizás nadie en la ciudad se tomaría el tiempo para ir a verla.

Para alguien chino esto no tendría mayor importancia porque formaría parte de un proceso de continuidad, de transformaciones silenciosas y de cambios. Pero no es que no exista el valor en la cultura. Esto hay que aclararlo. En China el saber es fundamental. Los funcionarios Chinos desde las dinastías más remotas tienen que ser literatos sin excepción alguna. En las pruebas para ser funcionario también tenían que escribir poemas sobre temas propuestos en el momento. La sensibilidad artística fue clave en ese sentido para todo gobernante, de hecho la dinastía Song introdujo la pintura como parte de los exámenes. Y durante la Revolución Cultural, por ejemplo, los únicos poemas publicables eran los de Mao.

Esta introducción tan intensa es la que hace Byun Chun Hal para poder hablar del término Shanzhai hoy. En un mundo capitalista, este modo de ver la existencia, la propiedad, el autor, etc, tiene su correlato. Porque acá hay que retomar la idea de que China, por sus bajos costos de mano de obra y sus materias primas produjo casi todo lo que se manufacturó industrialmente en el mundo en los últimos 20 años. Hacen los teléfonos celulares que usamos, las computadoras, las zapatillas, las perchas, herramientas, muebles, etc.
No hay nada que no diga la frase Origen China. Es una competencia desleal de algún modo que les fue
funcional a todas las partes.

Como no existe la idea de original, tampoco existe la idea de marca, patente, registro. Y los productos que se manufacturan allá toman las ideas que llegan de algún lado y las transforman, apartándose sucesivamente del original occidental, hasta mutar. Hacen primeras, segundas, terceras, cuartas, quintas, infinitas marcas.
Las mutaciones varían y las calidades también, habiendo copias que incluso superan a las mejores marcas del mercado porque agregan funciones nuevas al producto. El caso recordado es un celular Samsung que se lanzó en Europa, pero la versión shanzhai China traía un detector de billetes falsos incorporado que fue furor entre los turistas. Los diseños por ende no pueden atribuirse claramente a un sujeto artístico que pueda llegar a declararse propietario o creador.



Cuando pensé en este término, en estudiarlo, lo hice porque sentía que era una alternativa viable a eso que Agamben había establecido contundentemente como legado para las generaciones futuras: encontrar las formas de profanar lo improfanable del capitalismo en tanto religión. Tuve la sensación de que en esos bordes de agua había un margen para romper con una estructura cada vez más arraigada en nosotros y en la sociedad. La pregunta que surgió entonces fue ¿Qué medios existen hoy para pensar, revisar y utilizar el valor de estas ideas en el arte?.

Para tal fin proyectamos hace unos años una instalación en todo el museo. Una instalación es, como se sabe, una forma de arte que surge en los 60; su característica fundacional consiste en incluir al espectador dentro de la obra. Se lo sumerge volviéndolo parte activa de la misma. Esta Cuatrienal Shanzhai se piensa a sí misma como una sola instalación que pueda ser recuperada en su forma cada cuatro años, dejando abierta su solución de continuidad; una posta a ser retomada por cualquiera. Elegí que fueran cuatro los años porque son los tiempos establecidos para el recambio en la vida política, cada cuatro años renovamos nuestras autoridades y eso deja librado a que el proyecto siga vivo al margen de los gobiernos.

Sabemos que las Bienales, Trienales, Cuatrienales y Quinquenales, suscitan polémicas o debates teóricos específicos por la renovación de las ideas que promueven, convirtiendo a este tipo de exhibiciones en centros de interés para pensar la actualidad. Sabemos también que suelen ser acontecimientos muy costosos, y es por esto que pocos lugares pueden permitírselos. Cabe mencionar que la Ciudad de Córdoba albergó tres Bienales importantes en la década del 60: las Bienales Americanas de Arte, también conocidas como las Bienales IKA por el patrocinio de la empresa automotriz, siendo de las más antiguas y novedosas del continente Americano. Este antecedente es lo que más me interesó al momento de pensar dónde podríamos sembrar la semilla del proyecto.

