Ijota un libro sobre diversas experiencias artísiticas de Lucas Di Pascuale

En 2222 Lucas Di Pascuale se propuso abordar una serie de piezas mediante las cuales pudiera indagar diversas relaciones entre dos. Trabajó a partir de aquello que se presenta de a pares. Dos que pudiendo tener un origen idéntico o similar, toman caminos más o menos diversos pero vinculados, caminos que generan distancias de variada intensidad. Inclusive dos que son enemigos. O dos que, a veces sin saberlo, coinciden o se complementan. Se propuso indagar lo doble, también conformar pares más o menos similares, más o menos distintos. Indagar así mismo a cerca de una dialéctica entre unidad y conjunto en relación a estrategias particulares de montaje, siempre en diálogo con trabajos previos tanto de su autoría como producidos por colegas.

A partir de lo trabajado en 2222 (una diversidad de piezas producidas entre 2014 y 2016 que incluyen dibujo, pintura, video y textos), Di Pascuale renueva su indagación mediante una producción gráfica que se inicia en el desmontaje de aquel conjunto. Desmontaje que ocasiona una serie de fragmentos a partir de los cuales el autor nos propone un nuevo montaje –aleatorio por momentos–, una nueva relación entre dos. El resultado es IJOTA, un libro de 272 páginas donde las partes de 2222 –ahora igualadas en la edición gráfica– se encuentran con imágenes tomadas de un álbum fotográfico que perteneció a Ileana Beatriz Mellibosvsky, madre de Lucas.





Ijota es un maravilloso libro que reúne experiencias artísticas diversas, pero al mismo tiempo, conjura una totalidad que invoca un nuevo sentido. Es decir, aunque los orígenes que conforman el libro provienen de diferentes fuentes y remiten a exposiciones concretas como 2222 (Gran Vidrio, 2016), Lindes para el Viento (Espacio Rojo, 2015) o Yerba Mala (Museo Genaro Pérez, 2013) Ijota es un libro autónomo. Es interesante como la autonomía de tu obra se construye a través del diálogo con otras obras o una obra anterior. Existe en el interior de tu trabajo una reflexión que en cada nuevo movimiento se emancipa generando otra obra. La evidencia de este procedimiento se convierte en una maquinaria creativa que se desarrolla hacía adelante pero al mismo tiempo se retrae al pasado. Me gusta pensar y me gustaría saber si vos estás de acuerdo con la idea de que no hay evolución en la obra, la obra no se supera nunca sino que se vitaliza con cada dialéctica. La acción de citar, repetir, nombrar y reescribir obedece a una concepción del arte donde lo que se manifiesta es la apertura hacía un proceso indefinido, cada obra es un matiz, una huella, de lo mismo. Un territorio que siempre podes rodear, espiar y buscar. En el caso de Ijota, el libro activa un orden provisorio donde se disponen pautas poéticas, entramados visuales, recorridos fotográficos e indicios autobiográficos que invitan a un recorrido particular de lo que allí se muestra. El libro como cosmogonía singular donde cada fragmento rompe la linealidad. ¿Qué opinas al respecto?, ¿Qué vinculo existe entre el libro y el resto de tu obra? ¿el libro es un orden o un nuevo desorden para la creación y la generación de conceptos?

Lucas Di Pascuale Me interesa lo que decís sobre el desarrollo de mi trabajo hacia delante al tiempo que se retrae al pasado, y lo mismo creo que sucede con esa vitalización que mencionas. Cada trabajo que aparece es vital en la medida que logra vitalizar otras producciones, propias y ajenas. Creo que también la autonomía de una pieza resulta interesante en su vínculo con otras, inclusive es en ese vínculo donde la misma se construye realmente. Entiendo mi obra como un continuo –indefinido en la medida de lo posible– que tiene salidas hacia el exterior, estoy buceando y cada tanto salgo a la superficie (¿para dejar huellas?) porque no puedo vivir allí abajo en la oscuridad; y en ese ir a la superficie intento priorizar aquellas salidas que cargan mis tubos de oxígeno. Ijota es más parecido a un desorden, a una ensalada. Es una mezcla, es el desmontaje de un período de trabajo que se hizo público mediante una exposición llamada 2222 y su posterior remontaje; con momentos puramente intuitivos, si es que existe la intuición.
También hice libros como Ali-Lai, Lau-Zip que es un ordenamiento total, allí la serie de dibujos Colecciones –donde retrato el trabajo de un sin número de colegas– aparece en orden alfabético. Algunos de mis libros son una revisita a mi trabajo, la cual distanciada temporalmente del momento en que ese trabajo ha tomado estado público, se convierte en una nueva pieza que refuerza esa idea del continuo, de lo infinito –somos finitos, pero los problemas que propone nuestro trabajo no lo son. Desde el momento que mi producción toma estado público puedo convertirme en espectador, esa distancia que comienza a ocurrir allí es quizás el origen de un volver que puede convertirse en un libro parecido a un desorden o todo lo contrario.



