Les Visitants: El arte contemporáneo y su infinito universo contenido en una muestra

Para comenzar a hablar de Les Visitants, es necesario conocer el germen de su creación. Por ello resulta indispensable hablar de sus hacedores, y cómo la combinación entre ellos dio lugar a la monumental muestra que habita dos pisos del Centro Cultural Kirchner

La Fundación Cartier por el arte contemporáneo nació en 1984 con el objetivo de promover las artes contemporáneas. En 1994 se mudó a un imponente edificio todo vidriado en el barrio parisino de Montparnase y a partir de allí comenzó un recorrido que tuvo siempre como eje establecer lazos entre las producciones artísticas y el público. Además de las muestras grupales e individuales que allí acontecen, convocan a artistas para realizar obra que luego pasa a formar parte de la colección. Para quien no tiene la suerte de ir a París a deleitarse con sus obras, la Fundación genera muestras itinerantes en todo el mundo. En 33 años de historia, cuenta con más de1500 obras de 350 artistas de 50 nacionalidades.



Guillermo Kuitca nació en 1961 en Buenos Aires. Su primera exposición fue en la Galería Lirolay a la edad de 13 años. A partir de allí, una catarata de muestras tanto en Buenos Aires como en las instituciones más influyentes del arte (MOMA, Whitechappel Art Gallery, Bienal de San Pablo, Documenta, Bienal de Venecia, Museo Reina Sofía, Malba, Pinacoteca de San Pablo) lo consagró como uno de los artistas plásticos más trascendentales de Latinoamérica. En 2001 fundó la Beca Kuitca, un espacio para la producción de artistas emergentes. Más allá de las múltiples voces que presagiaban la muerte de la pintura desde las últimas décadas del siglo XX, Guillermo Kuitca supo sortear esas erróneas especulaciones y abrirse un lugar entre los grandes del arte con el pincel. El universo de Kuitca se compone de imágenes que juagan con la abstracción y son habitadas por el hombre y su entorno, tan minúsculo éste como una cama o tan inconmensurable como el cosmos, fundidas no solo en la tela sino en puertas, cristales o colchones.



En el 2014 la Fundación Cartier convocó a Guillermo Kuitca para la exposición Les Habitants, en ocasión de su 30° aniversario. Allí comienza el recorrido del artista esta vez con traje de curador, aunque él reniega en cierto punto de ese rol, y prefiere encarar estos trabajos como un seleccionador. Les Visitants es el segundo escalón en esta nueva faceta. Lejos de una perspectiva historicista o temática, la voz de Kuitca se fue gestando intuitivamente: “Para explicarlo, utilizo la figura del dominó donde hay una ficha que coincide de un lado y del otro se abre otra más, donde una obra dialoga con la otra y así sucesivamente. No partí de una investigación, y en ese sentido no fue diferente de mi trabajo en el taller que está plagado de incertidumbre y a veces de hallazgos”

¿Qué decir sobre los artistas seleccionados y sus obras, sobre su disposición en el espacio y sobre el dialogo que se construye entre ellos? No hay texto que alcance para abordar el inmenso y variado universo que proponen. La muestra no ofrece un recorrido inequívoco sobre el cual apoyarse, sino que despliega una selección de otra selección mayor (la de La Fundación) y que dialoga de manera casi mágica con su entorno. Las salas podrían pensarse como universos que contienen los micro universos que son las obras de los artistas, y que a su vez forman parte de un macro universo que es la muestra total. Entonces surge una pregunta más: ¿Cuál es el eje que se pone en funcionamiento para establecer determinados lineamientos? A continuación se esbozan algunos posibles.



Siguiendo el consejo del propio Kuitca, el recorrido comienza en el 6to piso de La Gran Lámpara. Allí se extienden íntimas y potentes, las fotografías en pequeño formato de Francesca Woodman, de una violencia y despojo que asemeja a lo salvaje, lo primario. Y frente a ellas, no casualmente se proyecta el video de Artavazd Pelechian, Les Habitants (1970), que fue centro y título de la muestra realizada en el 2014. Esta película de sólo 8 minutos de duración toma lo salvaje como aquello amenazado a través de la huida de manadas de animales en la selva o la sabana, a su vez que la música de una intensidad extrema combina ese peligro con destellos de armonía y libertad a través de las danzas coreográficas de las aves. Y como contrapunto de aquello salvaje que habita en cada ser y que juega con la libertad y el peligro se despliegan las fotografías de Hiroshi Sugimoto (Formas conceptuales/Formas matemáticas: superficies, 2004), imágenes que guardan toda su potencia y violencia contenida en sus formas puras y contrastadas, casi inviolables.

