INTERVENCIONISMOS #5: " "Aparato represivo en acción: de la subversión al populismo" performance de Diego Melero en Hiedra

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Nuestra relación con los espacios y territorios que circulamos, nos lleva a nuevas formas de construcción/confrontación con imágenes del cuerpo pero no sin el cuerpo de la imagen. Imaginario que modela y habita un cuerpo vivo. El cuerpo performático semeja las imágenes de la pintura “Los antropólogos” de Giorgio de Chirico. Donde ambas figuras sostienen en su regazo una multitud de fragmentos arqueológicos. Historia, épocas, acontecimientos, sufrimientos. Si bien se trata de estatuas de mármol, el torso, los brazos y sobre todo las manos son de carne, están vivas. Lo vivo del cuerpo contorsiona, mueve, detiene, oprime, expresa la ajenidad del cuerpo mismo en el despliegue intervenido. El cuerpo soporta exilios que perturban y polemizan el instante performático.



En esta 5° fecha de INTERVENCIONISMOS se presentará "Aparato represivo en acción: de la subversión al populismo" una perfomance de Diego Melero el Sábado 30 de Septiembre a las 20 hs en (experiencia) HIEDRA (Guevara 202 - CABA)

Miguel Deschamps desciende de emigrados franceses llegados a la pampa bonaerense a mediados de los años mil ochocientos setenta, provenientes de un pueblo en el oeste de la Occitania. Algunos de los antepasados de Miguel se instalaron en París en tiempos de la Asamblea Nacional de la Revolución francesa en 1791, habiendo participado sus descendencias de todos los acontecimientos revolucionarios, llegando a verse comprometidos por la represión y persecución a la Comuna de París en 1871. Instalados en la pequeña localidad de Espartillar en el partido de Saavedra -sudoeste de la provincia de Buenos Aires, los occitanos Deschamps retoman su oficio de hacer chacinados y consiguen poner una carnicería que se volvería referencia de la zona, a la que iban a proveerse desde la cercana Pigüé, muchos compatriotas instalados allí. Los Deschamps recién llegados eran cinco, los padres con sus tres hijos, en pocos años se multiplicaron y de tres pasaron a ser nueve hermanos. El menor de ellos Philippe, será el padre de seis hijos, siendo el cuarto Eric, luego papá de Jean Louis que casado con una genovesa rompe el círculo de vínculos entre oriundos franceses. Jean Louis es el progenitor de Miguel. Hasta aquí todos trabajaron alrededor de la carnicería y de la crianza de ganado. Miguel decide luego de terminar sus estudios a principios de los setenta emigrar a Buenos Aires para estudiar el profesorado de educación física en el Instituto Nacional. Alumno aplicado, empieza a conocer los rudimentos de la militancia estudiantil del nivel terciario y universitario, si bien no se comprometió con ninguna de las tendencias revolucionarias, hace amistad con un grupo de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), así como con militantes de la Juventud Guevarista. Del entusiasmo por la posible llegada de la revolución socialista-nacional, Miguel como observador participante de los acontecimientos (nunca perdió en sus genes cierta vocación anarquista-federalista-mutualista-proudhoniana -que fue parte de una facción de los comuneros franceses), ve anunciada la catástrofe desde la aparición de grupos de extrema derecha y paramilitares que respondían a las Tres A (Alianza Anticomunista Argentina) asesinando compañeros, hasta la llegada de la dictadura militar con las desapariciones forzadas de personas. Miguel es investigado e interrogado en alguna ocasión, pero no pasa de ésa situación, pues su participación no había pasado de asambleas y de manifestaciones multipartidarias.
Con la vuelta de la democracia en 1983, simpatiza con el alfonsinismo, y luego del derrumbe en 2001, se produce en Miguel un giro en su manera de ver la historia nacional, el presente conflicto social y la lucha entre las clases con más claridad que nunca antes. Cumplidos los sesenta y cinco años, reconoce el inevitable enfrentamiento soterrado durante décadas del lugar de la política. Sale a la calle, para apoyar lo que considera conquistas de derechos sin perder al mismo tiempo su conciencia crítica libertaria. Acusado de "Populista" -y de incentivar su lógica política-, que le endilgan algunos colegas, vecinos, amigos, viejos conocidos de su pueblo natal, que absorbidos por los grandes medios corporativos de comunicación del capitalismo avanzado neoconservador, por los asesores inescrupulosos hacedores del nuevo marketing productor de candidatos funcionales al vaciamiento de la política, y ante la amenaza de activar el aparato represivo contra el pueblo, Miguel se propone ser un granito de arena en la reconstrucción de una forma progresiva, abierta al ciudadano que le permita oponer su resistencia a todo intento de vuelta a la aniquilación de un enemigo llamado "subversivo" o ahora "populista".

La etiqueta "subversión" y de "ser parte de la subversión" en los años setenta eran dos andariveles que circulaban paralelos, a veces se tocaban y otras se mezclaban. El aparato represivo cubría ambos circuitos: el ideológico y el de militarización de las organizaciones guerrilleras. Ya los paramilitares anticomunistas amenazaban, perseguían y asesinaban a profesores universitarios, legisladores, gremialistas, escritores, intelectuales, docentes, por el sólo hecho de estar sospechados de "izquierdistas". Luego la dictadura militar consolida una forma de reprimir y hacer desaparecer a ciudadanos integrantes de la guerrilla militar, o con algún grado de compromiso con los derechos humanos, laborales, estudiantiles, etc.
El "populismo", es un término amplio y ambiguo para forzar a categorizar a una forma de sistema político e ideológico -opuesto al neoliberalismo- cubriendo una diversidad de gobiernos democráticos plebiscitarios con sus diversos grados de hegemonía, o ya sea, de tipo autoritario a dictatorial, como una amenaza a los valores de una verdadera democracia institucional amparada por el capitalismo neo liberal y las corporaciones multimediáticas de comunicación. Para el aparato represivo actual en acción -y para los medios de comunicación imperantes, el foco a combatir es todo aquello que represente alguna idea (aún siendo moderna) pero con aroma popular, local o nacional que no encuadre con el perfil marketinero de un ciudadano vacío de sentido, formalizado a partir de la destrucción de los contenidos ordenadores de los que fueron portantes, en otro tiempo, por los partidos polìticos ya desaparecidos.
La protesta social en sentido amplio, las ocupaciones y marchas por despidos en la industria, la participación ciudadana en el reclamo de diversas demandas en la vía pública, son los emblemas reconocibles por el nuevo sujeto represor. Son a los que hay que perseguir, eliminar en los años que corren del siglo XXI.

Diego Melero, 19 de setiembre, 2017.


Ciclo de performances y dramaturgias contemporáneas curado por Augusto Zaquetti.

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