En este caso, entonces, lo Shanzhai presta una estructura de pensamiento y resolución. La Q del título es gratuita e intenta iniciar un modismo en su mutación. Permitirse esta Quatrienal es permitirse pensar al margen del dinero. Pablo Picasso, Andy Warhol, Hito Steyerl, Carsten Holler, Horacio Coppola, Luis Seoane, Giusseppe Cappogrosi, son algunos de los nombres que constituyen esta primera edición.


Ejemplos de los infinitos productos Shanzhai





¿Qué es una instalación?
Una instalación es una forma de arte que surge en los 60. Su característica fundacional consiste en
incluir al espectador dentro de la obra; se lo sumerge volviéndolo parte activa de la misma. A
diferencia de una escultura, que puede ser rodeada, o de la pintura, la fotografía y el video, que
mantienen sus dos dimensiones (ya sea centrípeta o centrífugamente), la instalación en el arte
contemporáneo propone un espacio artístico habitable que permita incluir a todas las anteriores
expresiones en un nuevo paradigma. Para dar un ejemplo sencillo, estar en una instalación es
como recorrer desde adentro una escenografía, caminar un paisaje modelado; el lugar en sí es lo
definido como toda la obra de arte.
En este sentido una instalación promueve una consciencia del formar parte, deja en claro que de
esa inmersión puede surgir una nueva experiencia para el espectador, al mismo tiempo que
desafía los límites del adentro y el afuera tras sumar un campo más de interacción al incluirlo en la
obra.

¿Qué es una Cuatrienal?
De acuerdo con el Diccionario académico, Cuatrienal es aquello ‘que ocurre o se repite cada
cuatro años’. En el arte contemporáneo son muy comunes las Bienales, las Trienales, las
Cuatrienales y las Quinquenales; o sea, acontecimientos que suceden cada dos, tres, cuatro o
cinco años. La Bienal de San Pablo o la Bienal de Venecia suelen mencionarse entre los ejemplos
internacionales más relevantes. Estos acontecimientos, que se organizan como muestras de arte
colectivas, suelen ser mega-producciones contemporáneas donde se exhiben conjuntos de obras
de distintos artistas del mundo, generalmente muy consagrados, y que suscitan polémicas o
debates teóricos específicos por la renovación de las ideas que promueven, convirtiendo a este
tipo de exhibiciones en centros de interés para pensar la actualidad. Por otro lado, suelen ser
acontecimientos muy costosos, y es por esto que pocos lugares pueden permitírselos.



La Ciudad de Córdoba albergó tres Bienales importantes en la década del 60: las Bienales
Americanas de Arte, también conocidas como las Bienales IKA por el patrocinio de la empresa
automotriz, siendo de las más antiguas y novedosas del continente Americano.

¿Qué significa el término Shanzhai?
Aunque existe y muta hace más de mil años, el término Shanzhai describe un fenómeno
económico-social contemporáneo en China hoy. No es solamente un sinónimo para piratería,
parodia, copia, simulacro. Es algo más anárquico y constitutivo de un modo de ver la existencia. Es
una de las diez palabras que definen a China y lo Chino. Partamos de que el pensamiento chino no
concibe la idea de original o de copia; no distingue porque para ellos todo es un sólo continuo sin
autoría. Y en ese sentido lo Shanzhai es la forma en la que algo que existe con una forma, muta
hacia otra sin mayores pruritos. Para los chinos la contradicción no forma parte de las categorías
del pensamiento.
Para entender la magnitud de tener otro modo de concebir la existencia, el filósofo surcoreano
Byung Chul Han propone este ejemplo. Pensemos desde nuestra perspectiva occidental lo
siguiente: Cuando Rembrandt muere, se le atribuyen 711 obras de su autoría. Años más tarde se
las cataloga como 630. Posteriormente se cierra ese número en 420, pero en las últimas décadas
se baraja la posibilidad de que entre esas 420 sólo 300 hayan sido ejecutadas únicamente por él.
Byung Chul Han dice: párense ante una de esas 120 obras que no se pueden definir como
verdaderas o atribuidas, por no decir no auténticas, y piensen qué diferencia habría ante esas
obras, frente a ellas en este limbo autoral, en tanto espectadores.
Para nosotros, occidentales, las obras que pasaron de ser un Rembrandt a ser otra cosa, pasaron
también a dejar de valer millones, a dejar de atraer a turistas de todos los rincones del mundo,
etc. Digamos, no valen más, y quizás nadie en la ciudad se tomaría el tiempo para ir a verla. Para
alguien chino esto no tendría mayor importancia porque formaría parte de un proceso de
continuidad, de transformaciones silenciosas y de cambios.