En el segundo piso de la Gran Lámpara, se desarrolla otra pequeña exhibición dentro de la gran muestra que es Les Visitants. El recorrido comienza con una serie fotográfica de pequeño formato, bien distanciada unas de otras, lo que produce un efecto contrario a la aparente pequeñez de las imágenes y les otorga una presencia casi onírica o fantasmagórica. París, etc. (2008) está compuesta de imágenes en blanco y negro de la ciudad de Paris tomadas por una Patti Smith flaneur, paseante que se deja llevar por aquello que ve y la cautiva por su mirada nostálgica, de añoranza por las ausencias, de fantasmas que dejaron su huella en los objetos que habitan las calles. En el centro de la sala se extiende David´s living room revisited (2014), un gran living creado por Kuitca por encargo de la Fundación, e inspirado en la instalación de David Lynch Untitled del 2007. El espacio se compone de paredes teñidas de rojo con trazos que aluden a una tridimensionalidad ficticia, unos sillones a tono con las paredes y dos puertas levemente iluminadas por una luz que invitan a ser atravesadas y su vez atemorizan. La voz intensa y desgarradora de Patti Smith (Falling backwards once again, 2011) nos introduce en un relato igual de oscuro y onírico.



William Eggleston expone nueve de una serie de 32 imágenes de un encargo de la fundación Cartier realizado en el 2001 y al que se lo llamó simplemente Kyoto. Consiste en una mirada poco convencional y más personal de esta ciudad, detalles aparentemente insignificantes que cobran relevancia al revelar su belleza intrínseca. Frente a estas fotografías, Kuitca realizó pequeños dibujos, variaciones de estas imágenes, su espejo deformado y reducido a diminutos trazos de colores.

Alair Gomez y Nobuyoshi Araki dialogan a partir del cuerpo, la desnudez y las diferentes maneras de abordarlos. Ante las imágenes en blanco y negro casi lúdicas de hombres en torsos bien delineados, jugando o ejercitándose en la playa, se opone la crudeza de Araki, con sus fotografías pegadas directamente sobre la pared una junto a la otra, como si se desplegara un gran relato fotográfico de esas mujeres, sus mujeres desnudas en poses retorcidas, entregadas a la cámara entre desafiantes y sumisas. La yapa de Araki es un video, encargo para la Fundación, el Non Diary-Diary, un collage casi minimalista de fotos de diversos tamaños sobre un fondo blanco, fotos que el artista nipón fue tomando durante casi un año sobre cosas tan mundanas y bellas como frutas, letreros, callecitas de Tokio y por supuesto, mujeres.

Agnes Varda, Saydou Keita y Juergen Teller comparten un espacio en el cual el gran protagonista es el retrato y sus formas. El recorrido se inicia con Keita y su serie Bamako (1949-1964), tradicionales fotografías de la sociedad malí con sus trajes, sus poses, sus decorados y accesorios que recrean un universo quizás ficticio pero no menos bello y nostálgico. Teller, por el contrario construye sus retratos en función de una imagen nueva, despojada, arrebatada pero posada a la vez, de figuras del mundo del arte y del espectáculo. No importa tanto el encuadre, la iluminación o el decorado, solo prima ese gesto íntimo, lúdico y cómplice del retratado. Ives Saint Laurant, Kate Moss y el propio Teller ya tienen un peso propio, y es ese pequeño instante de arrebato a ciertas formas lo que las diferencia de cualquier otra imagen. Los retratos de Varda (Las Viudas de Noirmoutier, 2004-2005) se construyen a partir de entrevistas que realiza a mujeres de la Isla de Noirmoutier, mujeres que han enviudado y que transmiten sus historias empapadas de recuerdos, melancolía y soledad. Estos relatos articulados de modo coral e intimista se dan en simultáneo en pequeñas pantallas que rodean a la pantalla principal, en la cual estas mujeres se reúnen a orillas del mar y evocan la eterna ausencia de sus maridos.



El arte contemporáneo es a veces inaccesible, otras inverosímil, otras insuficiente. Pero en Les Visitants sucede lo opuesto: todo es tan abrumador, tan superador, que pareciera que el tiempo de reflexión queda abolido por una sumatoria de sensaciones. Todo está en su modo potencial, en una instancia latente y permanente de múltiples despliegues y trazos. Si el espectador agudiza la vista, se logran ver esas fichas de dominó uniéndose y repeliéndose a cada paso.

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