En sintonía con la primera pregunta Nelly Richard escribe en “Fragmentos de la Memoria”
acerca de las obras más críticas de “Escena de Avanzada”, un grupo de artistas chilenos que produjo en la dictadura de Pinochet, “trabajaron siempre con una temporalidad retóricamente desprovista de toda heroicidad; una temporalidad histórica basada en las figuras trizadas de un relato lleno de vacíos que, por lo mismo, se había vuelto casi inenarrable”. La ruptura del relato lineal pareciera ser necesaria en el momento de reconstruir la memoria como un reducto político. La idea de un tiempo dado no puede ser aceptada en la medida que necesitemos reponer un pasado para no olvidar, un pasado que reclamamos. La memoria encuentra sus propios artilugios temporales para reponerse en un orden originario, no pautado por la cronología de la producción y la historia. En este sentido, todo arte que aborde instancias políticas no sólo debe criticar la lógica lineal del tiempo sino también experimentar formas alternativas de trozar y fragmentar el tiempo dado, en su propio cuerpo y en su propia vida. Creo ver algo así en Ijota, la temporalidad familiar y autobiográfica que se fusionan, como experiencias singulares del tiempo, con la lógica de una cronología comunitaria y social.
Me parece que puede ser tu manera de cuestionar el poder, mezclar micro con macro política y de esa manera luchar con las amenazas del poder. Aferrarse a lo afectivo como propulsor de un mundo, emancipar desde ahí una lucha visible.
Evidentemente, esa compleja forma de concebir el tiempo, desde lo maternal como lo más
íntimo y precioso hasta el lenguaje como potencia de lo público genera una dialéctica pero
también un shock, como pensaba Walter Benjamín. Ese shock, esa fuerza de lo que contrasta es propulsor y generador de sentido y creaciones. ¿Cómo concebís esta relación entre el tiempo personal y el tiempo histórico o político? ¿Qué idea de tiempo se desprende de Ijota?, ¿te parece importante desde lo político cuestionar el tiempo dado? ¿qué significa la memoria para vos?

Lucas Di Pascuale: Me siento muy alagado con tu mirada sobre Ijota. Cuando hablas de cuestionar el tiempo dado me viene la idea de la enseñanza y el aprendizaje, pienso en aquellos “pasos necesarios” del aprender: para poder hacer “C” hay que aprender primero a hacer “B”, claro que anteriormente uno debe haber aprendido a hacer “A”. Descreo bastante de estas correlatividades, en mi experiencia el aprendizaje está ligado al deseo y a la necesidad, los cuales nunca hacen caso a las cronologías. Considero que las ideas propuestas por diversos autores en relación a lo anacrónico en la historia nos sirven en gran medida para pensar la producción artística también desde un anacronismo. Es quizás en este sentido –del aprendizaje– que mi producción artística se vincula con un cuestionamiento del tiempo dado, produzco para aprender y también para desaprender.
Me interesan así mismo los tiempos paralelos en relación a las biografías, cómo acontece el tiempo en la intimidad y el tiempo en lo público. Quiénes somos en cada situación, aclaro que no me refiero al armado de nuestro perfil en las redes. Cuando pienso en lo público estoy pensando en lo histórico y lo político, en el trato con quienes tenemos al lado, cómo nos relacionamos con nuestros pares por ejemplo. ¿Somos capaces de ser generosos? En Ijota hay una idea –ya aparecía en 2222– de tiempo fragmentado, se trata de aquello que aparece y desaparece, podríamos pensar en lo circular, cada fragmento está situado en un lugar que tranquilamente podría ser otro, digamos que esos retazos casi que han caído allí como si detuviéramos el movimiento de un caleidoscopio; la página 34 podría ocupar el lugar de la 127 y la 127 el lugar de la 215. La memoria –ocurre una energía que me sobrepasa– es aquello que no recuerdo a la horade tomar decisiones, está en sintonía con la ausencia.



En Ijota la ausencia quiere ser remplazada por la imagen, nombrar, dibujar y reproducir es aceptar el vacío. En su “Diario de duelo” Roland Barthes escribe “Me espanta absolutamente el carácter discontinuo del duelo.” Esa discontinuidad no es sólo una cualidad temporal que afecta al individuo que recuerda, es la extraña posición de la memoria que modifica cada imagen que tenemos del otro. Cada vez que la ausencia se manifiesta inventamos o se nos aparece un otro distinto ¿porqué no podemos recordar de la misma manera a una persona?. ¿Aunque la pensemos en la misma situación, haciendo las mismas actividades, con la misma ropa, algo del recuero anterior se escapó y algo nuevo aparece? Una pregunta surge de Ijota, ¿Qué tipo de huella es el recuero? ¿hasta que punto puedo prolongar en mi cuerpo el recuerdo del otro? El vacío es, entonces, en Ijota, la posibilidad de la pregunta por el otro, esa falla en el sistema nos permite averiguar algo del otro fuera de nosotros mismo y en consecuencia es la posibilidad de una comunidad. Un nosotros, el reflejo de los otros, la revolución, la transformación, el arte se proyectan desde la ausencia, desde su fuerza germinadora. ¿Te parece que Ijota es este tipo de dispositivo donde la ausencia irrumpe para crear su propio orden? ¿Qué tipo de comunidad refleja Ijota? La pregunta por la revolución activa ciertas fibras corporales ¿Sos consiente de que la pregunta por la utopía es el principio de su posibilidad real?

