Fuerza temporal

Hace apenas algunas horas, en el Centro de Artes de la UNSAM, Jorgelina Mongan exploró junto con un conjunto de performers, a la manera de laboratoristas, ciertos procesos del cuerpo, del espacio, una investigación en proceso en torno a la materia provocada por el tiempo.
Lo cual me da a pensar: ¿Cuánto debe pasar entre la obra y su reseña? ¿qué ocurre desde que concluye la acción hasta que comienza la escritura? ¿Cuáles son las formas, energías o materias que perduran y se transforman en memoria del acontecimiento, de ese presente continuo que ya no es pero que será a través de palabras, como arqueologías del futuro?



Mongan recurre al cablecanal, un objeto cotidiano resignificado en posibles usos e interacciones físicas; el cablecanal como excusa, como herramienta, como disparo inicial y meta, abanico que se abre desplegando acciones y fricciones.
Casi sin intención de asfixiar los sentidos, la búsqueda orbita en forma de movimientos progresivos o regresivos, una gramática básica no repetitiva que favorece a la sinapsis en forma de preguntas:

¿Cómo se construye el vínculo entre cuerpo y materia? ¿Existe una dimensión donde el movimiento es sólo energía? ¿Qué universo de imágenes resulta de vaciar de los cuerpos en acción la idea de danza? ¿puede el sonido ser a la vez disparador y destino?

Quizás, desde la superficie, estos interrogantes supongan una necesidad de respuesta, pero en lo profundo, puedan servir para intentar desplegar una suerte de poética, casi como si de abrir una de las páginas del IChing se tratase, y un hexagrama colectivo de cuerpos en una secuencia de movimientos articulara un racimo de cablecanales y sensores desplegados en el espacio.



I.
De qué lado caen, del blanco o el de color, ubicadas meticulosamente las varillas en geometría, diseñan en el suelo un esquema azaroso pero preciso.
El control de un cuerpo, como en el juego del Go, se pierde cuando aparece otro.

II.
La dualidad siempre es una forma de fricción.
La ruptura del esquema.
Una fuerza que se opone, contrapesa, quebranta, astilla, sobrepasa, desborda aquella única presencia.

III.
Cuando tu campo se encuentre rodeado, no habrá más acción posible que la colectiva. Cada cuerpo gravitará inevitablemente sobre las otras presencias; será difícil discernir quién mueve a quién, si los cuerpos a la materia o viceversa.

IV.
Los restos de la materia provocada por el cuerpo guardan su energía. Cada cosa desechada es residuo de acción. Un espacio atravesado por la fuerza colectiva vibra. Ante la ausencia del cuerpo, lo único que nos queda es la memoria.

Mongan explora, deconstruyendo espacios y formas, pero lejos de proponer una nueva clasificación taxonómica, otro orden de las cosas, mantiene el suspenso, sin definir, oxigena; carga de ozono la atmósfera, con esa fuerza temporal que atraviesa el límite de las cosas y las deja latiendo ante una audiencia enrarecida.



Arqueologías del Futuro se realizó del 27 de Agosto al 8 de Septiembre de 2017 en Ciudad de Buenos Aires - CABA

por German Paley, 9 de Septiembre de 2017
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