Ana Tiscornia y Amadeo Azar en Galería Nora Fisch

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Lower Level de Ana Tiscornia

La obra de Ana Tiscornia (Montevideo, 1951, desde 1991 reside en Nueva York) está íntimamente ligada a su formación como arquitecta, pero al mismo tiempo contaminada por su práctica como profesora y curadora. Ana percibe el espacio arquitectónico desde su etapa más primaria, el dibujo. Para la arquitectura, el dibujo no solo representa el momento potencial en donde cabe toda posibilidad, sino también simboliza un lugar de visualización y el establecimiento de vínculos con
la percepción del espacio. Estas dos palabras, visualización y percepción, son dos claves importantes para acceder a la obra de Ana Tiscornia, particularmente en relación al cuerpo de obra que presenta en la exposición titulada “Colateral o premeditado” en la galería Nora Fisch.

En primer lugar, la visualización. Un proceso que está ligado a la noción de escala, y a la capacidad de observar, medir, clasificar, traducir, planear y sintetizar formas en distintos tamaños y espacios. Este proceso en el que sugiero aglutinar el primer grupo de obras de Ana, es más formal, y está preocupado por retomar la idea de un plano o esquema arquitectónico de una manera muy franca. Obras como “Alternativa” o “Cerca” del 2017, se acercan modestamente a lo que comúnmente entendemos como esta etapa de visualización: un dibujo que delimita espacios desde una vista aérea, formas geométricas que representan lugares a los que estamos acostumbrados, una habitación, la sala o la cocina.

La diferencia con un plano común y corriente, existe en el uso de métodos y materiales que dejan entrever una realidad un poco más siniestra. El plano, al ser observado con detenimiento, parece más un vestigio que un proyecto, más una huella que un plan proyectado hacia el futuro. Los modelos incluyen una especie de papeles tapices con patrones florales, telas, y listones, todas referencias a un esfuerzo estético y a una domesticidad tendiente a los códigos visuales de la modernidad arquitectónica. Como si una casa completa hubiera sido de pronto arrancada de su lugar. En algunos casos, después podemos observar un sistema más grande, un conjunto de casas, un barrio. Esto es claro en la obra “Alternativa I,” 2017, con formas que representan más a una comunidad que a un espacio en particular. Es entonces cuando la aporía se hace presente, estos modelos se han hecho no para planear un espacio nuevo, sino para representar espacios
especulativos que parecen ya no estar.

Otra sutileza por la cual la artista envía un mensaje contundente, es el uso del color verde, haciendo referencia a las “Green Lines” o líneas verdes, las llamadas fronteras temporales, que demarcan territorios de armisticio durante estados de emergencia o tiempos de guerra, ligadas históricamente a conflictos específicos en el mediterráneo y el medio oriente. Estas, son quizá una referencia en el mundo real que la artista busca para darle sentido a los espacios indefinidos, móviles e indeterminados que con su obra retrata. Dichas referencias se hacen más claras en obras como “Perímetro,” “Otras dos esquinas,” o “Mosaico,” todas de 2017, en donde materiales como alfombras persas y mosaicos policromados declaran la presencia de la herencia cultural de medio oriente incorporándose al lenguaje de la artista.

Como parte de este primer grupo de obra ligado a esta noción de visualización, aparece otra serie de obras conformadas por fichas bibliográficas. Carpetas amarillas propias de ambientes burocráticos junto con las fichas dispuestas a manera de políptico, se abren ante nosotros y muestran una sistematización de una serie de objetos que pretenden ser remanentes de espacios domésticos, y han sido supuestamente recolectados y clasificados por la propia artista como “escombros.” Esta vez la intención es más directa, puesto que los objetos hechos de cartón, plástico y papel, son claramente un “falso documental” o un ejercicio de arquitectura forense ficticio.

El segundo grupo de obra, más ligado a la noción de percepción, puede apreciarse en obras como “Silla,” 2001 o “Esas dos,” 2017, en donde la proposición de la artista presenta zonas de confusión dimensional, que no responden a la lógica de la burocracia o del impulso pseudo-científico, sino a una incertidumbre ontológica en donde el espectador y el espacio propuesto por la obra colapsan en un intento por tomarse de las manos. Escaleras que se sobreponen una a la otra, que se
interconectan creando trayectorias a hacia distintos planos, pilares, líneas y columnas que no responden a ninguna lógica estructural, pero que tampoco parecieran ser el resultado de un desastre, ni tampoco comenzar a entrar en la anteriormente mencionada categoría de escombro. La licencia que Ana se toma en estas obras, es un esfuerzo más directo de ofrecer realidades alteradas que presentan juegos en el espacio, en el caso de la obra “Esas Dos II” 2017, conectando por ejemplo lo que pareciera ser dos ventanas a universos distintos, que son conectadas por intrincadas estructuras. En este caso, no hay direcciones o gravedades correctas, sino que todos los espacios y posibilidades existen al mismo tiempo.

Este impulso de reconstruir, de repasar, o de crear realidades más complejas, tiene como motor una curiosidad política y una creencia en las capacidades potenciales del espacio. Las reconstrucciones y proposiciones espaciales de Ana Tiscornia presentan al espacio no solo como un lugar de habitación, sino como una constelación de objetos con la capacidad de almacenar y distribuir información histórica y cultural, pensados en función a una relación de la vulnerabilidad del cuerpo humano con las cualidades geopolíticas de la arquitectura.