Lucas Di Pascuale: Este año la editorial de Casa 13 presentó un libro sobre mi trabajo, en esa oportunidad me referí al proyecto editorial (que también incluye –hasta el momento– libros sobre el trabajo de Lila Pagola y Anibal Buede) como un proyecto político, comentando que para mí lo más potente de su politicidad es la generosidad, la de los editores claro. Así que les agradecí inmensamente, por ese libro y por todos los libros de la colección. También dije en ese auditorio que no quería exagerar, pero que estaba casi seguro de que la generosidad es revolucionaria.
Me gusta la idea de no saber qué es Ijota. Me emociona la irrupción de la ausencia. La utopía es el sentido de nuestra existencia en la medida en que la desconocemos. ¿Sería utopía si supiéramos de qué se trata?. Arte y utopía coinciden ya que ambos trabajan sobre lo desconocido. La utopía está imbricada con el aprender y el desaprender. Utopía es llegar a un lugar y dejarlo mejor de lo que lo encontré. Tenemos que aprender de las revoluciones y también de los intentos. La autocrítica podría ser una utopía en nuestra sociedad. ¿Será que la utopía no tiene lugar cuando se trata de un grupo que se impone sobre otro, cuando se trata de una narración entre otras, cuando la afinidad no existe?


La trama del libro se dispone entre muchos registros fotográficos, huellas graficas, dibujos de fotografías, un conjunto material que descubre cierta sintonía corporal, existe una pequeña coreografía oculta. En la sucesión de páginas se ejecuta un ritmo de rostros y escenas, paisajes y montajes. Ijota podría ser un pequeño teatro, una maqueta, un boceto para una película.
Ijota invita al lector-espectador a deambular por el espacio impreso, como si estuviera entre los telones de una gran sala o en la geografía íntima de un escritor. La impresión sobre un papel tiene la intrínseca cualidad de fijar la imagen, detener los pensamientos en palabras. Sin embargo, existe una incuestionable confianza en el lector, a quien se le encomienda la tarea de renovar todos esos sentidos, activarlos con su mirada y experiencias. En el caso particular de Ijota descubro diferentes momentos marcados por los colores y la tipografía, las reproducciones y las texturas, pero aún siendo así la lectura no es regulada, impuesta al lector.
Invita, se abre, se disloca para numerosas interpretaciones. Ijota propone una lectura amable y empática pero también devela sombras y oscuridades atrayendo desde el doble sentido de la imagen, lo visible y lo invisible, la lectura que nunca se cierra definitivamente. ¿Existe para vos una analogía entre el espectador y el lector? ¿Pensaste en la mirada del lector como implicada en el sentido del libro ¿Te inquieta el lector, como lo imaginas? ¿Sos lector de vos mismo, a través de tu propio reflejo y memoria?

Lucas Di Pascuale: Mi trabajo se basa en una sucesión de borramientos, primero aparece un cúmulo, luego leo y borro, leo y borro hasta desconocer, al menos por un tiempo, el reflejo. Esas lecturas iniciales son mi hacer. Me interesa de igual manera aquella lectura distante que mencionaba anteriormente, no la del hacer si no la del contemplar, que también es un hacer, según creo.
Terminado ese primer momento de lectura la imagen-escritura tiene que irse, no la quiero cerca, necesito olvidarme de ella, si logro olvidarla podré acudir a ella nuevamente. El lector es el espectador que más me seduce, inclusive por sobre aquel espectador que se encuentra con mi trabajo en una exposición, un lector actúa en su intimidad y allí aparece nuevamente lo desconocido. Si acordamos con lo propuesto –entre otros– por Boris Groys: lo que distingue al arte contemporáneo del de momentos anteriores es sólo el hecho de que la originalidad de una obra de nuestro tiempo no se establece de acuerdo a su propia forma, sino a través de su inclusión en un determinado contexto, que mejor que el propio espectador decidiendo ese contexto.


Presentación IJOTA de Lucas Di Pascuale, Viernes 10 de Noviembre de 2017 a las 19:30 hs (Entrada libre) en Museo Horacio Álvarez (Felix Garzón 2075 - altura Rafael Núñez 4650 - Córdoba)

versión para títeres
dirigida por Mariana Robles
Mariana Robles...... La Madre
Luisina Barrera...... La Lengua
Nancy Frau...... El Bosque
Nicole Marin...... La Noche



Ijota
Lucas Di Pascuale
Edición de autor.
Córdoba 2017.
272 p. ; 23 x 15 cm.
Primera edición:
500 ejemplares.
por Mariana Robles, 8 de Noviembre de 2017
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