Punto de arribo asignado hacia beldad irrefrenable. Nociones de militarización y opulencia en performance

Do It . Artistas varios en 220 Cultura Contemporánea desde el lunes 18 de septiembre de 2017 hasta el domingo 29 de octubre de 2017.

Acerca de la instrucción “Spirit Cooking” de Marina Abramovic para Do it interpetada por Cuqui

La primera dificultad a la que tuvo que enfrentarse Cuqui luego de analizar las directrices de Marina Abramovic, es la estupefacción: acostumbrada a seguir premisas psicomágicas de Alejandro Jodorowsky, de pronto estaba de pie ante instrucciones que de modo evidente no eran sanadoras sino magia de “ocurrencias”. En 1996, cuando fue creado “Spirit cooking” para acciones, tal vez haya sido osado, anti-stablishment, pero no 21 años después, debido al envejecimiento prematuro que provocan las redes sociales.

¿Qué diferencia habría, como “desafío”, entre beber leche de señora que amamanta más semen y el obeso Preston Lacy de Jackass 3 (Jeff Tremaine, 2010), envuelto en plástico mientras hace ejercicio y recolecta su propia transpiración para luego beberla? ¿Cuqui cual Divine comiendo deposición fresca de perro?



La mezcla de leche de señora que amamanta más semen, parece un inconveniente neurótico de la propia Abramovic en relación al sexo/maternidad con anclaje de prohibición en distintas religiones. Para Cuqui es nauseabundo ingerir leche de madre, una por su propia neurosis y otra porque tendría que solicitar esa leche a alguna de sus amigas/ madres gerontes que tuvieron su primer y único hijo entre los 38 y 41 años. La singularidad guiñante, sin embargo, es que rememoró a las mujeres de su árbol genealógico porque han tenido leche en sus mamas y semen en sus vaginas al mismo tiempo, ya que casi todas fueron madres y esposas. Una tatarabuela suya, Candelaria, tuvo 24 hijos: ella no hubiera tenido que hacer mucho esfuerzo para seguir la premisa de Abramovic.

Tanto en esta acción como en la de comer nueve ajíes de cara a la pared, prevalece el acto de performance como sinónimo de sufrimiento corporal. Sadismo sin el componente erótico. Lamentablemente, las películas estadounidenses revelan de forma asidua los desafíos de fraternidades, etcétera, donde la gracia suprema es beber alcohol hasta vomitar e intentar que se borren la mayor cantidad posible de recuerdos, son el colmo de una persona insegura sometiéndose para ser aceptada. ¿Por qué Cuqui debería acatar indicaciones sin replantéarselas? Ella nunca pudo entender el concepto “obediencia debida”, ¿hacer algo sólo porque “un superior” lo indica?
Por otro lado, para ella limpiar el polvo de rodillas con su aire (sobre un almohadón, el mismo que usa para posturas genuflexas de yoga), soplando, le parecía una idea simpática, de hecho la materializó con su cuerpo recordando también a las mujeres de su clan que tenían que limpiar con menos comodidades que ella. Pero inhalar el polvo como aspiradora, no. Otra vez la impostura del performer sufriente. ¿Por qué llevaría basura a sus pulmones? Asimismo, lavó sus sábanas con jugo de limón o, mejor dicho, limonada, y una vez tendida la cama, cubrió la almohada con hojitas de salvia. En esta ocasión se presentó en su memoria una bisabuela, Gilda Perco, italiana, que emigró en entreguerras a Argentina con su marido y sus hijos y tuvo que trabajar como lavandera. Cuqui no sabía ese detalle hasta pasados los 30 años, entonces comprendió por qué siempre había lavado la ropa a mano, incluidas las sábanas y toallas teniendo lavarropas (lo usa como mesada). Esta acción resultó psicomágica, no solo por esa conexión transgeneracional sino también como protectora de su descanso.

¿De qué le serviría a Cuqui tomar un cuchillo, lastimarse un dedo y consumir el dolor? Dentro de las teorías del sufrimiento, percibir el dolor físico no sirve al inconsciente para que deje de sentir dolor psíquico-emocional, por lo tanto no habría reparación/sanación; eso es visible en los intentos de suicidio y suicidios, donde las personas se hieren físicamente hasta equiparar lo que sienten con el dolor psíquico-emocional. En cuanto a la instrucción de comer sus propios celos hervidos con hojas de repollo verde, podría considerársela como un acto de psicomagia de contraveneno. Sin embargo, poner “13.000 gramos de celos” en una olla es abstracto, demasiado imaginativo; en psicomagia se usan símbolos más objetuales. Cuqui pensó en poner una arveja por mujer que le hubiera generado celos hasta llegar a trece, en relación a un hombre específico, pero esa no era la indicación de Abramovic. ¿Rociar con su orina de la mañana las pesadillas de la noche? De nuevo, Cuqui no creyó que esa excreción líquida fuera a ser de ayuda para aliviar un mal sueño, más que nada porque en la composición misma de la orina durante la noche estaría impresa la propia pesadilla, sería como revivirla. Si se ha tenido una, lo mejor es que una mamá consuele, por lo tanto habría que poner a hervir un litro de leche entera y esa sí, echarla en la cabeza estando tibia. Pero, como en el caso anterior, esa no era la indicación de Abramovic.

A pesar de todo esto, Cuqui ha sentido cordialidad por Abramovic gracias al encanto de Lady Gaga mostrando su método en un video, que le generó deseos de crear el Método Cuqui. Fuera de ese dato pintoresco, vale mencionar que posiblemente Cuqui no comprendió a Abramovic, donde es claro que con su método (las instrucciones pueden leerse dentro de esa fantasmagoría atípica) explora los límites del cuerpo y del dolor para una experiencia espiritual/sagrada y no terapéutica. De modo evidente hubo una confusión entre psicomagia, el Método Abramovic y la estupidez más vulgar.

220 Cultura Contemporánea (Costanera esq. Mendoza - Córdoba)

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