¿Qué medios existen hoy para pensar, revisar y utilizar el valor de estas ideas?
Comencé mis investigaciones en torno al término Shanzhai hace varios años. Lo intuía una
alternativa viable para retomar aquello que Giorgio Agamben había establecido
contundentemente como legado para las generaciones futuras: encontrar las formas de profanar
lo improfanable del capitalismo, en tanto está siendo concebido como una religión. Tuve la
sensación de que en esos bordes de agua había un margen para romper con una estructura cada
vez más arraigada en nosotros y en la sociedad.
Para tal fin proyectamos hace unos años una instalación en todo el museo. Una Cuatrienal, una
idea que pudiera recuperarse cada cuatro años, dejando abierta su solución de continuidad; una
posta a ser retomada por cualquiera. Elegí que fueran cuatro los años porque son los tiempos
establecidos para el recambio en la vida política, cada cuatro años renovamos nuestras
autoridades. Lo Shanzhai presta entonces una estructura. La Q del título es gratuita e intenta
iniciar un modismo en su mutación.



Inauguró el Viernes 15 de Diciembre de 2017 y se puede ver hasta el Domingo 18 de Febrero 2018 en Museo Genaro Pérez (Córdoba) Av. General Paz 33 - Córdoba @MGenaroPerez


Martín Legón nació en Buenos Aires, en 1978. Estudió Letras en la en la Universidad de Buenos Aires. Residente de BAR Projects, Barcelona 2018. Formó parte de la Beca Kuitca – UTDT 2010- 2011. Obtuvo dos Becas Nacionales a la Creación otorgadas por el Fondo Nacional de las Artes, y una Beca de la Fundación Oxenford para viajar a China. Invitado a participar de la XXX Bienal de San Pablo “La Inminencia de las Poéticas” curada por Luis Pérez Oramas en 2012. Participó individual y colectivamente en numerosas exposiciones nacionales e internacionales. Su obra, cruce entre antropología, poesía y sociología de los medios, analiza los dispositivos conceptuales y estéticos sobre los que cimenta la idea de valor. Forma parte del acervo del CA2M, Móstoles, España; del Museo Provincial de Bellas Artes Franklin Rawson de San Juan, y de la colección del Museo de Arte contemporáneo de Rosario, y el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires entre otras. Co-Dirigió Crudo, pequeña editorial dedicada a la literatura y las artes visuales, y las revistas Andrógina, No Retornable, Rrose Sélavy. En estos últimos años se publicaron sus ensayos La naturaleza del artificio (Big Sur zine, 2012), El Test del Hombre bajo la lluvia (Arta Ediciones, 2012), Principios para un Manifiesto Especular (en colaboración con el Museo Castagnino+macro Rosario, 2013), Apuntes a la Colección Globus (Big Sur Books, 2016), y Maleza (2016) poema visual publicado por la editorial Iván Rosado de Rosario. Correspondencia con Bruce Nauman (Unidad Básica ediciones, Córdoba) es su reciente libro, de pronta aparición. Vive y trabaja en Buenos Aires.


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