El título de la muestra “Colateral o premeditado” ofrece dos teorías de la artista para explicar el momento anterior a la obra -el momento de colapso. Los resultados de este título van hacia dos direcciones distintas, pero en cualquiera de los dos casos el resultado es nefasto: si es colateral, solo indica una ingenuidad tremenda, y si es premeditado, un nivel de maldad inverosímil. Es justo mediante este juego de palabras, que Ana nos regala la más profunda de sus reflexiones. Para suministrar esta especulación la artista ha hecho bellos, cuidadosos y delicados objetos, y de la misma forma, es poco claro si lo ha hecho de manera colateral o premeditada.

Humberto Moro es Curador del Museo de Arte de SCAD en Savannah, U.S. Previo a esto ha trabajado como director y curador de la Colección Diéresis en Guadalajara, Mexico; Coordinador de Colección y Curador Asistente en la Fundación Jumex Arte Contemporáneo, entre otros. Moro es egresado del Centro de Estudios Curatoriales (CCS) de Bard College, New York.


Upper Level de Amadeo Azar

Exorcismo. Sobre las nuevas pinturas de Amadeo Azar

Uno
Para realizar sus obras, Amadeo Azar elige imágenes del suprematismo y del constructivismo ruso, trabajos de artistas de la vanguardia concreta local como Gyula Kocise o Raúl Lozza o proyectos arquitectónicos que van desde Francisco Salamone D'Anna hasta Konstantín Stepánovich Mélnikov.
A través de distintos lenguajes (acuarelas, collages, instalaciones y objetos), Azar interviene obras de artistas que creyeron a ciegas en el potencial transformador del arte porque se siente atraído por las convicciones de sus creadores, pero también por el fracaso de las grandes utopías materializadas en pinturas, esculturas o monumentos que supieron imaginar un futuro mejor, más libre y justo.
Malevich, con sus pinturas, quería crear nuevas realidades; los constructivistas pensaban que un orden social nuevo hacía nacer formas expresivas novedosas y que éstas acompañaban el cambio que estaba dándose en la sociedad. Los artistas de Arte Concreto Invención entendían que sus cuadros de colores planos y textura industrial generaban voluntad de actuar argumentando que todos tenían la capacidad de concretar este tipo de obras y, al hacerlo, tenían la posibilidad de actuar y transformar la realidad.
En este proceso de reproducción o intervención de las imágenes, Amadeo Azar genera poderosos desplazamientos de sentido, que terminan cuestionando o volviendo extrañas a esas piezas originales. Las embellece, como lo hace la memoria cuando recuerda a nuestro primer amor: un novio, el anarquismo, el punk o el rock.
La obra de Amadeo Azar evidencia reconocibles marcas de pertenencia a la contemporaneidad: trabaja con citas, referencias a artistas, obras y problemas de la historia del arte. Deslumbra su capacidad para dominar el agua en la acuarela así como su pulso, que es tan exacto que no deja huella humana en el papel cortado del collage.
Su obra es precisa y preciosa.

Dos
Las nuevas pinturas que se presentan en esta exposición se llaman La bomba, La capilla, La escultura, Las voces, La mesa, Los círculos y Los libros. En los títulos no hay adjetivos calificativos ni verbos expresando temporalidad: está vez no hay pasado, tampoco futuro.
La estructura gramatical mínima indica puro presente. Paradójicamente la omisión del tiempo verbal subraya la idea de que las pinturas son.
Son la bomba, las voces, es la capilla, la escultura y la mesa. Cuando me refiero a que las pinturas son, no hago alusión a un juego tautológico, sino a que no hay nada detrás de eso que vemos, nada para recomponer más allá de la pura apariencia. No hay interpretación, ni alegoría, ni paráfrasis significantes, porque Amadeo Azar representa mesas y libros, como también podría pintar un perro o una sirena. Las referencias ya no pertenecen a un horizonte histórico ni estético determinado, la coherencia del sistema de referencias se ha derrumbado. A diferencia de todo lo anterior, no interesa la procedencia de las imágenes, ni el tema, tampoco importa la belleza. Estas obras ya no son necesariamente preciosas ni precisas. Nuevamente digo: estas obras son.
Pintadas sobre recortes de tela descartados, las pinceladas cortas y rítmicas se presentan como fuerzas de choque que se expanden en una superficie de colores apagados. Estas obras son el efecto de una honesta necesidad de pintar, de convivir con los caprichos (la decisión de querer pintar cualquier cosa o exponer a las obras de manera vertical a pesar de tener un formato apaisado) y, por qué no, de lidiar con cierta burocracia artística que demanda un tipo determinado de obra.
La mutación de intereses y procedimientos que se observan en estas piezas obedece a un ejercicio de experimentación personal del artista. La plataforma, Los círculos y El aeropuerto son obras que expresan un modo de autoafirmación y de libertad individual.
Inauguran una nueva etapa, donde Azar se desprende de algunas operaciones conceptuales características de la práctica artística contemporánea y de la domesticación de cierta pintura actual. Su muestra Más tarde, más extraño es como un trance, un sueño liberador, un exorcismo.

Lara Marmor, octubre 2017


Inauguración: Sábado 28 de Octubre de 2017 a las 18 hs. en Galería Nora Fisch (Avenida Córdoba 5222 - CABA) @Nora_Fisch

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